Columna
Matices: Las fosas, reflectores y silencios
El jueves 8 de enero se descubrió la primera fosa en el área de reforestación de Pro Natura, en el poblado Miguel Alemán del Valle de Mexicali. Hasta el viernes 23 se habían descubierto 9 fosas con 19 cuerpos, todos carbonizados y con cortes visibles con objeto contundente en cabeza y extremidades.
La Fiscalía General del Estado, que encabeza María Elena Andrade Ramírez, solo emitió un reporte con los restos y objetos encontrados en las dos primeras fosas, abiertas ese 8 de enero, a través del área de Comunicación, cuyo titular es José Manuel Yépiz. Desde entonces, silencio.
Tras ocho jornadas en el Miguel Alemán -y en todas he estado presente-, nunca hemos visto un Ministerio Público. Solo después de una reunión donde el equipo multidependencias que integra la Unidad de Búsqueda comentó que hacía falta que llegara el equipo de Servicios Periciales desde el inicio, así lo instruyeron. Solo un día acudieron dos unidades, el resto de las jornadas se trabaja con uno o dos elementos.
El primer día fue caótico. Ese jueves abrieron dos fosas. La llegada tarde de periciales, el frio intenso y mantener alejados a los coyotes hizo que pudieran descansar casi 22 horas después de haber salido de Mexicali. Desde entonces van una por una. No porque no haya ya una considerable cantidad de fosas sin abrir ya marcadas como positivas por los perros entrenados; sino por la enorme cantidad de trabajo que representa, y porque así se procesan muy detalladamente.
Inexplicablemente, el tema de este cementerio clandestino no ha escalado a nivel nacional. Aquí ni la gobernadora Marina del Pilar Avila Olmeda, ni la fiscal María Elena Andrade Ramírez, ni el secretario de Seguridad Ciudadana -y responsable estatal de la estrategia de seguridad- Laureano Carrillo, han hablado de las fosas.
Hemos ido varios reporteros al sitio porque es una noticia importante; porque este lugar superará con creces a la zona sur que arrojó 24 víctimas en 2023. Y los hay quienes sin ir cuando excavan, critican los procedimientos.
El equipo lo integran elementos de la Unidad de Búsqueda de la Dirección de Seguridad Pública Municipal; de la Fuerza Estatal de Seguridad Ciudadana; la unidad K9 de fiscalía, de la Comisión Local de Búsqueda, de la Agencia Estatal de Investigación y de Servicios Periciales.
En esas ocho jornadas he sido testigo de muchas cosas. De la dedicación y profesionalismo de quienes integran ese equipo, y de la comunicación y la confianza que han construido. Están ahí porque ese trabajo le da sentido a su vida, aun con todas las necesidades materiales, grillas y la falta de reconocimiento de sus superiores.
Qué fácil es para quienes descalifican su trabajo decir que se pudieran abrir más fosas los días de operativo. Si, se puede, pero no hay equipo humano suficiente para procesarlas. Abriendo una por día superan ya las horas de su turno de trabajo. Y hay que decirlo, es un trabajo extenuante.
Desgraciadamente los colectivos están divididos y a muchos les gusta el reflector y la descalificación. Cuando dejaron que un colectivo participara activamente en la excavación, éstos difundieron fotografías diciendo que ellos hacían el trabajo mientras las autoridades miraban. Nada más lejos de la realidad. Y cuidado si los medios no mencionamos los nombres de quienes acuden, porque acusan al equipo de invisibilizar a su colectivo.
Algunos colectivos critican que solo abran una fosa sin saber las condiciones en las que trabajan, el procedimiento que se sigue y las horas que esto requiere; y sin haber acudido nunca, fomentan una serie de acusaciones que apuntan a encubrimiento, a ilegalidad, a ineficiencia.
Este equipo tiene una experiencia de décadas que nadie puede igualar, por más apoyos y buenas intenciones que tengan quienes critican. Tan es así que elementos de diversas fuerzas de seguridad de Latinoamérica están interesados en sus cursos y capacitaciones. Hoy que están en la mira los malos elementos de las diferentes autoridades, aquí están los ejemplos de los buenos agentes; de quienes no cambiarían estas jornadas en el calor, en el frio, con la arena del desierto entre los dientes, esquivando coyotes, alacranes y espinas en las suelas de sus zapatos, por un trabajo de escritorio.

