Columna
Matices: encampañados
Nos cuentan que la falta de coordinación y el pésimo ambiente laboral que hay dentro de las oficinas de Comunicación Social de Gobierno del Estado va en aumento.
El organigrama de esa área abarca (informalmente) a la Secretaría General de Gobierno y a la Coordinación de Gabinete, cuyos titulares, Alfredo Álvarez y Ricardo Serrano Burgos son quienes deciden qué se hace en comunicación.

“Hay muchas banderas rojas; existe de entrada una desconexión interna del director Jesús López Romandía y sus colaboradores de comunicación. Sumado a las ocurrencias de “Richie” el coordinador de gabinete de la Gobernadora, que ahora interviene porque anda encampañado y se cree “prole” porque de vez en cuando se pone unas botas y sale a las colonias a tomarse fotos”, comenta una fuente.
Estos personajes por la espalda se echan las culpas entre ellos, ante las constantes pifias, nos comentan. A la gente de comunicación la tienen trabajando par la campaña de Alfredo Álvarez -misión harto complicada ante la poca simpatía y carisma del funcionario-.
Varios voceros de secretarios del gabinete han expresado que el cambio de titular de Comunicación fue muy drástico, pues de la dictadura del binomio Néstor Cruz/Ariel Lizárraga, donde no podían ni respirar, pasaron a hacer lo que quisiera cada quien.
“Richi quiere brillar, pero no sabe lo que está haciendo”, nos dicen. Mientras tanto ven como crece la crisis de imagen de la gobernadora gracias en parte a los pleitos internos y la falta de liderazgo de López Romandía y los modos de sus dos más cercanas colaboradoras, con quien pocos quieren tratar.
“Les gusta minimizar los problemas mediáticos y quejas de reporteros que llegan a los grupos de monitoreo de riesgos, donde hay expresiones como que si es un medio pequeño no importa, pero una vez que crece la bola de nieve salen a decirle a la gobernadora que es culpa de otras personas”, precisa la fuente.
Ricardo Serrano Burgos da las ordenes en cuanto a comunicación social, pero eso no ha mejorado las cosas, pues tampoco tiene idea de lo que está haciendo.
Un tercero en discordia es Alfredo Álvarez, porque tiene trabajando a los pocos elementos de comunicación social de la Secretaría General de Gobierno en su campaña de precandidato, los pone a hacer diseños de sus fotos, a manejarle las redes sociales como si anduviera en campaña y junto a Ricardo, la estrategia prioritaria no es darle vista a las campañas de Marina del Pilar, sino a los eventos donde ellos dos aparezcan, nos refieren.

“Los titulares de comunicación de las secretarías ya no quieren tratar con el equipo de Jesús, porque son culpados de todos los errores de estrategia o descuidos que comete él. El caso más reciente, Seguridad Ciudadana, donde culparon de la mala estrategia al anterior responsable de comunicación, pero no mencionaron que Jesús nunca le dio una ruta de trabajo conjunto porque simplemente no le interesaba visibilizar los temas de seguridad pues no eran positivos”, dice la fuente.

En otro tema, Resulta que no solo Ruiz Uribe tiene su nombre en espectaculares, a propósito del primer informe de actividades como legislador federal, Armando Fernández Samaniego, también tiene tres en Mexicali.
Cuestionado al respecto, comentó que contrató los espectaculares por un mes durante el periodo de su informe, y que solo le faltan 497 para parecerse a Ruiz Uribe.
Finalmente, un llamado de atención a las autoridades de la Secretaría de Seguridad Ciudadana de Baja California (SSCBC), pues el teniente coronel Jorge Enrique Medina de Jesús, coordinador General Operativo, ordenó a sus subalternos a reportar las páginas de los periodistas Jorge Heras y Eduardo Villa.
Esto es muy grave, pues existe evidencia de la censura que se ejerció desde el poder.

