Columna
Algo cada día: ¿y si Estados Unidos decide hacerlo?
COLUMNA INVITADA/Por Fernando Ruiz del Castillo
Algo comenzó a cambiar en Baja California. Partidos de oposición, organizaciones sociales, colectivos y ciudadanos empezaron a perderle el miedo a decir en voz alta lo que hasta hace poco muchos preferían murmurar: que la gobernadora Marina del Pilar Ávila debe rendir cuentas y que, si existen elementos suficientes, se investigue incluso la posibilidad de un juicio político.No es un golpe de Estado.
No es conspiración. No es “campaña negra”. Es política. Y en democracia, la oposición tiene exactamente esa función: oponerse, cuestionar, investigar y exigir cuentas al gobierno.
El problema es que el camino institucional parece diseñado para que nadie llegue demasiado lejos. El juicio político contra un gobernador por determinadas causas corresponde al ámbito federal y, tratándose de violaciones graves a la Constitución o leyes federales, la resolución de la Cámara de Diputados tiene carácter declarativo para que la legislatura local actúe conforme a sus atribuciones. Y ahí aparece la realidad política.
Morena y sus aliados tienen mayoría. Por eso, salvo que desde Palacio Nacional exista voluntad política para abrirle la puerta a una investigación de fondo, las posibilidades de que el Congreso local se convierta espontáneamente en verdugo de una gobernadora morenista parecen, cuando menos, remotas.
Pero hay un pequeño detalle que quizá nadie está considerando suficientemente: que el Gobierno de México decida no actuar no significa que nadie más vaya a hacerlo.
Estados Unidos ya cambió el juego. En abril, el Departamento de Justicia acusó al gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, y a nueve funcionarios actuales y anteriores de delitos relacionados con narcotráfico y armas. Y en junio, “Los Angeles Times” reportó que Washington investigaba a otros gobernadores mexicanos por presuntos vínculos con organizaciones criminales.
Es decir, el vecino dejó de mirar solamente a los capos. Ahora también mira hacia los palacios de gobierno. Y mientras tanto, en México seguimos discutiendo si una visa es una visa, si una visa cancelada es una visa revocada y si un audio significa exactamente lo que se escucha en él.
Los audios atribuidos a Marina del Pilar, difundidos por Héctor de Mauleón, hablan de contactos con el DHS y el FBI y de reuniones para abordar el caso que enfrenta ante autoridades estadounidenses. Que esos audios prueben un delito es otra historia. Pero que ameriten explicaciones serias, verificables y transparentes, eso nadie debería discutirlo.
Porque hay algo que empieza a resultar incómodo: ¿qué pasa si México no investiga y Estados Unidos sí? La pregunta ya no parece tan descabellada. Washington ha demostrado que puede investigar, sancionar, retirar visas, presentar acusaciones y perseguir judicialmente a mexicanos fuera de territorio nacional cuando considera que tiene jurisdicción y evidencia suficiente.
En enero, incluso trasladó a Estados Unidos a 37 fugitivos mexicanos buscados por delitos graves, entre ellos narcotráfico, lavado de dinero y tráfico de armas. Y la propia Presidenta Sheinbaum ha reconocido que existe un diferendo importante en materia de extradiciones: México asegura haber solicitado 269 extradiciones a Estados Unidos desde 2018 hasta mayo de 2026, sin que ninguna haya sido concretada.
La pregunta es si esa reciprocidad podría algún día convertirse en otra cosa. Porque si en México las instituciones políticas no quieren, no pueden o no se atreven a tocar a determinados personajes, puede llegar el momento en que Washington decida tocar la puerta. Y no precisamente para saludar. ¿Gobernadores? ¿Senadores? ¿Diputados? ¿Alcaldes? ¿Funcionarios?¿Exfuncionarios? No lo sabemos.
Y sería irresponsable afirmar que Estados Unidos prepara una operación para “extraer” políticos mexicanos. No existe, al menos públicamente, evidencia que permita sostener semejante escenario. Pero también sería ingenuo ignorar que Washington está elevando el nivel de presión sobre funcionarios mexicanos presuntamente relacionados con organizaciones criminales. Ese es el verdadero asunto.
Porque una cosa es que un gobierno mexicano investigue a sus propios funcionarios.Y otra, bastante más humillante, es que tenga que hacerlo el vecino. Entonces sí tendríamos un problema monumental. No solamente para Marina del Pilar. Para Morena.Para la Presidenta. Y para México.
Porque si la famosa transformación presume que nadie está por encima de la ley, llegó el momento de demostrarlo. Aquí no se trata de condenar a nadie por rumores, audios o acusaciones. Se trata de investigar. De transparentar. De esclarecer. Y, si no hay nada, cerrar el expediente con pruebas.