En otro tema, nos cuentan que Virginia Noriega ya está en precampaña y que se anda preparando para pedir una candidatura, por eso de repente se acordó que no tienen insumos ni medicamentos en los centros de salud.
Según trabajadores de salud, Vicky traicionó a Marina del Pilar y está haciendo leña del árbol caído, jalando reflectores para que la oposición le ofrezca algo para el 2027. “¿A poco creen que le interesa la salud? Si fue ella y el finado Joel Ayala fueron quienes vendieron la SSA al IMSS bienestar, el cual es un total fracaso”, nos dicen.
Expresan que hace unos días convocaron a todos los directores y subdirectores para convencerlos que de no faltaba nada. Y que los médicos empezaron a preguntar: ¿ya hay esto?, ¿ya hay lo otro? Y el IMSS Bienestar solo dijo que ya estaban en eso. Osea puro atole con el dedo.
A propósito del IMSS Bienestar y que nunca sale el doctor Miguel Bernardo Romero Flores, titular de ese organismo, me acabo de enterar que tienen titular de comunicación social (como si comunicaran mucho); es el exreportero de televisión Raymundo García. A ver si es cierto que comunicarán algo. Por ejemplo podrían empezar por explicar la situación laboral del ginecólogo acusado de negligencia médica, Juan Carlos Martínez Noriega, hijo de Virginia Noriega, y por qué enviaron un útero que no es de Vanesa Zavala, al Servicio Médico Forense.

Finalmente, en el caso de la nota que publicamos hace poco, sobre el comportamiento de Carlos Mario López Sauceda, responsable de los centros de internación de menores, quien tiene una forma de comportamiento inapropiada con los menores de edad, al hablarles con insinuaciones sexuales muy ofensivas, nos llegó el siguiente mensaje:
“Yo lo demandé en el 2018 y nunca hicieron nada. Me amedrentaron en asuntos internos. Sufrí de su acoso y sus tocamientos”. Hacemos un llamado a la gobernadora Marina del Pilar Avila Olmeda y al titular de la Comisión Estatal de Derechos Humanos, Jorge Alvaro Ochoa Orduño, para atender este caso.
Columna
Algo cada día: El teatro del absurdo
COLUMNA INVITADA/Por Fernando Ruiz del Castillo
La política mexicana vuelve a demostrar que, cuando está en problemas, prefiere montar un espectáculo antes que enfrentar la realidad. La detención del exgobernador Ernesto Ruffo Appel, acusado de delincuencia organizada y contrabando, parece menos un acto de justicia que un intento por desviar la atención de otro asunto mucho más delicado.
No hace falta buscar explicaciones complicadas sobre el momento en que ocurrió el arresto. Fue una decisión política mal ejecutada. En Palacio Nacional y entre sus aliados parece haber más preocupación por apagar el escándalo que rodea a la gobernadora Marina del Pilar Ávila que por castigar los presuntos delitos de un exgobernador. Si Ruffo cometió un delito, deberá responder ante los tribunales. Pero el verdadero problema para el gobierno está en otro lado.
Todo apunta a que la detención busca quitar reflectores a los audios filtrados donde, presuntamente, la gobernadora habla de obtener protección e inmunidad a cambio de colaborar con agencias extranjeras. Más allá de quiénes sean sus interlocutores, el asunto de fondo es muy serio. Si un gobernante ofrece información o favores a otro país para protegerse políticamente, el tema deja de ser un simple escándalo y entra en el terreno de la lealtad al Estado mexicano.
Pensar que la opinión pública olvidará ese tema porque detuvieron a un exgobernador de hace décadas es subestimar la inteligencia de los ciudadanos. La maquinaria oficial ha difundido ampliamente la noticia de Ruffo, pero el resultado parece ser el contrario: en lugar de apagar el incendio, ha provocado que más personas vuelvan a mirar hacia Baja California y a preguntarse qué está ocurriendo realmente.
Si el gobierno de Claudia Sheinbaum cree que la justicia puede aplicarse solo cuando conviene políticamente, está corriendo un riesgo muy grande. La vieja estrategia de crear un escándalo para ocultar otro cada vez funciona menos. Hoy la gente tiene más información, compara versiones y saca sus propias conclusiones.
