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Reportaje

Los Cucapá y el medio ambiente: los grandes olvidados del Río Colorado

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Entre los usuarios del agua del Río Colorado suelen destacarse las ciudades y los valles agrícolas, pero las comunidades originarias y el medio ambiente también recienten la crisis hídrica, cuyos efectos se agravan cada vez más pero no son prioridad para los gobiernos

Por Dianeth Pérez Arreola

Cucapá significa en su propia lengua “pueblo del río” o “gente del agua”. La vida de los Cucapá ha estado conectada desde siempre al delta del Río Colorado, y en la medida que se reduce su caudal, también lo hace su población. “El agua del Colorado es la sangre de nuestras venas” dice Leticia Galaviz, pescadora de una comunidad que se extingue poco a poco.

Según el censo del 2020 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía, la población Cucapá se integra por 349 personas que habitan principalmente en las comunidades Cucapá indígena y El Mayor, en el municipio de Mexicali. Dependen de la pesca y conforme los volúmenes del río Colorado se reducen, enfrentan más problemas para encontrar cuerpos de agua que les permitan sobrevivir.

Por otro lado, el delta del río ha cambiado radicalmente ante la falta de agua. Gracias a los esfuerzos del Sonoran Institute y otras organizaciones ambientales se han podido recuperar varias zonas que se han reforestado y convertido en hogar de castores, aves, conejos, peces e insectos, entre otros.

Gracias al flujo pulso -cantidades de agua dedicadas a restaurar el medio ambiente- se han podido reforestar 350 hectáreas del delta con especies endémicas; áreas donde solo había pino salado ahora son el hogar de variada flora y fauna, como solía ser en los tiempos de abundancia del Río Colorado.

Veda, corrupción y sequía

Leticia Galaviz y su hijo menor limpian los 10 kilos de mojarra negra que pescó el joven ese domingo por la mañana. Es un caluroso mediodía de verano, y provistos con afilados cuchillos, cortan cabezas y colas, descaman y quitan las vísceras que enterrarán más tarde, mientras echan la pesca del día ya limpia al hielo molido.

Existen tres cooperativas pesqueras que agrupan a poco más de 100 integrantes. Los Cucapá pescan mojarra, lisa, bocón y camarón todo el año, mientras que la curvina solo dos meses al año, durante marzo y abril.

Leticia Galaviz, pescadora Cucapá.

Últimamente han encontrado en la captura de aguamala un nuevo mercado que abastece al paladar oriental. Para eso tienen que irse hasta El Zanjón, el área donde desemboca el Colorado y empieza el Golfo de California. Pescan en julio y agosto y venden el producto a ciudadanos chinos locales, lo que les ha dado un respiro en su lucha por la supervivencia.

Nos dirigimos a El Zanjón con Leticia. La zona es una de las rutas de transporte de la droga que llega al Valle de Mexicali desde el Golfo de California y los grupos criminales saben quién entra y sale de esa área.

La rutina de los pescadores es dura: salen a pescar por las noches; al llenarse las pangas van a la comunidad a vaciarlas, regresan y siguen hasta el amanecer. Mientras tanto hombres y mujeres se quedan limpiando el pescado. Eso cuando pescan en los cuerpos de agua cercanos a su comunidad. Cuando van a El Zanjón van en caravana y se quedan allá varios días.

“Llegan las pangas como de las dos a las cinco de la mañana; cerca de las dos de la tarde apenas vamos llegando al campamento, sin comer y sin dormir. Andas llena de tripas, llena de lodo, con un taco en la mano, corriendo”, cuenta Leticia.

La pesca en el Río Hardy es de domingo a martes, porque los miércoles es cuando llega a la comunidad el comprador de Tijuana. Pescar desde el miércoles significaría una fuerte inversión en hielo para mantener el producto fresco una semana.

“Llegamos con el pescado fresquecito donde nos lo compran y de estar en un promedio de 15 pesos por pescado, te lo pagan en la tarde ya a 7 pesos porque llegan primero los ilegales, que a veces ni tienen permiso de pesca ni pertenecen a ninguna cooperativa y que les pagan a las autoridades una mordida para que no los revisen y que hacen que a nosotros nos regateen el pescado”, señala.

Esa comunidad solo tiene permiso para pescar curvina dos meses al año. “Peleamos con el gobierno, les decimos que nos dejen pescar nada más a nosotros, los indígenas. Tenemos pangas que le caben máximo dos toneladas, con motores de 115 caballos y dos redes que no abarcan mucho. Nuestra competencia trae pangas que agarran cinco toneladas y traen cinco kilómetros de redes y así no podemos competir contra el Golfo ni contra San Felipe. Le decimos a las autoridades ‘déjanos pescar nada más a nosotros. La curvina déjala especialmente para nosotros’, pero no. Nos metieron el tope de captura, nos metieron la reserva ecológica donde nos permiten un cierto tonelaje, de 4 toneladas por panga, y no se cubren los costos con ese límite. Queremos prioridad para la pesca de curvina; es territorio de nosotros y saben que la pesca es ancestral”, indica.

Reserva ecológica

El Gobierno quiere hacer una reserva ecológica sin consultarnos, nuestra cooperativa no ha aceptado ese límite, expone la pescadora. Son dos meses de marea en un año, cuando el Golfo y San Felipe tiene permiso de sierra, de camarón, de chano, de curvina, de aguamala, y los Cucapá solo de curvina y aguamala, por lo que no son competencia.

Si nos ponemos a competir, no les hacemos nada, ni a lo ecológico y es lo que el gobierno no nos entiende, apunta Leticia. Le han pedido a las autoridades que les envíen agua del Río Colorado, y supieron que efectivamente lo hicieron, pero que se desvió hacia los humedales. “No llegó al río, no sé qué pasó, trazaron mal la ruta y el agua salió más enfrente de nuestra comunidad. Nunca nos explicaron qué pasó. Llegó al vado Carranza pero no nos llegó”.

Leticia Galaviz en el vado Carranza.

El año pasado citaron a la comunidad Cucapá a una reunión en el Campo Mosqueda, donde les informaron que quieren hacer una reserva ecológica desde donde termina el Río Colorado hasta el Campo Mosqueda, y esto incluye su comunidad. No fueron consultados sobre esta propuesta y no están de acuerdo.

“Si no hay agua ¿a dónde nos quieren mandar?, ¿cómo van a sustituir nuestras áreas de trabajo?, ¿a dónde nos van a limitar a pescar? Les dijimos que no, y que no les íbamos a hacer el trabajo que ellos les corresponde porque preguntaban cosas como ¿para qué ocupas el álamo? Bueno, pues yo lo ocupo para hacer las faldas de corteza, las faldas tradicionales. Con el sauce hacemos trampas para pescar, las canastas. Y luego preguntaban ¿hacia qué dirección vas y cortas leña y de qué árbol? Yo les dije que como indígena uso palofierro, mezquite, pino, lo que se me atraviese por donde yo voy caminando, si yo ocupo leña la voy a agarrar. ¿Entonces no tienes un área fija donde agarres leña? No, porque yo no tengo límites en mi área, es mi tierra”, declara Leticia.