Esta estrategia de reportar las páginas de medios y/o periodistas para que las plataformas consideren bajarlas y así se invisibilice -aunque sea de manera temporal, aquella nota causante de la furia de algún señalado-, no es nueva y nos la han aplicado a muchos, pero esta vez existen pruebas que identifican al autor de dicha orden, un funcionario estatal.
El titular de la secretaría y jefe del presunto censor, Laureano Carrillo, dijo desconocer el tema y reiteró su respeto a la prensa, pero lo que debería hacer es dar de baja a su subordinado, a quien no le gustó la difusión de la nota sobre el operativo en dos casas en fraccionamientos de Mexicali sin órdenes de cateo.
Columna
Algo cada día: ¿y si Estados Unidos decide hacerlo?
COLUMNA INVITADA/Por Fernando Ruiz del Castillo
Algo comenzó a cambiar en Baja California. Partidos de oposición, organizaciones sociales, colectivos y ciudadanos empezaron a perderle el miedo a decir en voz alta lo que hasta hace poco muchos preferían murmurar: que la gobernadora Marina del Pilar Ávila debe rendir cuentas y que, si existen elementos suficientes, se investigue incluso la posibilidad de un juicio político.No es un golpe de Estado.
No es conspiración. No es “campaña negra”. Es política. Y en democracia, la oposición tiene exactamente esa función: oponerse, cuestionar, investigar y exigir cuentas al gobierno.
El problema es que el camino institucional parece diseñado para que nadie llegue demasiado lejos. El juicio político contra un gobernador por determinadas causas corresponde al ámbito federal y, tratándose de violaciones graves a la Constitución o leyes federales, la resolución de la Cámara de Diputados tiene carácter declarativo para que la legislatura local actúe conforme a sus atribuciones. Y ahí aparece la realidad política.
Morena y sus aliados tienen mayoría. Por eso, salvo que desde Palacio Nacional exista voluntad política para abrirle la puerta a una investigación de fondo, las posibilidades de que el Congreso local se convierta espontáneamente en verdugo de una gobernadora morenista parecen, cuando menos, remotas.
Pero hay un pequeño detalle que quizá nadie está considerando suficientemente: que el Gobierno de México decida no actuar no significa que nadie más vaya a hacerlo.
Estados Unidos ya cambió el juego. En abril, el Departamento de Justicia acusó al gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, y a nueve funcionarios actuales y anteriores de delitos relacionados con narcotráfico y armas. Y en junio, “Los Angeles Times” reportó que Washington investigaba a otros gobernadores mexicanos por presuntos vínculos con organizaciones criminales.
Es decir, el vecino dejó de mirar solamente a los capos. Ahora también mira hacia los palacios de gobierno. Y mientras tanto, en México seguimos discutiendo si una visa es una visa, si una visa cancelada es una visa revocada y si un audio significa exactamente lo que se escucha en él.
Los audios atribuidos a Marina del Pilar, difundidos por Héctor de Mauleón, hablan de contactos con el DHS y el FBI y de reuniones para abordar el caso que enfrenta ante autoridades estadounidenses. Que esos audios prueben un delito es otra historia. Pero que ameriten explicaciones serias, verificables y transparentes, eso nadie debería discutirlo.
Porque hay algo que empieza a resultar incómodo: ¿qué pasa si México no investiga y Estados Unidos sí? La pregunta ya no parece tan descabellada. Washington ha demostrado que puede investigar, sancionar, retirar visas, presentar acusaciones y perseguir judicialmente a mexicanos fuera de territorio nacional cuando considera que tiene jurisdicción y evidencia suficiente.
En enero, incluso trasladó a Estados Unidos a 37 fugitivos mexicanos buscados por delitos graves, entre ellos narcotráfico, lavado de dinero y tráfico de armas. Y la propia Presidenta Sheinbaum ha reconocido que existe un diferendo importante en materia de extradiciones: México asegura haber solicitado 269 extradiciones a Estados Unidos desde 2018 hasta mayo de 2026, sin que ninguna haya sido concretada.
