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Estatal

Difieren audiencia de chofer de DiDi que privó de la vida a Paola

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Jorge Alberto Bustos, abogado defensor de Sergio Daniel “N” busca un juicio abreviado donde su representado aceptará su culpa en el caso del homicidio de Paola Andrea para obtener una reducción de condena.

El viernes 28 de marzo será la próxima audiencia, de caracter privado, donde se espera que reduzcan la pena a 81 años en prisión, en vez de 122.

Paola Andrea salió del bar “La Consentida” el 7 de julio de 2024. Desde ese lugar, ubicado en el bulevar Benito Juárez, pidió un DiDi a su casa en la colonia Independencia, y fue Sergio Daniel el chofer que respondió al llamado.

Con información del GPS del vehículo que rentaba Sergio para trabajar como chofer de plataforma, supieron que el joven pasó por la casa de Paola, pero siguió su camino hasta terminar en el fraccionamiento Oasis Campestre, zona donde fue localizado el cadaver de la joven cuatro días después.

*Foto: Periodismo Negro

Columna

Algo cada día: El séptimo año de Marina

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COLUMNA INVITADA/por Fernando Ruiz del Castillo

Aún divorciados legalmente, el nombre de Carlos Torres Torres estará ligado para siempre al de Marina del Pilar Ávila Olmeda. Para bien o para mal.

Y, a estas alturas, habría que ser demasiado ingenuo para pensar que es para lo primero. Porque si algo ha demostrado el escándalo que comenzó con el retiro de las visas estadounidenses a la entonces pareja presidencial de Baja California, es que el control de daños puede terminar siendo mucho más dañino que el incendio original.

Primero fue la visa. Después vino el divorcio. Luego el deslinde.

Y ahora aparecen empresas que, de acuerdo con el Departamento del Tesoro de Estados Unidos, forman parte de una red vinculada al crimen organizado y que, para mayor desgracia del gobierno estatal, no sólo hicieron negocios con dependencias públicas, sino que llegaron hasta terrenos particularmente delicados: seguridad, tecnología e inteligencia.

Ahí es donde la historia deja de ser solamente matrimonial. Y se convierte en un asunto de gobierno.

El 29 de septiembre, la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) sancionó a Carlos Torres y a su hermano Luis Alfonso, a quienes señaló como facilitadores políticos de una estructura vinculada al Cártel de Sinaloa. Carlos Torres rechazó las acusaciones y anunció que buscará aclararlas ante las autoridades correspondientes.

Hasta ahí, Marina puede decir, con toda razón jurídica, que las acusaciones contra su exesposo corresponden a él y que deberá responder personalmente por ellas. El problema empieza cuando aparecen los contratos.

Porque una cosa es decir “no sé nada de los negocios de mi exmarido” y otra muy distinta descubrir que empresas señaladas por el gobierno estadounidense terminaron haciendo negocios con el gobierno que ella encabeza.

Y no estamos hablando precisamente de vender papelería para las oficinas. La empresa Inteliproof Efficient, relacionada por OFAC con Marco Antonio Moreno Gómez Santelices, recibió contratos de la Fiscalía General del Estado durante varios años. Investigaciones periodísticas documentaron contratos para equipo de cómputo, drones, uniformes, equipo táctico y, particularmente, tecnología de inteligencia y reconocimiento facial.

MCCI reportó contratos de la Fiscalía por más de 200 millones de pesos entre 2022 y 2025, mientras otras revisiones documentales identifican decenas de contratos por más de 73 millones en ese periodo.

Y todavía hay más. El propio gobierno de Marina del Pilar aparece entre las dependencias que contrataron a Inteliproof. Una revisión de registros de Compranet reportó seis contratos adjudicados directamente por la Oficialía Mayor en 2024, por poco más de 3 millones de pesos, para equipo de cómputo, almacenamiento digital, prendas de protección y refacciones. La gobernadora ya ordenó revisar esos contratos. Qué bueno.

Pero aquí surge una pregunta bastante menos cómoda: ¿Y antes quién los revisaba? Porque resulta que cuando Estados Unidos pone a una empresa en su lista negra, de pronto en Baja California descubrimos que hay que revisar expedientes, contratos, proveedores, antecedentes y relaciones.