También les preguntaron sobre el uso de las plantas curativas, dónde encontrarlas, y ellos no quisieron responder. “No les íbamos a contestar para ayudarlos a perjudicarnos. Quedaron en que íbamos a tener más reuniones, pero hasta ahora no se han vuelto a hacer. Esta fue en noviembre con el Sonoran Institute y otros organismos y dependencias de gobierno y fue más para informarnos que para preguntarnos”, indica.

La pescadora subraya que no se sienten representados por ningún orden de gobierno; “todo es lo mismo, puras promesas y promesas. Esto no es de ahorita, tiene años y pueden ver los resultados: ninguno”. 

El medio ambiente, el otro gran olvidado

Tomás Rivas, del Sonoran Institute, explica que el proyecto de rehabilitación de laguna grande tiene desde el 2007 y participan el Sonoran Institute, Restauremos el Colorado, Pronatura Noroeste, además de algunas organizaciones en Estados Unidos.

Se trata de recuperar la vegetación y el hábitat que tenía originalmente el río; recuperar la vegetación ribereña y el agua abierta para lograr que lleguen cada vez más especies nativas de aves, de mamíferos, de insectos y de toda la fauna original.

Tomás Rivas, del Sonoran Institute explica las acciones para reforestar el delta del Río Colorado.

“Para la reforestación utilizamos únicamente especies nativas y la especie principal es el mezquite para la zona desértica y para la más cercana al rio usamos álamos y sauces, además de algunas especies más pequeñas como arbustos y pastos complemento de esa vegetación. Entre la fauna más relevante tenemos al castor, tenemos varias familias viviendo en los sitios de restauración, hemos registrado gato montés con crías, coyotes, mapaches y algunos más pequeños como musarañas del desierto, juancitos, y aves rapaces como lechuzas y búhos”, remarca.

En las zonas recuperadas viven especies protegidas tanto en México como en Estados Unidos como el mosquero saucero y el cuco pico amarillo, dos especies de aves.

Las actividades de restauración iniciaron con una iniciativa en el año 2000, donde se analizó qué era posible hacer en la parte mexicana, qué se podía restaurar en la zona del Río Hardy, en la del estuario y esa parte del Río Colorado.

En esa reunión se vio que una pequeña cantidad de agua puede ayudar a recuperar el ambiente y para el 2004 se hicieron las primeras visitas al polígono de Laguna Grande, que era entonces un sitio muy diferente.

“Empezamos a replicar lo que vimos aquí en cuanto a especies y la creación de hábitats. A lo largo de los años hemos ido incrementando el área y las especies de árboles. Tenemos 3 polígonos de concesión aquí en Laguna Grande, son más de 520 hectáreas de área concesionada y de ellas hemos restaurado en este polígono donde estamos unas 100 hectáreas y en total tenemos 350 hectáreas restauradas”, explica.

Flora y fauna

Una de las complicaciones de la sequía es que uno piensa en todos los beneficiarios: la industria, la gente, la agricultura, y siempre se ha olvidado el medio ambiente como un usuario más del agua del río, dice Rivas. Por eso es importante traer agua a estos sitios porque eso implica tener hábitats saludables, más flora y fauna y eso es una zona de protección para especies nativas y de caza.

El principal riesgo es por supuesto perder el agua, pero por ahora la estructura del sistema de riego del Valle de Mexicali permite tener ese recurso en el sitio, indica.

Área reforestada en Laguna Grande con álamos, sauces y otras especies nativas.

Se envió agua a la zona en 2014 con el flujo pulso, y en 2021 y 2022 con los envíos de agua federal a esta zona. La idea es que las comunidades cercanas de apropien de los sitios restaurados para que sean ellos quienes cuiden y protejan esas zonas y procuren mantener y aumentar los volúmenes de agua que reciben.

“Siempre vamos a tener el peligro de perder el agua, siempre estamos en comunicación con otros organismos de este y el otro lado de la frontera y un cambio muy importante fue el envío de agua para el medio ambiente, que esperamos mantener en el futuro”, confía el experto del Sonoran Institute.

La afectación a las comunidades originarias

La pesca es fundamental para la supervivencia de los Cucapá. Rivas señala que parte del plan es tener un área natural a lo largo del río y que hay un proceso para declarar un área como reserva natural, para lo cual se darán a la tarea de identificar las zonas y de ellas ver cuáles están aptas para destinarse a la protección y cuáles para el aprovechamiento sustentable de la pesca.

“No se va a quitar el uso de los recursos que ya se utilizan, simplemente aprovecharlos de manera sustentable. De hecho, nosotros hemos colaborado con apicultores y ahora tienen algunas cajas dentro del área restaurada y el sitio está protegido por guardaparques. Aquí podrían realizarse actividades de pesca deportiva y más abajo podría haber actividades de pesca de consumo. Mientras no haya sobrepesca puede hacerse uso de los recursos de manera responsable y sustentable, sin afectar a ninguna comunidad. La idea es tener agua del río corriendo y que llegue como antes al Golfo de California”, opina.

El Río Hardy, el cuerpo de agua más cercano a la comunidad Cucapá.

Pero ¿a dónde fue el río? Si uno piensa en el río donde es caudaloso se puede imaginar la magnitud de los flujos que venían y llegaban hasta el golfo, relata; hasta parece difícil de imaginar que pasaba por aquí. La responsabilidad por la disminución del flujo es una combinación de factores, y al final la conclusión es que el río no tiene agua para todos los usuarios, y el último en la lista es el medio ambiente, agrega.

“Ahora el río no fluye, pero ves aquí todavía la fuerza del río y lo que es posible hacer aun con esa agua. El río no lo perdimos, aquí está, en espera que le mandemos agua para volver a resurgir y poder fluir hasta el mar. Es como semillita que esperamos ver crecer y ver los efectos que suceden cuando el rio tiene agua”, apunta.

Menos agua y de menor calidad

Alfonso Cortés, investigador del Colegio de la Frontera Norte (COLEF), explica que hemos estado recibiendo junto con esta menor cantidad de agua, también menor calidad, por la salinidad del Río Colorado. “Una vez que recibimos el agua en México, va a los diferentes usos: el 70 Por ciento va a la agricultura, el resto va a las ciudades y a la industria. Se utiliza en las ciudades y después hay descargas, a las cuales hemos tenido problemas para darles un tratamiento integral y completo y aprovecharla”, opina.

Esa menor calidad se refleja en el sector agrícola, donde los cultivos se ven afectados por el incremento de la salinidad; la sal hace que los cultivos tengan un rendimiento disminuido, de ese punto de vista los suelos y las plantas se ve afectados, dice. Respecto a las ciudades, subraya que necesitamos mayor infraestructura, mayor inversión para poder limpiar esos mayores volúmenes de agua que están demandando diferentes sectores.

Estamos al final de la cuenca del Río Colorado; de hecho el Valle de Mexicali no es un valle, es geofísicamente hablando, una planicie costera de inundación; una zona deltaica. Está al final del camino del agua que nace en las montañas rocallosas, a más de 2 mil 300 kilómetros, así que naturalmente se va incrementando la salinidad de manera natural, explica.

Cultivo de algodón en el Valle de Mexicali.