Lo preocupante es que cada vez parece más claro que la Fiscalía actúa con criterios políticos y no únicamente jurídicos. Mientras tanto, los audios que involucran a la gobernadora siguen ahí. No desaparecen con conferencias de prensa ni con detenciones espectaculares.
Al final, el caso Ruffo podría recordarse no por sus implicaciones legales, sino como el intento de un gobierno por desviar la atención de un problema mucho más grave. La pregunta ya no es solamente qué hizo un exgobernador hace años, sino hasta dónde está dispuesto a llegar el poder para proteger a quienes hoy lo representan.
El laberinto del miedo
Si la detención de Ruffo fue una cortina de humo, lo realmente preocupante es preguntarse por qué el gobierno sintió la necesidad de lanzarla. La respuesta parece sencilla: miedo.
No da la impresión de que el oficialismo esté protegiendo a sus integrantes por lealtad o por principios. Lo hace porque teme que, si alguno se siente abandonado, termine colaborando con autoridades extranjeras para protegerse. Cuando eso ocurre, significa que dentro del propio gobierno la confianza empieza a romperse.
La administración de Claudia Sheinbaum enfrenta un problema que va más allá de la oposición. El verdadero riesgo parece estar dentro de su propio movimiento. Cuando un grupo político comienza a desconfiar de sus propios integrantes, las decisiones dejan de tomarse con serenidad y empiezan a responder al temor de perder el control.
En ese contexto, la Fiscalía General de la República del Bienestar da la impresión de actuar más como herramienta política que como una institución dedicada exclusivamente a impartir justicia. Al mismo tiempo, un Poder Judicial del Bienestar cuestionado y debilitado genera la percepción de que existen pocos contrapesos para frenar posibles abusos. Y quien termina pagando las consecuencias es el ciudadano común.
Por eso cada vez más personas depositan su esperanza en instituciones extranjeras. Es una señal muy preocupante para cualquier país. Cuando la gente confía más en autoridades de otro lugar que en las propias, significa que las instituciones nacionales han perdido buena parte de su credibilidad.
Todo indica que veremos más detenciones mediáticas, más conferencias y más intentos por cambiar la conversación pública. Pero esas estrategias difícilmente resolverán el problema de fondo. La confianza no se recupera con propaganda.
La historia demuestra que los gobiernos que actúan desde el miedo suelen cometer sus peores errores. Cuando el objetivo principal deja de ser gobernar y pasa a ser sobrevivir políticamente, las decisiones terminan agravando la crisis.
Hoy la verdadera pregunta no es si el oficialismo logrará contener el desgaste. La duda es cuánto daño institucional dejará antes de que esta crisis llegue a su desenlace.
Antes del desenlace
La decisión de la jueza de vincular a proceso a Ernesto Ruffo Appel y mantenerlo recluido en el penal del Altiplano cambió el tablero político, pero no necesariamente el fondo del problema. A partir de ahora, el gobierno federal puede afirmar que no fue solo la Fiscalía quien actuó, sino también un Poder Judicial que encontró elementos suficientes para continuar el proceso. En términos de comunicación política, Morena consiguió un respiro.
Pero un respiro no es una absolución política. La vinculación a proceso no equivale a una sentencia condenatoria. Significa, simplemente, que existen indicios para llevar el caso a juicio. La verdadera prueba vendrá cuando las evidencias sean sometidas al escrutinio de un tribunal. Ahí terminará la política y comenzará el derecho. O, al menos, eso debería ocurrir, aunque con los jueces del bienestar todo puede ocurrir.
El problema para el oficialismo es que la sospecha sobre el momento elegido para actuar, insisto, no desaparece. La detención ocurrió en plena tormenta provocada por los audios que involucran a la gobernadora Marina del Pilar Ávila. La resolución judicial fortalece la narrativa del gobierno, sí, pero no borra la percepción de que el caso también tuvo una utilidad política: cambiar la conversación pública.
Ahora Morena enfrenta un desafío mucho mayor. Si el expediente contra Ruffo es sólido y concluye con una sentencia sustentada en pruebas contundentes, el gobierno podrá presumir que nadie está por encima de la ley. Pero si el caso se desmorona por errores procesales, pruebas insuficientes o inconsistencias, la historia cambiará por completo. Lo que hoy parece un triunfo podría convertirse en el ejemplo más claro de justicia utilizada como herramienta política.