Como si alguien hubiera prendido la luz. Y entonces todos descubrieran que había muebles en la sala. Lo más delicado, sin embargo, es que no se trata únicamente de contratos para uniformes o computadoras. Hay documentación pública de la propia Fiscalía que justifica mantener bajo reserva información relacionada con contratos de Inteliproof debido a que involucraba tecnologías y capacidades cuya revelación podía comprometer la seguridad pública.

Es decir, estamos hablando de herramientas relacionadas con una de las áreas más sensibles del Estado. Seguridad. Inteligencia. Tecnología.

Y entonces sí cabe preguntar, sin necesidad de gritos ni consignas: ¿quién revisó a los proveedores?, ¿quién autorizó los contratos?, ¿quién verificó sus antecedentes?, ¿quién supervisó qué información y qué capacidades tecnológicas estaban entrando a las instituciones encargadas de combatir al crimen?

Porque una cosa es que una empresa sea legalmente contratada y otra que años después aparezca señalada por una autoridad extranjera como parte de una red criminal. Eso, por supuesto, no convierte automáticamente cada contrato en un delito ni prueba por sí mismo que algún funcionario haya actuado de manera ilegal.

Pero sí obliga a explicar. Y a explicar muy bien.

Marina, mientras tanto, ha optado por la fórmula conocida: ya no defiende a Carlos Torres; simplemente dice que no estaba enterada de sus asuntos. El problema es que la política no se ejerce en una isla. Mucho menos cuando se trata de una pareja que durante años compartió vida personal, negocios, relaciones políticas y espacios de poder.

Y aquí es donde aparece la parte más incómoda de toda esta historia. La sociedad podrá aceptar que una esposa no conozca cada detalle de las actividades profesionales de su marido. Lo que resulta bastante más difícil de creer es que no sepa absolutamente nada cuando el marido participa en política, tiene relaciones con funcionarios, aparece en oficinas públicas, ocupa cargos honorarios, se relaciona con empresarios y forma parte del círculo cercano del poder.

Y todavía más difícil resulta pedirle a la sociedad que crea que nadie veía nada. Porque en Baja California hay demasiados ciudadanos que llevan años preguntándose lo mismo: ¿Quiénes son realmente los beneficiarios del poder? ¿Quiénes se enriquecieron? ¿Quiénes multiplicaron sus negocios? ¿Quiénes pasaron de empresarios conocidos a magnates?
¿Quiénes comenzaron a comprar propiedades, vehículos y negocios mientras ocupaban cargos públicos o se encontraban extraordinariamente cerca de quienes los ocupaban? Y, sobre todo, ¿quiénes consiguieron contratos?

Ésa es la pregunta que Marina del Pilar debería contestar antes de terminar su gobierno. No porque tenga que responder por los delitos que se atribuyan a terceros. Sino porque sí tiene que responder políticamente por un gobierno que lleva su nombre. Porque el poder también tiene responsabilidades indirectas. Y las facturas políticas llegan, aunque uno se haya divorciado. El divorcio podrá modificar el estado civil. No modifica la memoria.

Tampoco borra fotografías, relaciones, negocios, nombramientos, contratos ni decisiones tomadas durante los años en que dos personas caminaron juntas por los pasillos del poder.
Y ése es precisamente el problema de Marina.

Cada vez que intenta poner distancia con Carlos Torres, aparece un documento que vuelve a acercarlos. Cada vez que parece haber pasado la tormenta, aparece otra nube. Y cada vez que el gobierno intenta cerrar una crisis, termina abriendo una carpeta nueva. Quizá ha llegado el momento de que la gobernadora comprenda que el asunto ya no se resuelve con comunicados. Tampoco con divorcios. Mucho menos con el viejo recurso de “yo no sabía”.

Lo que necesita Baja California es una revisión real, pública y documentada de los contratos, proveedores y funcionarios involucrados. Y Marina necesita algo más. Necesita resolver de una vez por todas su situación personal, política y patrimonial con todo aquello que pueda seguir relacionándola con personas, empresas o intereses que hoy se encuentran bajo cuestionamiento nacional e internacional. Porque su gobierno tiene fecha de caducidad. Y ése debería ser el menor de sus problemas.