La pregunta es si esa reciprocidad podría algún día convertirse en otra cosa. Porque si en México las instituciones políticas no quieren, no pueden o no se atreven a tocar a determinados personajes, puede llegar el momento en que Washington decida tocar la puerta. Y no precisamente para saludar. ¿Gobernadores? ¿Senadores? ¿Diputados? ¿Alcaldes? ¿Funcionarios?¿Exfuncionarios? No lo sabemos.
Y sería irresponsable afirmar que Estados Unidos prepara una operación para “extraer” políticos mexicanos. No existe, al menos públicamente, evidencia que permita sostener semejante escenario. Pero también sería ingenuo ignorar que Washington está elevando el nivel de presión sobre funcionarios mexicanos presuntamente relacionados con organizaciones criminales. Ese es el verdadero asunto.
Porque una cosa es que un gobierno mexicano investigue a sus propios funcionarios.Y otra, bastante más humillante, es que tenga que hacerlo el vecino. Entonces sí tendríamos un problema monumental. No solamente para Marina del Pilar. Para Morena.Para la Presidenta. Y para México.
Porque si la famosa transformación presume que nadie está por encima de la ley, llegó el momento de demostrarlo. Aquí no se trata de condenar a nadie por rumores, audios o acusaciones. Se trata de investigar. De transparentar. De esclarecer. Y, si no hay nada, cerrar el expediente con pruebas.
Porque si hay algo peor que tener funcionarios bajo sospecha, es tener instituciones que parezcan demasiado ocupadas protegiéndolos. Y entonces la pregunta que hoy incomoda en Baja California podría terminar siendo mucho más grande: ¿Y si Estados Unidos decide hacerlo? Porque cuando el Estado mexicano no quiere abrir la puerta de la justicia, siempre existe el riesgo de que alguien del otro lado decida entrar por ella.
Para los santos que son
Hay renuncias que dejan un hueco en el gobierno. Y hay otras que apenas dejan espacio para colocar el escritorio del siguiente funcionario. La gobernadora Marina del Pilar Ávila anunció esta semana que cuatro integrantes de su gabinete —Belinda Elizabeth Rodríguez, José Adrián Medina Amarillas, Jesús García Castro y Alejandro Arregui Ibarra— le comunicaron su intención de abandonar sus cargos para buscar una candidatura en 2027.
Hasta ahí, todo legal. Incluso normal. Lo que resulta menos normal es la expectativa que parece acompañar a algunos de ellos: que basta con haber ocupado una silla en el gobierno para que automáticamente el ciudadano deba entregarles otra, pero ahora mediante el voto.
Porque una pregunta elemental se impone: ¿Qué hicieron desde el gobierno que justifique pedir ahora el voto? No qué puesto ocuparon. No cuántas fotografías se tomaron con la gobernadora. No cuántos boletines publicaron. No cuántas veces aparecieron en una mañanera.
Resultados.Eso es lo que deberían llevar consigo cuando salgan a pedir el voto. Y aquí está el detalle: algunos de estos aspirantes han recorrido ya buena parte del camino político. Alejandro Arregui, por ejemplo, fue diputado local por el PRI y hoy forma parte del gabinete morenista como secretario del Trabajo. Una carrera política larga, sin duda. Pero carrera política no necesariamente significa carrera de resultados. Y eso vale para todos.
Porque si la explicación para buscar una candidatura es que Morena sigue arriba en las encuestas, entonces estamos frente a una confesión involuntaria: No necesariamente están confiando en sus propios méritos; están confiando en la marca.
El problema es que las marcas también se desgastan. Morena conserva una ventaja importante en diversas mediciones rumbo a 2027, pero existe un porcentaje considerable de ciudadanos que todavía no decide su voto.