Porque si hay algo peor que tener funcionarios bajo sospecha, es tener instituciones que parezcan demasiado ocupadas protegiéndolos. Y entonces la pregunta que hoy incomoda en Baja California podría terminar siendo mucho más grande: ¿Y si Estados Unidos decide hacerlo? Porque cuando el Estado mexicano no quiere abrir la puerta de la justicia, siempre existe el riesgo de que alguien del otro lado decida entrar por ella.
Para los santos que son
Hay renuncias que dejan un hueco en el gobierno. Y hay otras que apenas dejan espacio para colocar el escritorio del siguiente funcionario. La gobernadora Marina del Pilar Ávila anunció esta semana que cuatro integrantes de su gabinete —Belinda Elizabeth Rodríguez, José Adrián Medina Amarillas, Jesús García Castro y Alejandro Arregui Ibarra— le comunicaron su intención de abandonar sus cargos para buscar una candidatura en 2027.
Hasta ahí, todo legal. Incluso normal. Lo que resulta menos normal es la expectativa que parece acompañar a algunos de ellos: que basta con haber ocupado una silla en el gobierno para que automáticamente el ciudadano deba entregarles otra, pero ahora mediante el voto.
Porque una pregunta elemental se impone: ¿Qué hicieron desde el gobierno que justifique pedir ahora el voto? No qué puesto ocuparon. No cuántas fotografías se tomaron con la gobernadora. No cuántos boletines publicaron. No cuántas veces aparecieron en una mañanera.
Resultados.Eso es lo que deberían llevar consigo cuando salgan a pedir el voto. Y aquí está el detalle: algunos de estos aspirantes han recorrido ya buena parte del camino político. Alejandro Arregui, por ejemplo, fue diputado local por el PRI y hoy forma parte del gabinete morenista como secretario del Trabajo. Una carrera política larga, sin duda. Pero carrera política no necesariamente significa carrera de resultados. Y eso vale para todos.
Porque si la explicación para buscar una candidatura es que Morena sigue arriba en las encuestas, entonces estamos frente a una confesión involuntaria: No necesariamente están confiando en sus propios méritos; están confiando en la marca.
El problema es que las marcas también se desgastan. Morena conserva una ventaja importante en diversas mediciones rumbo a 2027, pero existe un porcentaje considerable de ciudadanos que todavía no decide su voto.
En Ensenada, por ejemplo, una medición de junio ubicó a Morena con 42.2%, pero 20.4% respondió que aún no sabía por quién votaría. Otras colocan a Julieta Ramírez como 36% de intención de voto, con 32% de indecisos. Es decir: todavía hay mucho partido por jugar.Y aquí aparece el verdadero riesgo para Morena y, particularmente, para Marina del Pilar.
Que algunos de sus funcionarios crean que la candidatura es una extensión automática del cargo. Porque una cosa es administrar. Otra muy diferente es convencer. Y otra, todavía más difícil, es ganar.
La gobernadora tampoco atraviesa precisamente por el momento político más cómodo de su administración. Las controversias, los cuestionamientos y los audios que han circulado en torno a sus gestiones ante autoridades estadounidenses no desaparecen porque cuatro funcionarios decidan competir electoralmente. Al contrario. Cada candidato cargará, inevitablemente, con parte del equipaje político del gobierno que lo impulsó.
Y aquí es donde aparece aquella vieja expresión popular que parece escrita para esta ocasión: “Para los santos que son y los milagros que hacen”.
Porque si estos funcionarios son los grandes activos electorales del gobierno estatal, Morena debería empezar a preocuparse. No porque sean malos candidatos necesariamente. Sino porque hasta ahora cuesta trabajo encontrar en sus respectivas trayectorias ese milagro administrativo, político o social que explique por qué el ciudadano tendría que premiarlos con un nuevo cargo.
La política mexicana tiene una costumbre extraordinaria: convertir la permanencia en el poder en mérito suficiente para continuar en el poder. Como si ocupar un puesto fuera prueba de capacidad. Como si sobrevivir a una administración fuera un currículum. Como si cambiar de escritorio fuera una promoción automática.
Y no. El ciudadano debería preguntar algo mucho más sencillo: ¿Qué hicieron cuando tuvieron la oportunidad de hacerlo? Porque si la respuesta no alcanza para convencer, difícilmente alcanzará para ganar.
Y quizá esos cuatro aspirantes terminen descubriendo que el verdadero milagro que Morena necesita no es encontrar candidatos.