Y hay otro riesgo que el oficialismo no debería minimizar. Mientras despliega toda la fuerza del Estado contra un exgobernador panista, la opinión pública sigue esperando el mismo rigor frente a los señalamientos que pesan sobre funcionarios del propio movimiento. La justicia pierde credibilidad cuando parece tener calendario político y destinatarios selectivos.
Por eso el caso Ruffo dejó de ser solamente el juicio de un exgobernador. Se convirtió en el juicio de la propia Fiscalía, del nuevo Poder Judicial y del discurso presidencial que promete una justicia pareja para todos.
Al final, la pregunta ya no es si Ernesto Ruffo será declarado culpable o inocente. La verdadera incógnita es si el gobierno podrá demostrar que este proceso responde exclusivamente a la ley y no a la necesidad de sobrevivir a una de las peores crisis políticas que ha enfrentado desde que llegó al poder. Porque una sentencia puede cerrar un expediente, pero solo la imparcialidad puede cerrar la duda.
Columna
Matices: Simulaciones
La aprehensión del exgobernador Ernesto Ruffo Appel es la noticia de esta semana, tras la revelación de más audios de la gobernadora Marina del Pilar Avila Olmeda, más sensibles cada uno que el anterior.
Desde el momento en que acepta la autenticidad de las pláticas grabadas, la mandataria ya no tiene mucho márgen de acción. Solo queda tratar de explicar que lo que dijo, sí lo dijo, pero no como lo entendemos todos, sino en su muy particular punto de vista.

La idea de culpar al exgobernador morenista Jaime Bonilla hasta el tercer audio, desarma esa versión y quedan en evidencia varias cosas: tiene pésimos asesores o toma pésimas decisiones; es extremadamente ingenua o extremadamente mitómana; la estrategia de irse contra Ruffo habla de la gravedad de sus asuntos y la urgencia de acallarlo con algo tan grande, tan mediático y tan mal medido, que sin duda ya está viendo que le salió contraproducente. Si hubieran agarrado al mismo tiempo a los funcionarios y exfuncionarios morenistas involucrados en casos de huachicol, a lo mejor se la creíamos, pero resulta que el ensenadense fue el único afectado tras supuestas investigaciones.

En otro tema, sigue la corrupción en los alcoholímetros de Tijuana. Ya lo habíamos publicado en noviembre de 2024, y sigue sucediendo ahora mismo: empleados del ayuntamiento de la coqueta ciudad, que forman parte en las detenciones, solicitan a los ciudadanos dinero para arreglar en lo económico su situación, por lo que no están ingresando al municipio esas cantidades.
El modus operandi es que les piden documentos, los citan cerca de los corralones con dinero en efectivo y documentos oficiales, para hacer un trámite no oficial. A ver si el nuevo presidente municipal, Abdiel Gutiérrez, hace algo, o veremos si Ismael Burgueño solo le encargó que cuidara el negocio.

Adrián Medina Amarillas está considerando aceptar la candidatura a la diputación federal distrito 1. Al doctor le gustó el servicio público, en el que ha tenido varios tropiezos, y su cabeza ha sido pedida por distintos actores políticos. Aún así, le late el corazoncito por entrarle a la política federal.
Conseguirle trabajo a su hija Mónica, creadora de contenido para redes sociales, fue uno de esos tropiezos. Primero estuvo en comunicación social, cuando Néstor Cruz era el titular del área, y luego, malamente, le inventaron un cargo que no existía en el Issstecali, un organismo en quiebra al que le siguen cargando la mano acomodando burócratas.
Por cierto, que Mónica es suplente del diputado local Jaime Cantón. Ambos pertenecen a la comunidad de la diversidad sexual, y desde antes de las elecciones salieron a la luz conflictos entre ellos, ya que al parecer a Cantón no le gustó que Mónica tuviera más atención en las redes sociales y la hicieron a un lado hasta hacerla prácticamente invisible en lo que respecta a su relación con esa diputación.