En Ensenada, por ejemplo, una medición de junio ubicó a Morena con 42.2%, pero 20.4% respondió que aún no sabía por quién votaría. Otras colocan a Julieta Ramírez como 36% de intención de voto, con 32% de indecisos. Es decir: todavía hay mucho partido por jugar.Y aquí aparece el verdadero riesgo para Morena y, particularmente, para Marina del Pilar.
Que algunos de sus funcionarios crean que la candidatura es una extensión automática del cargo. Porque una cosa es administrar. Otra muy diferente es convencer. Y otra, todavía más difícil, es ganar.
La gobernadora tampoco atraviesa precisamente por el momento político más cómodo de su administración. Las controversias, los cuestionamientos y los audios que han circulado en torno a sus gestiones ante autoridades estadounidenses no desaparecen porque cuatro funcionarios decidan competir electoralmente. Al contrario. Cada candidato cargará, inevitablemente, con parte del equipaje político del gobierno que lo impulsó.
Y aquí es donde aparece aquella vieja expresión popular que parece escrita para esta ocasión: “Para los santos que son y los milagros que hacen”.
Porque si estos funcionarios son los grandes activos electorales del gobierno estatal, Morena debería empezar a preocuparse. No porque sean malos candidatos necesariamente. Sino porque hasta ahora cuesta trabajo encontrar en sus respectivas trayectorias ese milagro administrativo, político o social que explique por qué el ciudadano tendría que premiarlos con un nuevo cargo.
La política mexicana tiene una costumbre extraordinaria: convertir la permanencia en el poder en mérito suficiente para continuar en el poder. Como si ocupar un puesto fuera prueba de capacidad. Como si sobrevivir a una administración fuera un currículum. Como si cambiar de escritorio fuera una promoción automática.
Y no. El ciudadano debería preguntar algo mucho más sencillo: ¿Qué hicieron cuando tuvieron la oportunidad de hacerlo? Porque si la respuesta no alcanza para convencer, difícilmente alcanzará para ganar.
Y quizá esos cuatro aspirantes terminen descubriendo que el verdadero milagro que Morena necesita no es encontrar candidatos.
Es encontrar candidatos que no le resten. Porque para los santos que son y los milagros que hacen, puede ocurrir exactamente lo contrario: que en lugar de ayudar a cargar la cruz electoral de la causa morenista, terminen agregándole otra piedra a la pesada losa que ya carga la causa marinista.
Columna
Celulares y riesgos escolares en Baja California
Una regulación inteligente, territorial y acorde al PPIE y la Nueva Escuela Mexicana
COLUMNA INVITADA/Por Guillermo Rivera Millán
La propuesta de la presidenta Claudia Sheinbaum de escuchar a especialistas, madres y padres de familia, docentes y jóvenes para valorar una posible regulación del uso de celulares en los planteles de educación básica ha provocado un amplio debate. La titular del Poder Ejecutivo ha aclarado que no se pretende imponer una prohibición absoluta, sino generar conciencia sobre los efectos del uso excesivo de pantallas y plataformas digitales en el desarrollo de las infancias y adolescencias. Informó que cerca del 70% de las madres y los padres consultados respalda alguna forma de regulación y que, hacia finales de agosto, se presentará una propuesta nacional. La discusión es necesaria, pero exige precisión jurídica y técnica para evitar confusiones sobre el alcance de la consulta y las responsabilidades del Estado.
En Baja California, el debate adquiere una dimensión particular. El Programa de Protección Integral Escolar (PPIE) 2026–2027 es el instrumento estatal para identificar, clasificar y atender los riesgos que afectan el bienestar, la seguridad y el aprendizaje. Sin embargo, el uso de celulares y otros dispositivos electrónicos todavía requiere un tratamiento expreso como posible factor de riesgo digital, cognitivo, emocional y de convivencia. El dispositivo no es perjudicial por sí mismo; el riesgo depende de las condiciones de uso y de sus consecuencias: distracción durante las clases, afectaciones al aprendizaje y al descanso, uso compulsivo de plataformas, ciberacoso, grabaciones no autorizadas, exposición a contenidos nocivos o deterioro de las habilidades sociales. Incorporar estos supuestos al PPIE permitiría activar acciones de prevención, detección, registro, intervención y acompañamiento sin reducir la respuesta a una prohibición general.