Es encontrar candidatos que no le resten. Porque para los santos que son y los milagros que hacen, puede ocurrir exactamente lo contrario: que en lugar de ayudar a cargar la cruz electoral de la causa morenista, terminen agregándole otra piedra a la pesada losa que ya carga la causa marinista.
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Matices: El ratón cuidando el queso
Hay una frase que suele aparecer cuando una administración pública enfrenta preguntas incómodas: “todo se hizo conforme a la ley”. El problema es que esa respuesta, por sí sola, no necesariamente despeja las dudas.
El oficio OMG/DNPA/DIR/1677/2026, fechado el 29 de septiembre, reconoce que en los archivos del Gobierno de Baja California existen contratos celebrados con algunas personas físicas y morales que aparecen en el listado de sancionados por la Oficina de Control de Activos Extranjeros del Departamento del Tesoro de Estados Unidos, OFAC.
La Oficialía Mayor sostiene que, al momento de las contrataciones, no existía impedimento legal en México: los proveedores no estaban inhabilitados, no se encontraban sancionados conforme a la legislación nacional y, según la revisión realizada, tampoco se detectaron conflictos de interés o incumplimientos fiscales. Qué bonito, qué limpio, que chulada.
Pero que algo haya sido legal no significa automáticamente que haya sido prudente, conveniente o explicable. La respuesta oficial desde Gobierno del Estado tiene un dato que merece atención: la propia Oficialía Mayor reconoce que no concentra toda la información correspondiente a los organismos paraestatales, pues estos cuentan con sus propios procedimientos de contratación y seguimiento.
Entonces la pregunta inevitable es: ¿cuántos contratos fueron realmente celebrados con esas personas o empresas y por cuánto dinero? ¿Quién los contrató? ¿Quién autorizó las operaciones? ¿Mediante licitación, invitación o adjudicación directa? ¿Por cuáles servicios?
Si la administración estatal tiene la certeza de que las contrataciones fueron correctas, transparentar los documentos debería ayudar a cerrar la discusión, pero sabemos que no lo harán. La administración de Marina del Pilar está peleada con la transparencia.
El verdadero problema sería lo contrario: que detrás de la frase “no había impedimento legal” se pretenda colocar un punto final a una discusión que apenas comienza. Que se abran los expedientes si todo está en orden.
Fuentes enteradas del desarrollo de las investigaciones de Estados Unidos contra miembros de cárteles y funcionarios o exfuncionarios bajacalifornianos, comentan que por supuesto que está el nombre de la mandataria en varias carpetas de investigación, la cual se remonta al inicio de la campaña para la gubernatura, por la cantidad de recursos y las personas que la financiaron. Que la espera tendría que ver con los movimientos de bienes que hace cada que le cierran más el cerco, los cuales tienen perfectamente documentados. Y por supuesto que la corrupción de Carlos y Luis Torres no se entiende sin el poder del estado detrás de ellos.
En otro tema, ya comentábamos que el asunto de los allanamientos a la oficina del Notario 14 y a la oficina de Jaime Dávila estaba muy raro. En el caso del Notario, este agradeció a la policía municipal su rápida intervención y la captura del responsable, que se quedó horas revolviendo documentos al parecer en busca de algo muy específico.
En el caso de Dávila, este acusó a los dos uniformados que acudieron a una primer llamada en la madrugada, de cómplices del presunto ladrón. Este hombre se presentó ante los agentes vestido de guardia de seguridad. Les dijo que él se haría cargo, le tomaron declaración y sus datos y se retiraron. El tipo siguió hurgando y a las seis de la mañana que llegó la señora de la limpieza hizo otro reporte porque no reconocía al hombre como guardia de seguridad, sino como un intruso. La policía regresó, y se llevó al responsable, que no se llevó nada.
Dávila respondió pidiendo la renuncia del director de Seguridad Pública, Luis Felipe Chan, mientras que de manera contradictoria le otorgó el perdón al responsable de los daños y del allanamiento. Los agentes ya están reportados a Sindicatura, por cierto, por el error de no haber verificado la veracidad del cuento que les echaron y permitir al hombre seguir buscando feliz de la vida.
Nos comentaron que la búsqueda de papeles al parecer es algo relacionado con Pedro Ariel Mendívil, quien -mire qué causalidad- es pariente de la esposa de Jaime Dávila y éste ha usado el medio del exvocero de Mendívil para estar acusando a la policía municipal y a su director. Qué casualidad.

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Matices: Reacomodos
Tras la información dada a conocer ayer por el Departamento del Tesoro de Estados Unidos, que señala a varios funcionarios, exfuncionarios y personajes allegados a la política bajacaliforniana, se han movido muchas cosas.