“Nosotros recibimos la calidad más baja y el problema es histórico. En el Valle de Mexicali hay una ruta de la sal, porque ahí se asientan las sales del Río Colorado y tenemos una disminución de la productividad”, comenta.

Para contrarrestar esto, se dispone de una red de drenaje a cielo abierto, donde se descargan las aguas que se utilizan después del riego y esas sirven para eliminar las sales en una medida, y también los volúmenes de que no se ocupan en la agricultura, algo que deberíamos estar aprovechando en estos tiempos, aconseja. A esa agua debería de dársele un retorno para poder enfrentar la escasez de agua limpia.

En el tratado se establece una norma; el acta 242 del CILA establece el nivel de calidad que se debe entregar a México, que por cierto, siempre es de menor calidad a la que se tiene en Estados Unidos: 121 partes por millón.

Esos niveles están establecidos desde que se firmó el acta 242 en 1973. Hasta recientemente se incorporó el tema de la salinidad en las recientes actas; la 319 en 2012 y la 323 que es la que está vigente. Ahí se menciona que se van a mejorar los sistemas de monitoreo. El sistema actual considera promedios pero la sal no se mueve así, entra diariamente y están tratando de implementar un sistema de monitoreo que considere de menor manera las fluctuaciones de la sal.

Para poder cumplir con los estándares de salinidad hay un sistema de monitoreo binacional. Las instancias que tienen que ver con las entregas de volúmenes de agua en términos de cantidad y de calidad, es del lado mexicano el CILA y en el lado americano IBWC (International Boundary and Water Commission).

Uno de los tantos canales en el Valle de Mexicali, que forman una red de 2 mil 500 kilómetros.

¿Recibimos la cantidad justa de agua?

Las entregas de agua que hace Estados Unidos a México parten de un tratado binacional de aguas internacionales que incluye 3 grandes corrientes: el rio Colorado con 1,850 millones de metros cúbicos, en el Río Bravo no recibimos, entregamos 2,200 millones de metros cúbicos en un lapso de cinco años, y en el Río Tijuana, entregamos volúmenes que se miden con aguas residuales. Hablar de justicia es entonces muy relativo, expresa el investigador del COLEF.

Recibimos aproximadamente el 9.1 por ciento del flujo promedio del rio Colorado, que es 15 millones de acres pies o 18 mil millones de metros cúbicos al año. Es un volumen que guarda proporcionalidad de población, tamaño de la región y aportación a la cuenca. Cortés apunta que no aportamos nada; somos receptores netos.

Ese volumen de 1,850 millones de metros cúbicos por año no se está entregando porque el acta 323 que se firmó en el 2017 establece ciertos niveles de recorte, y estos niveles de reducción dependen de las condiciones de la presa Hoover, explica.

Alfonso Cortés, investigador del COLEF.

“En el 2021, 2022 y 2023 hemos tenido recortes consecutivos de diferente orden: en el 21 fue por concepto de ahorro, se supone que después regresará a nosotros, ¿cuándo? Tal vez nunca. Fueron 51 millones de metros cúbicos. En el 2022 fueron dos conceptos: ahorro más reducciones obligatorias y sumaron 99 millones de metros cúbicos. Este año está corriendo un volumen de 128 millones de metros cúbicos, sumando ahorros y reducciones, así que ya no recibimos los 1,850 millones de metros cúbicos”, precisa.

Esa cantidad, 128 millones de metros cúbicos, es 1.3 veces el consumo total de toda el agua de la ciudad de Mexicali. Comparativamente en la actividad agrícola, es el agua que sirve para regar 13 mil hectáreas. Es un volumen importante, que muy probablemente cambie porque las condiciones de la disponibilidad de agua a nivel de cuenca siguen una tendencia negativa. Las condiciones de la demanda del agua siguen al alza. “Yo estimo que si hablamos de justicia, va a ser todavía más injusto muy pronto porque va a a haber recortes adicionales el año que entra y se verán limitadas las diferentes actividades productivas, no solamente la agricultura”, asegura.

Cuando se habla de reducciones y recortes, no se recorta el uso urbano del agua de ninguna ciudad, sino el de la agricultura. Pero si hay excedentes de operación y una vez que hacen todas las actividades de riego y se rescatan ciertos volúmenes, el recurso se va a Tijuana. Al haber una reducción, habrá un impacto directo en la disponibilidad de agua en la zona costa. En papel no, en la práctica sí, vaticina.

Un tercer recorte de los volumenes de agua que México recibe de Estados Unidos se anunció en agosto de este año.

Opciones

Hace tres años los agricultores no tenían recortes. Ni ellos ni la zona costa pensaban que se les podía reducir el agua que recibían del Río Colorado. “Eso lo ven como algo injusto para su desarrollo. Yo no lo veo así desde el punto de vista de una relación bilateral porque también del lado americano ha habido recortes importantes; todos están teniendo recortes y éstos seguirán”, indica Cortés.

Cuando hablamos de escasez es muy importante pensar en donde utilizamos el agua y si es pertinente usar esa agua escasa en cultivos altamente consumidores de agua, como los cultivos que sirven para alimentar a la ganadería, ya sea de carne o de leche, relata.

Este año se sembraron cerca de 40 mil hectáreas de alfalfa y ese es un cultivo muy demandante de agua; usan una lámina de agua de cerca de dos metros de profundidad que si lo multiplicas por la superficie nos dan un volumen muy alto. Yo soy ingeniero agrónomo, dice Cortés; “hay cultivos que pueden utilizar mucha menos agua y que sirven para alimentar al ganado, como el trébol alejandrino o el ramio, que pudieran ir sustituyendo paulatinamente a la alfalfa para reducir el consumo de agua a la mitad”.

Si decidimos no cambiar la alfalfa, lo que podemos hacer es cambiar las técnicas para regar, sugiere; hay estudios probados que muestran que podemos reducir el consumo de agua en un 50 por ciento, entre consumo y optimización del recurso. El investigador del COLEF remarca que para cambiar los cultivos se requieren tres tipos de incentivos: de carácter regulatorio, gubernamentales y de mercado.

Hay muchas formas de que se puede tratar de reducir el consumo, pero hay que enfocarse en las que más impacto tienen. El consumo de las ciudades comparado con la agricultura es mínimo, pero aun así tenemos que ahorrar agua en las ciudades.

“El consumo per cápita en las ciudades está por arriba del estándar internacional, por ejemplo, en Mexicali con un 50 por ciento arriba, y en Tijuana también, y todos los días está demandando agua de Mexicali. Si tenemos que hacer acciones para reducir el consumo en las ciudades, pero yo primero pondría en la lista de prioridades tratar de buscar la reducción del consumo donde más se utiliza el agua, que es en la agricultura. Y de ahí, en el cultivo que más consume agua, que es la alfalfa”, opina.

“De ahí me iría a buscar utilizar de mejor manera el agua que se distribuye en el Valle de Mexicali a través de más de 2 mil 500 kilómetros de canales; es la distancia de aquí a la Ciudad de México: ese es el tamaño de la red de distribución del valle. Tenemos muchas oportunidades para optimizar el agua en esos canales y no estoy diciendo que en todos, porque necesitamos dejar que el agua se infiltre para que se recargue el acuífero”, expresa.