La Nueva Escuela Mexicana exige una política contextualizada y sensible a la diversidad territorial. Baja California es un estado con realidades profundamente distintas: Mexicali enfrenta riesgos digitales intensivos; San Quintín vive dinámicas agrícolas y migrantes; San Felipe presenta condiciones costeras; Tijuana y Ensenada lidian con retos urbanos complejos. Incluso dentro de una misma ciudad existen colonias con niveles distintos de conectividad, violencia digital y exposición a redes sociales. Así como la revisión de mochilas no se aplica igual en todas las zonas, el celular tampoco. Una regulación nacional puede establecer principios y estándares mínimos, pero su implementación debe considerar las características de cada estado, municipio, plantel y comunidad escolar.
En Baja California, el celular también cumple una función de seguridad. Los hechos de violencia, las desapariciones, la movilidad fronteriza, los trayectos prolongados y las jornadas laborales que dificultan el acompañamiento permanente hacen que muchas familias lo consideren indispensable para mantener contacto con sus hijas e hijos. Esta realidad demuestra que no existe contradicción entre permitir que el alumnado porte un celular por razones de seguridad y limitar o regular su utilización durante las clases. El dispositivo puede permanecer apagado, en modo silencioso o bajo mecanismos adecuados de resguardo, salvo que exista una finalidad pedagógica, una necesidad médica o de accesibilidad, o una situación de emergencia.
Por ello, es fundamental distinguir entre regular y gestionar. La regulación establece límites, responsabilidades, excepciones y consecuencias. La gestión de riesgos permite identificar las circunstancias concretas de cada comunidad e intervenir de manera proporcional. No todo debe resolverse mediante prohibiciones generales ni mediante un decreto que pretenda normar individualmente teléfonos, tabletas, relojes inteligentes, audífonos, inteligencia artificial, y cada nuevo dispositivo que aparezca.
La falta de lineamientos explica, en parte, por qué el uso del celular proliferó desordenadamente en las aulas. Durante años, cada escuela y cada docente establecieron reglas propias, frecuentemente sin capacitación ni respaldo técnico. Aunque la respuesta institucional llega con retraso, no se trata de culpar a docentes, familias o estudiantes, sino de reconocer que el sistema educativo no les proporcionó oportunamente herramientas para gestionar una tecnología que transformó la convivencia escolar. Los Consejos de Participación Social deben ser el mecanismo formal para canalizar la consulta y construir acuerdos de implementación.
La responsabilidad tampoco corresponde exclusivamente a las escuelas. Estas deben gestionar lo que ocurre durante la jornada y dentro de las actividades bajo su supervisión; las familias deben establecer hábitos y límites fuera del plantel, y el Estado debe diseñar la política pública, emitir lineamientos, capacitar, dar presupuesto, supervisar y coordinar a las autoridades educativas, de salud, seguridad y protección de niñas, niños y adolescentes.
El precedente de la Suprema Corte sobre “Mochila Segura” también ofrece una advertencia: las medidas escolares que inciden en la privacidad o en las pertenencias del alumnado necesitan fundamento jurídico, una finalidad legítima y procedimientos proporcionales. Esto no impide regular el uso de celulares dentro del plantel, pero sí exige evitar inspecciones, retenciones o sanciones arbitrarias.
El celular puede ser un recurso educativo, una herramienta de seguridad y un factor de riesgo al mismo tiempo. Una política pública inteligente debe reconocer esas tres dimensiones y establecer medidas diferenciadas por edad, nivel educativo y contexto, así como excepciones pedagógicas, médicas, de accesibilidad y emergencia. Baja California tiene la oportunidad de fortalecer el PPIE incorporando expresamente los riesgos vinculados con los dispositivos móviles y construyendo una respuesta preventiva, territorial y acorde con la Nueva Escuela Mexicana.