Uno de los proveedores favoritos, Inteliproof Efficient S. de R.L: de C.V., una empresa de seguridad privada con sede en Tijuana y ligada a Marco Antonio Moreno Gómez Santelices, empresa y persona incluida en el anuncio de ayer.
Aquí un contrato de 2025 por más de 2 millones de pesos, uno de tantos que obtuvo en los últimos años.
Estas son algunas otras empresas ligadas a este empresario: Grupo Baja Fixer SA de CV, Capital Privado Baja SAPI de CV, Capital Privado Bursátil SA de CV, Festival Artistas Mobiliario Asesoría SA de CV, Conciertos y Espectáculo Inhouse SAPI de CV, Wermak Publired SA de CV, Holistic Wellwaves S de RL de CV, Proyecto Alerta Verde SAPI de CV, y Videovigilancia Colaborativa SAPI de CV.
En la Fiscalía General del Estado (FGE) hubo contratos bajo el concepto de “Gastos de publicidad oficial”, Moreno Gómez Santelices, presunto operador financiero y prestanombres de los “Los Mayos” participó con Fama Producciones (Festival Artistas Mobiliario Asesoría SA de CV), y con Promociones CHF por suministro de equipo técnico especializado que incluyen sistemas de audio, iluminación, proyección de video e interpretación simultánea para eventos, donde además dividían los conceptos para que los pagos no hicieran ruido al sobrepasar los montos que obligan a hacer licitaciones públicas.
Pues resulta que ya tenían otro montón de contratos planchados y listos para seguir saqueando al erario cuando sale la información de ayer y tuvieron que meter el freno de mano y meter esos asuntos al congelador.
Además de darle para atrás a todo lo que se relacione con las personas y empresas señaladas por Estados Unidos, todos los amigos de Carlos y Luis Torres están abandonando el barco en las sociedades que los unen.
Abrimos paréntesis para recordar el principio del fin. Cuando le quitan la visa a Carlos Torres, las autoridades de la aduana detienen para entrevista a Rodrigo Llantada, Luis Torres y Héctor Chaparro Pedrero “Coteto”, por cierto este último primo hermano de la esposa de Panchito Pérez Tejada y yerno de Mario García Franco (¿Por eso se apuntó Mario García Franco y luego se “desapuntó”? Todo lo que se relacione con el exalcalde está apestado en tema de política).
Total, que les preguntan si conocen a Carlos Torres y la relación con él y tras soltar la sopa se van con su visa intacta pero sin Sentri. Después de eso el “Coteto” andaba vendiendo su pádel para desligarse del esposo incómodo. Todo lo que huela a Panchito, Marina y Carlos al parecer está en oferta desde ayer.
También participa en Hego Imagen, la empresa de las paletas publicitarias de Panchito y su esposa -agregada a la sociedad después-, donde para lograr el “convenio” con el Ayuntamiento de Mexicali, se falsificaron documentos sin ninguna consecuencia a pesar de la denuncia presentada por Maribel Avilez, oficial mayor con Jaime Diaz.
Nos cuentan que Chaparro Pedrero también es socio en la línea médica para cruzar la frontera, junto a Carlos Torres y Panchito Pérez Tejada. Los gobiernos morenistas que todo lo tuercen, convirtió en concesiones las líneas médicas de Tijuana y Mexicali. La de la coqueta ciudad estaría presuntamente bajo el control de Pedro Montejo Peterson, secretario de Desarrollo Económico de Tijuana, de Fernando Salgado Chávez, el agente inmobiliario de la gober, y por supuesto un poder superior del gobierno estatal.
Nos confirman que Llantada y Carlos Torres están asociados con la Cosmopolitana para venderle alimentos a los Centros de Readaptación Social del estado, a ver qué va a pasar con esa sociedad y esos contratos. Se sirvieron con la cuchara grande, sin duda.
Aunque la gobernadora Marina del Pilar pronto emitió un comunicado donde se desliga de Carlos Torres y nos recuerda que está divorciada aunque no ha mostrado el acta que lo pruebe, su amigo el Oficial Mayor, David Cervantes también está metido hasta el cuello en esto de los contratos. Él y todos los que firman los acuerdos planchados, como Fernando Limón Félix y Thania Diaz de León, aunque a ella ya la sacaron de la jugada y la premiaron con una comisión sindical, aunque eso no borra sus intervenciones pasadas, donde le aplanaba el camino a los recomendados y sacaba a los competidores.
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Ruffo no pidió venganza. Pidió país. Ahora toca actuar.