Un uso más eficiente del agua en el Valle de Mexicali traería ahorros significativos de ese recurso.

Si hacemos eso, asegura, tendríamos rescate de volúmenes importantes del orden de los 70 millones de metros cúbicos una vez que se establezcan los proyectos, y esa cantidad es el doble de lo que Tijuana nos demanda cada año como agua faltante.

En Mexicali habría que limitarnos a 160 litros por habitante por día, que es el estándar, no 240 litros como sucede actualmente. En Tijuana gastan 165 litros por habitante por día, cuando el estándar son 105 litros.

“Es importante priorizar las alternativas y ahí nos estamos equivocando. No me parece que las plantas desalinizadoras sean la alternativa última y única en Baja California. Es una alternativa muy cara, muy costosa ambientalmente porque es muy contaminante y que además no nos ayudaría en el largo plazo a detener esta sequía que viene. Es mejor el agua residual tratada, por ejemplo. Cuatro veces más económica y no la estamos aprovechando”, destaca.

Solo le damos una sola vuelta. La limpiamos y la mandamos al mar, es lo peor que hacemos en México. La limpiamos para mandarla al mar y luego queremos una desalinizadora, es un contrasentido, dice.

El investigador del COLEF declara que esta situación crítica del agua va a continuar, pues los datos indican que hay una tendencia de sequía de largo plazo. Puede haber recuperaciones en algunos años, pero el largo plazo obliga a cambiar prácticamente todo el manejo del agua.

La crisis del Río Colorado empezó hace más de 20 años y es una señal de alerta. Tendríamos que haber empezado a hablar de medidas en ese entonces y no ahora, subraya. Ahora viene la crisis más complicada hay que empezar a trabajar a un ritmo más acelerado con las alternativas que tenemos.

La cuenca del Río Colorado está ubicada en una región ya no de sequía prolongada, sino de mega sequía. Recalca que tenemos sequías más frecuentes, más prolongadas y más intensas. “Esta experiencia deberá servir para que en las otras regiones se lleven a cabo medidas de este tipo. Hay 184 cuencas transfronterizas en donde tenemos que hablar entre países para ponernos de acuerdo; es un laboratorio excelente para aprovechar el conocimiento y las experiencias de corto plazo”.

La cuenca del Río Colorado está ubicada en una región de mega sequía y urgen acciones preventivas.

Agua y comunidades originarias

En toda esta problemática, ¿cómo incorporamos a los grupos originarios y al medio ambiente, que son los usuarios olvidados del Río Colorado?.

“Me parece que esta crisis es la oportunidad para incorporar a esos grupos y rescatar todo ese conocimiento y saberes milenarios que tienen para manejar el suelo, las plantas y el agua. Ellos son los verdaderos expertos. Sabían gestionar la abundancia y la escasez porque la vivieron muchas veces y nosotros los de la era moderna, los del “mundo civilizado” no sabemos aprovechar esas experiencias”, externa Cortés.

Es el momento y la oportunidad para incorporarlos como parte de mecanismos de participación ciudadana en donde estén presentes. Aquí en Baja California hay una contraloría ciudadana del agua y ahí participan algunos miembros de la comunidad Cucapá, relata.

Ellos son importantes para mantener el valor cultural de la región, dice. “Para mi ellos son mucho más importantes que el medio ambiente, que apenas se acaba de incorporar en el acta 319, la más reciente de la CILA y ahí se estipula un componente de flujo ambiental, pero hay que hacer mucho más por estos dos usuarios olvidados”.

Estoy de acuerdo que haya flujo ecológico, pero no estoy de acuerdo en la forma como se está haciendo, opina Cortés. “En otros ríos del mundo que están en la zona deltaica se habla de proporciones que se dejan fluir por parte de cada usuario, pero aquí es un mecanismo muy raro; aquí es un mecanismo de compra de derechos de agua para ponerlo de flujo ecológico donde no están las comunidades de pueblos originarios. Están totalmente excluidos, se tienen que incorporar a esos flujos pero también a los otros, a los productivos. Me parece que eso sí es bastante injusto. Lo digo fuerte: es muy injusto lo que le está pasando a estos grupos, excluidos totalmente de su medio ambiente en el que ellos vivían y excluidos de un medio desarrollo económico saludable para sus familias”.

Resistir para existir

Tenemos que resistir para existir, subraya Leticia, la pescadora Cucapá. El río es nuestra madre, dice, como femenino es también el poder de la comunidad, pues los permisos de pesca y las representaciones de los Cucapá recaen en las mujeres. “Esto es un matriarcado y las mujeres lucharemos hasta el final por la supervivencia de los nuestros”, manifiesta.

A mediados de agosto se anunció un recorte de las asignaciones de agua del Río Colorado a los usuarios de Estados Unidos y México; el tercero desde que se firmó el tratado de 1944. Una medida cuyos efectos se calculan y analizan para los usuarios urbanos de Mexicali, la agricultura y la zona costa, pero no para los olvidados del Río Colorado.

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Pro Natura, el panteón invisible

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En el área de reforestación y reserva natural protegida de Pro Natura Noroeste, ubicada en el poblado Miguel Alemán del Valle de Mexicali, Baja California, se registraron múltiples hallazgos de fosas clandestinas a partir del 8 de enero de 2026. El mismo poblado ya había sido escenario de descubrimientos similares en el 2023, cuando encontraron 22 fosas con 22 cuerpos.

En este segundo predio, desde el 8 de enero a la fecha, se han descubierto 24 fosas y un par de hallazgos sobre el terreno, donde los restos fueron removidos por la fauna local, que suman 47 víctimas, las cuales nadie parece ver. No hay una indignación nacional como en el Rancho Izaguirre, en Jalisco, y los bajacalifornianos parecen estar acostumbrados ya al horror de ver una nota más detallando un nuevo hallazgo.

Las búsquedas se llevan a cabo por colectivos de familiares de desaparecidos, y son coordinadas por autoridades municipales, estatales -y a veces son acompañados por las federales-, incluyendo unidades K9, Policía Municipal, Fiscalía General del Estado (FGE) y la Comisión Local de Búsqueda. Al principio eran protegidos por el Ejército, la Guardia Nacional y muy ocasionalmente por la Marina, pero el acompañamiento cesó hace meses.

Los primeros hallazgos ocurrieron el 8 de enero de 2026, cuando se localizaron dos fosas con restos óseos calcinados, casquillos percutidos, esposas y tiro de gracia. Para el 12 de enero, ya se habían descubierto cuatro fosas con un total de diez cuerpos. En una de ellas se encontró un cadáver parcialmente carbonizado, con extremidades cercenadas y cráneo abierto, junto a una considerable cantidad de madera quemada (mezquite local y tablones), un palo de golf, un celular dañado por el fuego, un rosario y otros objetos personales. El 21 de enero se reportó la octava fosa, que elevó el número de víctimas recuperadas a 18; los restos presentaban el patrón habitual de calcinación y cercenamiento.