*El autor es director general de De la Peña y Rivera, S.C. y fundador de Justicia que Transforma México, A.C.
Columna
Matices: La carta de apoyo a Macalpin
Entre algunos aspirantes registrados en el PAN causó molestia la carta de apoyo a la candidatura de Gustavo Macalpin, donde lo respaldan 150 panistas, la semana pasada.
Resulta curioso y contradictorio que por una parte el blanquiazul anuncie la “ciudadanización y democratización” de sus procesos de elección de candidatos con miras al 2027, y por otra haya esa “cargada” a la candidatura del comunicador.
Los panistas que quieren a Macalpin de candidato a la alcaldía de Mexicali están en su derecho de expresar sus simpatías, por supuesto, pero el partido tendrá que cuidar mucho las formas en el proceso interno, del que ya anunció el procedimiento, para no dejar dudas de su certeza y claridad.
Dicen que esa carta de apoyo fue a raíz de que Jaime Díaz se apuntó también -como si hubiera hecho un buen papel en su última administración-, pero veremos qué pasa. Ni que el exalcalde fuera una carta segura para el triunfo.
Por lo pronto, las críticas al exconductor del canal 66 por parte de quienes se han apuntado al proceso de selección interna se basan en que no ha ejercido nunca su profesión y por lo tanto carece de experiencia; desconoce la administración pública, ya que su paso por ella fue muy de refilón y no es significativa para conocer los entramados de la política en la función pública; otro tema es que era muy amigo de la gobernadora hasta que no le cumplió la candidatura prometida, así que sus críticas al gobierno son a raíz de esa separación; no están claros sus contratos de publicidad, pues al parecer se hicieron bajo una razón social de una empresa de Monterrey, lo que no habla muy bien de su concepto de transparencia; tampoco es muy buen compañero de trabajo ya que en el canal donde trabajaba no generaba simpatías por su gran ego, y despidió a su compañera en la radio sin previo aviso ni mayores explicaciones, por lo que ponen en duda que tenga las dotes de liderazgo y conciliación necesarias para el cargo.
En otro tema, el camaleón Arnoldo Douglas, les pedía a los trabajadores que él metió a la nómina de Cobach, el 50 por ciento no solo de su salario, sino también de sus bonos y de su aguinaldo, con el pretexto de que no era para él, sino para la gobernadora Marina del Pilar Avila Olmeda y para Netza Jáuregui.
Entre los afectados por esa instrucción estuvieron Edgardo Reina, Alfonso Uribe, Ricardo Camacho, Itzel del Real, Marcela Flores y Mario Montijo. Seguramente hay más, y más seguramente lo sigue haciendo ahora desde Cecyte. Sobre esto hay denuncias en el Órgano Interno de Control sobre hostigamiento y violencia laboral, pero nadie ha hecho nada para cuestionar las acciones del protegido de la gober.
Hay un audio de más de dos horas que me pasaron hace unos días, donde queda evidenciado que Douglas tiene un harem al que beneficia económicamente y que tienen que darle su moche. También favorece con movimientos ilegales de plazas a lideresas sociales.
Finalmente, comentar que Gobierno del Estado, a través de su Secretaría de las Mujeres, sigue violentando a sus trabajadoras al deberles 3 meses de sueldo a unas 50 profesionistas del área de Alerta de Género y otras tantas del programa Paibim.
Nos dicen que la titular, Rebecca Vega, anda encamcapañada en Ensenada y no ha firmado los contratos. A ver si el secretario del Trabajo, Alejandro Arregui puede revisar esta situación que ya se ha hecho costumbre en esta institución, pues no es la primera vez que las trabajadoras no reciben su salario a tiempo, como ya hemos publicado aquí.
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