COLUMNA INVITADA/Por Guillermo Rivera Millán
Ernesto Ruffo Appel salió del Altiplano sin rencor, sin la narrativa del agravio que muchos quisieron imponerle y sin la victimización que la oposición trató de capitalizar. Llegó a su domicilio y dijo algo que parece sencillo, pero que en la política mexicana se ha vuelto casi subversivo: reflexión. No habló de humillaciones, no habló de persecuciones, no habló de su edad. Habló de México. Y eso, en estos tiempos, ya es decir mucho.
Mientras algunos opositores, simpatizantes, amigos o familiares se apresuraron a convertir su caso en un estandarte de “preso político”, Ruffo eligió otro camino. Dijo: “Debemos ver que todo debe de ser algo que incorpore todas las realidades que se viven en México… y que se atienda a los que están muy necesitados… para que haya prosperidad para todos.” Y añadió algo que debería preocupar a todos: “La cosa no anda bien en nuestro país.”
También dejó una frase que desarma la narrativa de buenos contra malos: “El crimen puede estar en cualquiera de nosotros.” No lo dijo para justificarse. Lo dijo para recordarnos que la crisis mexicana es más profunda que un sexenio o un partido: es una crisis de cultura política, de instituciones debilitadas y de ciudadanos que hemos normalizado la ilegalidad, la corrupción y la falta de empatía como si fuera paisaje.
Ruffo no habló de su caso. Habló de México. No pidió privilegios ni excepciones. Pidió país.
Esa reflexión obliga a mirar hacia adentro. La oposición —y buena parte de la ciudadanía que hoy se siente moralmente agraviada— lleva años instalada en la crítica automática. Muchos no construyen, no proponen, no incorporan realidades. En estos días, se ha insistido en convertir su caso en bandera política. Pero Ruffo aparentemente no pide eso. No exigió ser mártir ni símbolo. Él reflexiona sobre el país.
Y pedir país implica ver el contexto completo: los apoyos sociales y las becas que el gobierno presume no alcanzan para construir bienestar real; la confrontación con la clase empresarial no reduce la desigualdad; y la brecha entre quienes tienen oportunidades y quienes no sigue creciendo. Actuar por México significa abrirse a la ciudadanía, dejar atrás las cuotas de poder y abandonar la lógica de repartirse espacios sin transformar nada. El bienestar no se construye golpeando sectores, sino integrando realidades. Ruffo eligió la reflexión. Todos —oposición, gobierno, empresariado y sociedad— debemos elegir la responsabilidad desde nuestras trincheras. Una ciudadanía que no integra termina aislada en sus propias burbujas, incapaz de ver el país completo y de construir el orden que exige la restitucionalización que Ruffo señaló.
Su mensaje toca un punto que el empresariado y los bajacalifornianos deberíamos escuchar con atención. Cuando Ruffo habló de la “restitucionalización del país”, advirtió que hay cosas que han cambiado y que eso es grave. Su frase “República ya no hay” no es retórica: es un llamado a revisar cómo están hoy las instituciones que sostienen a México —desarrollo económico, educación, seguridad, salud, transparencia, democracia— y a darles rumbo desde el contexto real. Esa restitucionalización implica integrar realidades, atender a quienes están más necesitados y construir prosperidad para todos. La prosperidad no es un club privado; si la economía y beneficios sociales crecen sin incorporar a quienes están en la base, ese crecimiento es frágil y políticamente explosivo. Una ciudadanía que no integra termina rodeada de desigualdad, y un gobierno que no incorpora todas las realidades acaba gobernando para una burbuja que tarde o temprano revienta.
Y aquí vale preguntarse qué reflexión deja esto para quienes hoy están en el poder. Porque si la oposición se ha instalado en la crítica sin construir, el gobierno ha preferido gobernar desde la confrontación. La llamada Cuarta Transformación prometió regenerar instituciones, pero en los hechos ha sustituido capacidades por estructuras paralelas, leales a una nueva élite política. Esa ruta no reconstruye Estado: lo fragmenta. Y un país fragmentado no puede sostener la restitucionalización que Ruffo señaló como urgente.
Ruffo lo dijo con claridad: “República ya no hay.” Y remató con un llamado que debería ser un punto de partida nacional: recuperar el orden, la legalidad y la institucionalidad.
Ruffo pidió país, y su reflexión solo confirma lo evidente: México lo necesita. Esa necesidad nos alcanza a todos —bajacalifornianos, ciudadanos y mexicanos. Ahora toca actuar, porque el país no se reconstruye solo.
*El autor es Director General del despacho De la Peña y Rivera S.C. Fundador de Justicia que Transforma México A.C.
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