El 26 de enero, en la décima fosa —detectada gracias a perros domésticos del lugar y alejada de las anteriores—, se recuperaron tres restos (víctimas 20, 21 y 22) junto a madera quemada. Para el 9 de febrero, con la apertura de la fosa 15 (que contenía tres cuerpos no carbonizados ni mutilados, encontrados a dos metros de profundidad), el total de restos recuperados ascendió a 32. Las excavaciones continuaron durante febrero y marzo, alcanzando más de 14 fosas y decenas de restos.

Entre las víctimas se encuentran mujeres y al menos un menor de edad, hecho que inicialmente fue negado por la Fiscal General del Estado, María Elena Andrade Ramírez, quien en conferencia de prensa afirmó que todas las víctimas eran varones adultos, para luego tener que rectificar.

Hacia mayo de 2026, en la fosa número 22 —localizada en el borde de la zona de reforestación junto a un árbol y ramas secas—, se recuperaron tres víctimas más -números 40, 41 y 42-. En este sitio se encontró un casquillo de 9 milímetros. Para mediados de año, los reportes indicaban más de 22 fosas y más de 40 víctimas recuperadas en el predio de Pro Natura.

La mayoría de los cuerpos presentaban signos de calcinación y cercenamiento, con evidencia de ejecuciones en el lugar y casquillos de diferentes calibres. Algunas víctimas no fueron quemadas, lo que sugiere diferentes momentos o métodos utilizados por los grupos criminales. Los restos correspondían principalmente a personas desaparecidas del Valle de Mexicali y zonas aledañas. La propia FGE ha señalado a “Los Rusos”, brazo del cártel de “La Mayiza”, como los autores de ese cementerio clandestino. También, la misma FGE ha dicho que el líder de “Los Rusos”, Juan José Ponce Félix, no tiene antecedentes penales en Baja California, mientras que al cruzar la frontera, hay posters con su rostro en todas las garitas del estado, ofreciendo el gobierno de Estados Unidos una recompensa de 5 millones de dólares por datos que lleven a su captura.

La cobertura realizada desde el sitio destaca la lentitud y las deficiencias en la respuesta institucional: retrasos frecuentes en la llegada de peritos de la FGE, falta de equipo adecuado como lámparas para trabajar de noche, baterías para maquinaria, viáticos o vehículos de doble tracción. A pesar de las promesas de mayor apoyo, los colectivos y equipos en terreno han señalado que las jornadas superan las 12 horas con recursos insuficientes, lo que ha complicado y alargado los trabajos de recuperación e identificación. Esto por supuesto, en datos “fuera de libreta” porque los integrantes de la FGE que participan en las búsquedas tienen prohibido dar declaraciones.

Este sitio se ha convertido en un claro ejemplo de un panteón clandestino masivo operado por el crimen organizado con aparente impunidad, en un contexto de omisión prolongada por parte de las autoridades estatales. Lejos de generar una indignación nacional comparable a otros casos emblemáticos en el país, en Baja California parece haberse normalizado el horror, reflejando una grave falla estructural del Estado para proteger a la población civil y garantizar justicia, elementos que fortalecen la posible calificación de estos hechos como crímenes de lesa humanidad.

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El desplazamiento ignorado

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ESPECIAL/Por Aline Corpus

Martín, su esposa y cuatro hijos salieron de Guerrero con lo que traían puesto de ropa, en agosto del 2024, cuando el crimen organizado le exigió que, junto a su hijo de 16 años, se “sumaran a las fuerzas armadas (delincuenciales) o nadie sobreviviría”.

Pidiendo dinero prestado, la pareja y sus cuatro hijos menores de edad, llegaron a Tijuana, Baja California, con la esperanza de ingresar de manera documentada a Estados Unidos, pero su cita consular no se concretó cuando el Gobierno de ese país canceló el programa de asilo CBP One, en enero del 2025.

La violencia provocada por el crimen organizado en México obliga cada año a que cientos de familias, principalmente del centro y sur, sean desplazadas de sus lugares de origen, dejando atrás su única red de apoyo, pertenencias y trabajo.

Muchas de ellas se dirigen a estados fronterizos, como Baja California, donde esperan cruzar a Estados Unidos, pero con el tiempo terminan asentándose.

“Sabíamos que debíamos movernos del albergue de (apoyo a) migrantes porque temíamos que incluso ahí nos buscaran (miembros del crimen organizado)”, platicó el hombre que pidió anonimato por razones de seguridad, y en esta ocasión se le llamará Martín.

“Nos fuimos a una colonia que se llama Mariano Matamoros (al este de la ciudad), y empezamos vendiendo tamales el año pasado, pero nos encontramos con esto de que acá nos pedían dinero (una extorsión) para dejarnos vender en la esquina. También intenté hacer plomería y fue lo mismo.

“Recordamos las amenazas de allá (en Guerrero), el miedo, nos dio mucho temor y creo que para mi esposa fue hasta peor, porque creía que esa historia ya era del pasado”, contó.

Debido a esa situación, Martín decidió mudarse a Playas de Rosarito, a unos 20 kilómetros de Tijuana, cerca del Océano Pacífico, lo que significa que su familia ya ha vivido un doble desplazamiento forzado en su propio país.

La Organización de las Naciones Unidas (ONU) estableció que en un desplazamiento forzado interno las personas son obligadas a abandonar su lugar habitual de residencia, debido a conflictos armados o a la violencia generalizada.

También las violaciones a los derechos humanos y/o desastres provocados por fenómenos naturales o causados por los seres humanos provocan desplazamiento, todo ello sin haber cruzado una frontera internacional.

Pero ¿qué sucede cuando una familia considera a una ciudad su refugio y ahí vuelve a vivir lo mismo por lo que huyó en un principio?

Pese al sufrimiento y sacrificio que implica una primera movilidad forzada, la Organización Internacional para la Migración (OIM), autoridades de Baja California, académicos y activistas, han documentado que familias que huyen del centro y sur del país por la violencia, vuelven a sufrir circunstancias similares en las ciudades receptoras, como Tijuana.

En muchas ocasiones estas familias requieren desplazarse de nuevo.

Doble muro en la frontera de Tijuana, el lado verde es Estados Unidos.

Sin documentación histórica

Este doble desplazamiento forzado de mexicanos en su propio país ha sido silencioso, debido a la dificultad para documentar los casos por la falta de confianza de las familias en las autoridades, la secrecía con la que se mueven y la necesidad de las personas de irse de manera inmediata a un nuevo lugar.

Un estudio exploratorio del Colegio de la Frontera Norte (Colef) y la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), sobre desplazamiento forzado interno presentado en Tijuana en octubre del 2025 y llevado a cabo entre 2022 y 2023, indicó que las familias llegan a Tijuana, principalmente de Michoacán, Guerrero, Estado de México y Guanajuato.

La investigación reveló que, haber recibido amenazas, miedo a la inseguridad y la extorsión o el cobro de piso, fueron las tres principales causas por las que las familias salieron de su lugar de origen, pero también el ser testigos de delitos, incluso de homicidios, desaparición de un familiar, violencia sexual o de pareja, entre muchos otros.

Óscar Rodríguez, académico del Colegio de la Frontera Norte (Colef) Unidad Ciudad Juárez, Chihuahua, e integrante del Grupo Interdisciplinario en Temas Migratorios en Ciudad Juárez-El Paso, Texas, señaló que el estudio del fenómeno de desplazamiento es relativamente nuevo.