Un gobernante suele preocuparse mucho por el sexto año porque sabe que el poder se acaba. Pero quizá Marina debería recordar que el verdadero problema no siempre es el sexto año. Es el séptimo. El sexto termina el gobierno. El séptimo comienza cuando termina el poder. Cuando ya no están los escoltas. Cuando ya no suena el teléfono para preguntar quién quiere hablar con la gobernadora. Cuando los funcionarios dejan de contestar inmediatamente. Cuando los empresarios dejan de hacer antesala. Cuando los aliados empiezan a convertirse en testigos. Y cuando los agraviados dejan de tener miedo.

Ese día, las explicaciones ya no se dan desde Palacio de Gobierno. Se dan ante las autoridades. Y ante la historia.

Por eso, si Marina del Pilar quiere terminar lo mejor posible su carrera política, todavía está a tiempo de entender algo elemental: no basta con terminar el sexenio. Hay que salir de él sin dejar detrás una montaña de asuntos pendientes. Porque los contratos se pueden revisar.
Las empresas se pueden investigar. Los expedientes se pueden abrir. Las fortunas inexplicables pueden ser auditadas. Y los agravios, esos sí, tienen una memoria particularmente larga.

Carlos Torres podrá ser hoy su exesposo. Pero políticamente sigue siendo parte de su historia. Y esa historia, para desgracia de la gobernadora, parece tener todavía varios capítulos por escribir. El divorcio terminó el matrimonio. Lo que falta por verse es si también alcanzará para divorciar a Marina del Pilar de todas las sombras políticas que dejó aquella relación. Porque de eso, hasta ahora, parece que no hay acta que dé fe.

Por cierto, en eso de la revisión de los contratos y adjudicaciones, deberán poner mucha atención con las relaciones amistosas entre empresarios y funcionarios pues, no dude usted, que de pronto aparezcan nuevos negocios y nuevas facturas a favor de prestanombres. Ya se la saben.

Cicatrizar las heridas

Julieta Ramírez Padilla, nombrada coordinadora de quién sabe qué cosa en Baja California, parece haber entendido algo elemental de la política: después de una batalla siempre hay heridos y, tarde o temprano, hay que recogerlos. Y hace bien.

Porque, para bien de Morena —y también para su propia aspiración—, la principal batalla de Julieta no estará necesariamente afuera del partido, sino dentro de él. Ahí están los grupos que quedaron en el camino, los que tenían otros planes, otros candidatos y, seguramente, otras expectativas.

La buena noticia para ella es que esos heridos no quedaron tirados en el campo de batalla. Por el contrario. Muchos conservan el poder, el dinero, las posiciones y los espacios desde donde pueden ayudar a cicatrizar las heridas. Y si Julieta realmente pretende encabezar un proyecto que trascienda la coyuntura, tendrá que entender que la política no se hace únicamente con ganadores. También se construye con los que perdieron.

Hasta ahí, bien. El problema empieza cuando la propia Julieta parece empeñada en convertirse en su principal obstáculo. Porque una cosa es tener carácter y otra muy distinta confundirlo con arrogancia. Una cosa es defenderse y otra responder a cada crítica como si quien pregunta estuviera cometiendo un delito de lesa majestad.

Los gritos destemplados, los manotazos, las respuestas agresivas y ese tono de suficiencia con el que algunas veces enfrenta a sus interlocutores, sobre todo con los periodistas, pueden entusiasmar a los convencidos, pero difícilmente convencerán a quienes todavía no han decidido.

Y esos son, precisamente, los que debería estar buscando. Las encuestas advierten que alrededor de uno de cada cuatro bajacalifornianos en edad de votar permanece indeciso. Uno de cada cuatro.

No es un dato menor. Es, probablemente, el segmento electoral que terminará inclinando la balanza cuando llegue la hora de votar. Y a esos ciudadanos no se les convence a gritos. Mucho menos con soberbia.

Julieta necesita entender que ya no está hablando solamente para la militancia de Morena ni para quienes celebran cada una de sus intervenciones en redes sociales. Si quiere gobernar Baja California, tendrá que empezar a hablarle a Baja California.

A los que no militan en Morena. A los que desconfían de Morena. A los que votaron por Morena y hoy tienen dudas. A los que no saben todavía por quién votar y, sobre todo, a los que no están dispuestos a entregar un cheque en blanco a nadie.