Columna
El Día del Abogado: entre molinos de simulación y caballeros de dignidad
COLUMNA INVITADA/Por Guillermo Rivera Millán
El Día del Abogado en México se ha convertido en fiesta de molinos disfrazados de gigantes. El sistema de justicia, tanto local como federal, gira entre corrupción, simulación y falta de acceso real a la justicia. En los tribunales se repiten fraudes disfrazados de elecciones. En los federales se pregona justicia abierta que no abre camino a los desaparecidos ni a los vulnerables. La justicia aparece como doncella vendada, cuando debería mostrarse como dama incorruptible y clara.
Muchos notables callan como mudos. Otros se arriman al poder como moscas a la miel. El mérito no vale si se anda cerca del amo. La mayoría de las facultades de derecho, que deberían ser templos de saber, se prestan a campañas y discursos huecos como mesones de feria, incluso permitiendo que sus espacios se usen para simulaciones políticas que comprometen su neutralidad. Más papeles que justicia. Más sellos que verdades.
Incluso la Suprema Corte organiza eventos de “justicia abierta y cercana al pueblo”. Pero esa justicia sigue siendo simulación: se anuncia como nueva, pero permanece vendada y oculta, envuelta en retórica popular. Ironía pura: el día que debería ser fiesta de la dignidad jurídica se convierte en escaparate de discursos huecos.
No todo está perdido. Hay jóvenes que estudian leyes con convicción, abogados que aún creen en la justicia y maestros y litigantes en retiro, como exjueces, magistrados y ministros éticos que siguen vivos.
El Derecho no es negocio, es servicio. La ética no se predica como sermón, se vive como pan de cada día. Sin embargo, el mensaje que reciben los estudiantes es devastador: el mérito no importa si se está cerca del poder.
La justicia no se tuerce sola. Se tuerce porque hay ciudadanos que la empujan hacia la trampa. Empresarios que contratan abogados sin ética para ganar pleitos injustos, familias que buscan favores en lugar de derechos y ciudadanos que aceptan la corrupción como si fuera camino natural.
El ciudadano no es escudero de la justicia, es cliente que paga por torcerla. La justicia se corrompe cuando la sociedad la tolera como moneda de cambio.
También se dignifica cuando el pueblo exige rectitud y premia a los abogados que sirven con honor. La justicia no puede sostenerse sin respeto a los principios constitucionales. La irretroactividad, el respeto a la propiedad privada, a la certeza jurídica y los derechos humanos no son adornos, son pilares.
La independencia judicial es condición indispensable para que los juzgadores sean capaces de recordar, como en Berlín, que siempre debe haber jueces y magistrados dispuestos a frenar el abuso del poder. Las facultades de derecho deben revisar sus planes de estudio para formar abogados críticos y comprometidos. La crítica debe acompañarse de propuestas: transparencia en tribunales, rendición de cuentas y ética profesional desde la formación.
Existen caballeros y damas de la abogacía que aún dignifican la profesión: estudiantes, litigantes, jueces y ciudadanos que rechazan la corrupción. Ellos son los que demuestran que, pese a todo, aún hay jueces en Berlín.
La justicia, aunque hoy parezca sometida al capricho del poder, todavía puede ser un gigante noble, pero solo si se la enfrenta con convicción y ética.
Este 12 de julio de 2026 no debe ser solo un día de discursos huecos. Recordemos que desde 1960, cuando se instituyó oficialmente el Día del Abogado en México, la intención era honrar la dignidad de la profesión y el compromiso con el Estado de Derecho.
Hoy, más que nunca, esa conmemoración debe ser un recordatorio de que aún hay caballeros y damas de la abogacía que defienden la justicia. Felicitamos a quienes, desde la academia, el litigio, el juzgado y el retiro, sostienen la justicia como pan de cada día. Y a la ciudadanía que elige rectitud sobre simulación.
El Día del Abogado en México no debe ser ritual vacío. Debe ser compromiso con la dignidad de la profesión. La verdadera fiesta será cuando la justicia deje de ser privilegio y se convierta en derecho efectivo para todos. “Porque la justicia no se honra con brindis ni aplausos huecos, sino con sentencias justas, con litigios defendidos con empatía y ética y con enseñanzas académicas que forman generaciones capaces de resistir al poder.”
*Director general del despacho De la Peña y Rivera S.C. Fundador de Justicia que Transforma México A.C.
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