Detalló que, a partir de 2007, tras la fallida guerra contra el narcotráfico del expresidente Felipe Calderón, el fenómeno del desplazamiento forzado comenzó a presentarse en regiones del país.

“Tras el incremento de la inseguridad y la violencia, este fenómeno empezó a adquirir mayor notoriedad en algunas regiones, como en lo que se conoce como el triángulo dorado, entre la sierra de Chihuahua, Durango y Sinaloa, y que se extendió a sus municipios y otras Entidades cercanas”, describió.

Por otro lado, también se vio un incremento sustancial de violencia en la región de Tierra Caliente, en municipios de Michoacán y Guerrero. 

Ambos fenómenos estuvieron asociados, dijo, a grupos criminales que buscaban apoderarse de territorios, rutas hacia Estados Unidos y que también se percibía en estados de la frontera norte.

“Esa estrategia fallida de Calderón derivó en la división de los grandes grupos criminales en pequeñas células que se empezaron a pelear y esto trajo otros focos rojos a nivel nacional”, explicó.

El fenómeno del sur se notó más en los últimos cinco años, puntualizó, ante la falta de seguridad de los Gobiernos.

“De Michoacán, Guerrero y estados del norte, había un mayor flujo de personas intentando ir hacia Estados Unidos”, recordó, “la propagación de la violencia comenzó a elevarse de tipo comunal, y se sumó la violencia criminal, y las personas se hicieron más vulnerables”.

Rodríguez precisó que el desplazamiento forzado interno no es inmediato y, en ocasiones, es repetitivo.

“El desplazamiento forzado no es un evento lineal”, refirió, “la realidad es que el desplazamiento es circular, pasan a alguna comunidad dentro de sus estados, con el tiempo llegan a la frontera norte.

“Pero puede ser un ‘ir y venir’, no es fácil estar meses o años en albergues, incluso hay hasta desintegración familiar ante la incapacidad de los procesos de asilo”, estableció.

En Ciudad Juárez, Chihuahua, y Tijuana, Baja California, hay gran cantidad de desplazados internos, según lo documentado por el Colef, señaló el investigador.

“En Ciudad Juárez hemos visto que hay un número importante, particularmente de Michoacán, de Guerrero; en algunos años también de Zacatecas, Chiapas y Oaxaca. En Tijuana han identificado que viene un flujo igual, de los mismos estados”, detalló.

Rodríguez detalló que la gran mayoría de las personas desplazadas internas llegan al norte por una red existente de apoyo.

Históricamente, Tijuana ha sido un punto recurrente como ciudad de paso, debido a su cercanía con California, sin embargo, en el 2024, la organización World Population Review la situó como la más violenta dentro de las 50 ciudades más peligrosas en el mundo, que midió los homicidios por cada 100 mil habitantes.

Los encargados de refugios o albergues de migrantes han conocido las historias de violencia por años.

En el 2025, dos familias que habían sido desplazadas por la violencia del sur del país y quienes ya residían en la periferia de Tijuana, volvieron a ser violentadas y buscaron apoyo en el Albergue Movimiento Juventud 2000, situado en la zona centro y es coordinado por el activista José María García Lara.

“Fueron dos casos, pero solo pudimos documentar y presentar una queja ante la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), porque una de las familias se fue con premura del albergue y ya no estuvieron localizables”, recordó García Lara. 

La CNDH a su vez encargó el informe a la Comisión Estatal de Derechos Humanos y se denunció ante el Ministerio Público del Estado, en tanto, la familia se movió de la ciudad, porque los delincuentes les habían quitado sus propiedades.

“Venía papá, mamá y sus hijos. Fue algo que me sorprendió, incluso me pregunté ‘¿de verdad está pasando esto en Tijuana?’. No pudieron seguir en la ciudad y los movieron por seguridad”, refirió.

García Lara recordó cómo intentó ser un puente entre los gobiernos del sur y del norte.

“(Las autoridades) no pusieron mucha atención (para medir el fenómeno en ese entonces). Nuestra organización promovió que el gobierno de Michoacán hiciera un acercamiento con el gobierno de Baja California, para hacer un módulo en la frontera e identificar sus problemas.

“Insistíamos en documentar los robos o saqueos de sus propiedades, ranchos, casas, autos, para que pudieran retornar y pudieran recuperarlas. Se firmaron acuerdos con los Gobiernos, pero después ya no se supo nada”, lamentó.

El activista José María García, del albergue Juventud 2000, en la zona centro de Tijuana, ha recibido a familias que huyen de la violencia después de haberse refugiado en esta frontera por problemas de inseguridad en sus lugares de origen.

El Presidente de la Comisión Estatal de Derechos Humanos en Baja California, Jorge Ochoa Orduño, coincidió en que los desplazados internos en ocasiones no solo se enfrentan a problemáticas derivadas de los grupos delincuenciales. En ocasiones también fallan las propias autoridades, apuntó, por ejemplo, que el Ministerio Público no quiera recibir denuncias.

“Por eso, desde la CEDH estamos visitando distintos albergues para ver sus necesidades. La estadística de queja de personas en contexto de movilidad se ha reducido, pero seguimos poniendo módulos en los lugares de concentración de estas personas”, señaló.

Entre los casos de agresión que ha documentado la CEDH está el de una mujer indígena mixteca de 34 años, originaria de Guerrero. 

La joven relató a la autoridad que el 22 de enero del 2024 acudió al bar “Las Pulgas”, en plena zona centro de Tijuana, y en la madrugada del siguiente día abordó un taxi libre color blanco, sin embargo, en lugar de llevarla a su domicilio, la condujo a otro lugar y la agredió sexualmente.

Al intentar huir, la mujer subió una barda, cuando llegó la policía municipal, lejos de ayudarla, la amenazaron, esposaron y la abandonaron a su suerte semidesnuda en un bulevar de alta velocidad denominado Libramiento Sur.

Incluso, la CEDH documentó la actitud agresiva, sin profesionalismo, de una agente estatal de investigación, al poner en duda la veracidad del testimonio de la mujer indígena y, por el contrario, insinuar una responsabilidad de ella en los hechos.

Este trato hostil de la autoridad dio origen a las recomendaciones 2/2025 y 3/2025 por violaciones a los derechos humanos de una mujer indígena por parte de diversas autoridades, incluyendo corporaciones policiales y de investigación.

Anuncian guías para atender a desplazados

Cuando el Colef y la OIM realizaron el estudio en Tijuana sobre el desplazamiento forzado interno, las personas encuestadas refirieron que su mayor necesidad era la orientación jurídica, después le seguían la atención psicológica y la médica.

Las personas desplazadas solicitan más apoyo directamente de las organizaciones de la sociedad civil, pero los gobiernos en los estados de la República también han reflexionado sobre el fenómeno, consideró Yolice Quero Moraur, Oficial Nacional de Protección de la OIM.

Prueba de ello son los protocolos desarrollados en Michoacán y Chihuahua, y la consulta sobre el proyecto de ley de desplazamiento realizada con las comunidades indígenas y afroamericanas en Oaxaca.