La política también es comunicación. Y comunicar no significa hablar más fuerte.
Significa escuchar mejor. Julieta tiene tiempo para corregir. Puede reconciliar a los grupos, puede sumar a los que quedaron fuera y puede construir una candidatura competitiva.

Pero antes tendrá que cicatrizar algo más complicado: la percepción de que la soberbia ya le ganó terreno a la prudencia. Porque en política, como en las guerras, ganar una batalla no significa haber ganado la guerra.

Y a veces el enemigo más peligroso no está enfrente. Está en el espejo.

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Ensenada

Visitan panistas a Ruffo Appel

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Integrantes del Partido Acción Nacional (PAN) en Baja California, encabezados por su presidenta estatal Lizbeth Mata Lozano, sostuvieron un encuentro en este municipio con el exgobernador Ernesto Ruffo Appel, quien actualmente cumple la medida cautelar de prisión domiciliaria mientras se desarrolla su proceso penal.

Durante la reunión en el domicilio del exmandatario, los militantes dialogaron sobre la historia democrática y la libertad en la entidad. Ruffo Appel es una figura histórica para el panismo nacional al convertirse en el primer gobernador de oposición en la historia de México en 1989.

A través de sus redes sociales oficial, el PAN de Baja California manifestó: “Hoy compartimos un espacio con Ernesto Ruffo, hablando de democracia, libertad y de la historia que ha construido Baja California. Desde el Sistema PAN seguimos creyendo en el diálogo, en la participación y en la importancia de mantenernos cerca de quienes han sido parte de nuestra historia democrática”.

Por su parte, la dirigencia estatal del partido hizo un llamado público para que el caso legal del exgobernador se conduzca con estricto apego a la legalidad. Asimismo, cuestionaron el uso político de las instituciones y exigieron que se garantice el respeto a sus derechos humanos y el principio de debido proceso.

Al encuentro también asistieron figuras del legislativo federal como el senador José Máximo García y el diputado federal César Damián Retes, además de miembros de la estructura estatal y dirigentes de los Comités Directivos Municipales del PAN en el estado.

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Estatal

Apoyará Ramos campaña de Julieta; no aspira a la alcaldía de Tijuana

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El diputado con licencia Jorge Ramos afirmó que no busca la alcaldía de Tijuana y que sus planes se centran en regresar a la diputación para cumplir con su labor, al tiempo que colaborará con el proyecto de la coordinadora estatal Julieta Ramírez.

En declaraciones a medios, Ramos se mostró “muy satisfecho” por haber participado en el proceso en el que quedó en segundo lugar en el capítulo de los caballeros. “He tenido ya alrededor de tres reuniones con ella, con su equipo de trabajo, para cerrar filas. Hay que saber entender cuando las contiendas terminan y cuando es tiempo de unificarse”, señaló.

El también exalcalde de Tijuana indicó que ya tuvieron tiempo de expresar sus visiones y contactarse con la gente, y que ahora corresponde cerrar filas para que el movimiento siga respondiendo a la población. “Nos vamos a incorporar ahí para fortalecer aquí en la zona costa la presencia que ella y su proyecto tienen”, explicó.

Este encargo -coordinador de zona costa- coincidiría con la información de un documento filtrado a medios donde se le asignaría esa tarea, mientras que otro expanista -Óscar Vega Marín, actual síndico de Mexicali-, sería el enlace de la aspirante con el Valle de Mexicali.

Sobre este posible rol, aclaró que no existe aún una invitación formal ni un organigrama definido, aunque sí está invitado a apoyarla. “Ya me he reunido con su equipo cercano de colaboradores. Y ella, en su oportunidad, cuando lo considere pertinente, va a hacer los anuncios correspondientes. Pero les adelanto: vamos a trabajar muy fuerte para apoyarla, que salgan bien las cosas aquí en la ciudad de Tijuana particularmente”, dijo.

Ramos enfatizó que buscará que las demandas de los tijuanenses que escuchó durante su gira —pavimentación, agua, drenaje y seguridad— se reflejen en el proyecto de la coordinadora.

Respecto a la participación ciudadana en las próximas elecciones, en medio de señalamientos hacia Morena y algunos funcionarios, consideró que en Baja California habrá un nivel alto de participación. “Ya tenemos mucho tiempo teniendo procesos que, por más álgido que es el periodo de algún sexenio o trienio, la población siempre sale a elegir a sus gobernantes”, afirmó.

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