“En las reuniones que hemos tenido, particularmente en Baja California, tanto con autoridades estatales como municipales, recordamos que ya estamos a un año del cierre del Programa CBP One.

“Y creo que ha sido un cambio muy importante, porque antes la respuesta era humanitaria: la entrada al albergue, la comida, la orientación inmediata, mientras las personas estaban intentando una cita de CBP One, pero cuando esta figura ya no existe, ahora el gobierno tiene que reflexionar sobre qué tipo de servicios habrá, más allá de una primera fase humanitaria de respuesta”, detalló Quero Moraur.

Habrá que ver si se pueden brindar algunas soluciones a estas personas desplazadas internas, destacó, como posibles servicios, una integración a la sociedad o, incluso, su reubicación por razones de seguridad.

“Hicimos grupos focales en Tijuana sobre desplazamiento interno”, recordó Quero Moraur.

“Puede ser que se dé un segundo desplazamiento, y lo hay, ha sido difícil poderlo detectar, pero se da. Este segundo movimiento es voluntario, dependiendo de cada caso, por no encontrar soluciones o acceso a una integración al lugar del primer desplazamiento”, añadió.

Dio a conocer que la OIM está colaborando con autoridades del Gobierno de Baja California en el desarrollo de una guía operativa de atención a personas desplazadas, tanto por violencia como por un tema de desastres.

El especialista precisó que el trabajo ha sido junto a la Subsecretaría de Atención a Grupos Prioritarios del Estado, la Dirección Municipal de Atención al Migrante y el Consejo de Asuntos Migratorios.

“Las autoridades de Baja California están conscientes del fenómeno y sí tienen una preocupación por dar respuesta al mismo, por eso se trabaja con ellos unas primeras guías operativas.

“El trabajo tendrá que ser con las diferentes dependencias para sensibilizarlas sobre la población. Hay una situación de xenofobia entre la población general y, por otro lado, de una constante búsqueda de trabajo (por parte de los desplazados), es decir, los desplazados requieren insertarse en la sociedad”, explicó la directiva de OIM. 

Dentro de las mesas de trabajo en Baja California, hay una especializada en el acceso a la justicia.

La OIM considera que este trabajo piloto de Baja California podría replicarse en otros estados, tomando en cuenta la tarea que ya se ha hecho en algunas otras regiones de la República.

“Sería interesante, ya estamos documentando todo el proceso con Baja California: la metodología, el desglose de información, las entrevistas con enfoque diferenciado. Queremos publicar parte de los hallazgos de los grupos focales y mesas, mientras que haya voluntad política”, determinó la directiva.

La OIM trabaja en guías operativas para que las autoridades, municipales y estatales, sepan cómo reaccionar ante las necesidades de la población desplazada.

“Creemos que hace falta construir de abajo hacia arriba, y que haya un trabajo local, estatal, municipal, en este momento estamos colaborando con ellos para el desarrollo de unos lineamientos, de una guía operativa de cómo responder según la causa de desplazamiento”, anunció.

Y es que hacen falta herramientas de capacitación a servidores públicos, y reconocer que no solo la inseguridad es relevante como causal de desplazamiento, sino también los desastres, como los deslizamientos de tierra que ocurren en Tijuana.

“Así garantizamos que haya un acompañamiento distinto, un ejercicio de consulta para temas de reubicación. Los actores son distintos también dependiendo del tipo de desplazamiento interno”, detalló.

En México no hay una ley federal sobre desplazamiento interno, acotó Quero Moraur. Hay leyes a nivel estatal en Chiapas, Guerrero, Sinaloa, Zacatecas y Oaxaca, pero más estados podrían trabajar en ella.

Pese a que Martín se encuentra un poco más estable económicamente, el miedo de contratar por equivocación a miembros de la delincuencia organizada sigue presente. Prefiere trabajar solo, dijo, pues ya que no confía en nadie.

“Más vale tener segura a mi familia, aunque gane menos (dinero) sin empleados”, sostuvo. Por seguridad, su esposa lo acompaña a trabajos de plomería y albañilería en las colonias, pero no entra en las casas, lo espera afuera, pues temen a las estafas y extorsiones de Tijuana.

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Agua

CESPM, rehén de ambiciones personales y políticas

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Desde la entrada de Armando Carrazco a la dirección de la Comisión Estatal de Servicios Públicos de Mexicali (CESPM) han administrado la paraestatal con dispendio, favoritismos y fines electorales.

En el año 2024, cada semana durante la campaña de Erick Morales se trasladaba personal de confianza de Carrazco por órdenes de Carlos Torres Torres, a entregar un maletín de dinero para inyectarle a la campaña, así como personal en funciones que fue desplazado a la ciudad de Tijuana, cobrando aun en Mexicali, informan empleados de la CESPM que piden su anonimato.

En cuestiones laborales, fuentes de la sección Mexicali del Sindicato de Burócratas, señalan que Carrazco no ha basificado a ni un solo empleado por parte del organismo sindical; sin embargo, sí lo ha hecho con sus funcionarios.

También hay muchos empleados en nómina pero que no trabajan, los denominados “aviadores”, así como el otorgamiento de bases a amigos y familiares de Carrazco y su director administrativo, Víctor Manuel Picos Ramírez.

La mano de Carlos Torres  

Fuentes internas de la CESPM precisan que este esquema de corrupción y favoritismo se remonta a la administración de Armando Samaniego, por instrucciones de Carlos Torres, para usar la paraestatal como caja chica de Gobierno del Estado, financiadora de campañas políticas y lugar donde acomodar a su gente con cargo al erario.

A Samaniego le permitieron disponer de personal cuando lo cambiaron a la Comisión Estatal del Agua, y otorgaron bases en acuerdo con el entonces dirigente Manuel Guerrero, dicen los empleados.

Desde perfiles de trabajadores, hasta aviadores, hay quienes siguen en nómina, pero a disposición de las funciones del diputado Samaniego, declaran fuentes del organismo del agua.

Citan como ejemplo a Luis A. Valdivia, quien, según los últimos datos, está en la nómina de Zona comercial 2 en los Santorales; o Mario Gerardo Tejeda, quien está comisionado al Sindicato que dirige Guillermo Aldrete, pero nadie sabe dónde están y qué hacen, pero sí cobran.

Armando Samaniego, comenta que él asumió la dirección de la CESPM con 12 millones de pesos en caja, y la dejó con 400 millones. Además, que a su llegada la nómina representaba el 65 por ciento del presupuesto y a su salida quedó en 35 por ciento.

“La gravedad del deterioro ya no permite simulaciones: la responsable de adquisiciones, Lucia Janet Sing, utiliza al personal en horas laborales para hacer trabajos en su vivienda con cargo al organismo. O el jefe del taller mecánico, Francisco José Gómez Arce, que insulta y llama pendejos a los trabajadores a su cargo”, mencionan los empleados.

Precios inflados

Esta administración se ha caracterizado por ausencia operativa, uso político del cargo, corrupción, tráfico de influencias y un manejo en opacidad los recursos públicos.

La CESPM compró un sistema de cámaras de seguridad y equipos tecnológicos muy por arriba de precios de mercado, instalados en los edificios en acuerdo entre el subdirector administrativo, Víctor Manuel Picos Ramírez y el jefe del Área de Sistemas Tecnológicos, Francisco Javier Gallegos Báez, a través de la empresa GYO La Nube Proyectos Estratégicos, propiedad del propio Báez y del administrador del congreso, Antonio Olivas Arredondo (GYO es por Gallegos y Olivas).

Esta empresa fue acusada de fraude por 16 millones de pesos contra el Ayuntamiento de Ensenada.

El contrato firmado con el Ayuntamiento de Ensenada.

Una publicación del Semanario Zeta, de septiembre de 2017, da cuenta de la historia de José Antonio Olivas Arredondo, quien en aquel entonces formaba parte del comité directivo municipal del Partido Revolucionario Institucional (PRI) en Mexicali como coordinador de redes. La nota añade que estuvo casado con Lourdes Celeste Jiménez Ruiz, y que el padre de ésta, José Carlos Jiménez Payán, era director del Colegio de Estudios Científicos y Tecnológicos del Estado (CECYTE), donde Olivas Arredondo se desempeñó como jefe del Departamento de Programación y Evaluación de 2002 a 2009, pero salió de ese cargo debido a una denuncia por desvío de casi 50 millones de pesos que recayó sobre Jiménez Payán, quien fue detenido y liberado gracias a un amparo.

“Al salir de CECYTE, Olivas Arredondo se acomodó en el gobierno del priista Francisco Pérez Tejada, de 2010 a 2013, como jefe del Departamento de Innovación Gubernamental”, destaca el semanario, lo que explicaría cómo llegó al cargo que hoy ostenta.

La Nube

El jefe de Tecnologías de la información, Francisco Javier Gallegos Baez se autovendió un sistema innecesario con un costo de 20 millones de pesos para la CESPM.

A través de GYO La Nube Proyectos Estratégicos y Tecnológicos de Baja California, adquirieron un programa informático que no se necesitaba, ya que actualmente existe uno funcionando que se puede mejorar y actualizar por los empleados programadores del área, informan trabajadores de la CESPM.

El nuevo y caro sistema, ni siquiera lo han podido echar a andar. Explican las fuentes anónimas que se trata de un sistema que se pretende utilizar en las oficinas recaudadoras, con funciones de cobro y facturación.

“Son varios módulos; lo compraron en agosto del año pasado se pagó la mitad (10 millones de pesos) y este año en mayo, será el pago de la otra mitad. Además, este señor es proveedor de la App de CESPM, la cual vendió por casi 1millon de pesos y le sigue haciendo modificaciones a través de su empresa y obvio cobra bastante por esos cambios”, declaran.

Contrato de la aplicación de la CESPM.

La empresa se llama IMEXSOFT con sede en la Ciudad de México, por cerca de 20 millones de pesos para la adquisición de un sistema de gestión comercial para organismos operadores de agua, impulsado por el actual jefe de tecnologías de la paraestatal, quien teniendo un equipo de trabajo de 20 personas en su departamento, entre quienes están desarrolladores de software, ingenieros y licenciados en sistemas, además de un sistema comercial ya existente y funcional, cobró millones por algo que aún no funciona. 071-CS-43/25 este es el número de contrato de la compra de la licencia.

El sistema actual se ha ido desarrollando y adaptando a través de años, de acuerdo con la información proporcionada, está muy completo e incluye módulos como cobros de trámites y facturas, aclaraciones, convenios, instalaciones, registro de ingresos, etc.

La app de la CESPM.

Gallegos Báez ha contratado personal que no se requiere en el departamento y que a su vez son trabajadores de su empresa, GYO proyectos Estratégicos y tecnológicos del noroeste de Baja California.

Gallegos Báez, con la anuencia de Carrazco, ha conseguido la contratación de su cuñada Anabell Robles Maldonado quien labora en el área de recursos humanos y su amigo Roberto Ruiz, coordinador administrativo en el Departamento de Agua y Saneamiento. También de Gisela Flores Baltazar, Gabriel Rivera Bañuelos y David Montiel, adscritos al Departamento de Tecnologías de la información.

Los basificados

La opacidad es la norma en la CESPM. No se ha rendido cuenta alguna del estado financiero ni administrativo de la Comisión Estatal de Servicios Públicos de Mexicali, a pesar de múltiples solicitudes internas y ciudadanas.

Lo más grave es la estructura paralela de poder, ya que se han otorgado bases a jefaturas y subdirectores, volviéndose sindicalizados y contraviniendo con ello lo establecido en la Constitución, la Ley Federal de Trabajo y del Servicio Público. Subdirectores y jefes de departamento han sido nombrados y beneficiados con base, sobre el personal operativo, en clara complicidad con el Sindicato de Burócratas, minando la legalidad y la imparcialidad en la administración. Aquí algunos ejemplos.

Laura Lizeth Velazquez Castrejon es hermana del Jefe del de Obras Ángel Salvador Velazquez Castrejon, le acaban de dar su base con 3 años de servicio cuando hay trabajadores todavía sin base con 20 o 30 años de servicio.

Josué Alejandro Gallardo Peña, subrecaudador de rentas de la oficina recaudadora zona 6 de González Ortega, le dieron su base en abril del 2025; igual a Jesús Alfredo López Villegas Jefe de la oficina de potabilización; también a Carlos Alberto Pérez Encinas Jefe de redes de Zona 9 Ciudad Morelos; y a María de Jesús Moedano, coordinadora Administrativa de la Subdirección comercial.

El subdirector Administrativo, Víctor Manuel Picos, le consiguió base a José Herrera Ruiz, jefe de la oficina de control presupuestal; y a su muy cercana Leticia Barboza Pérez, coordinadora administrativa en la Subdirección Administrativa, con apenas 1 año de servicio.

Armando Carrazco.

Otros basificados con poco tiempo de servicio, gracias a favores de Picos son Luis Antonio Hernández Maldonado, subdirector Técnico y David Alejandro Aguilar, supervisor de la Subdirección Administrativa.

“Hay muchos, y no hay sindicato que defienda los derechos de los trabajadores”, declaran los empleados.

Martha Carolina Vázquez con 3 años de servicio obtuvo su base en febrero de 2025, gracias a su amistad con Carrazco, al igual que Megan Nicole Barojas Buruel y Manuela Nazaria Tellez, quienes ya fueron basificadas.

“El sindicato tiene una lista de hijos de jubilados qué según el contrato colectivo tienen derecho a formar una bolsa de trabajo, pero el director no la respeta y simplemente la ignora a pesar de que los trabajadores presionan al sindicato, sin embargo, cada mes el director contrata a mucha gente que son los que le ayudan en sus jornadas de campaña, y los hijos de jubilados no se toman en cuenta, el sindicato está vendido es pura simulación”, dicen los trabajadores del organismo del agua.

Agregan, con razón, que el Sindicato estaría obligado a suspender los derechos sindicales a todos estos jefes durante el tiempo que duren en el cargo, ya que ellos no lo solicitaron cuando obtuvieron su puesto siendo de base y la cual no debieron otorgarles siendo jefes o teniendo personal a su cargo, ya que ellos representan al patrón y existe un conflicto de intereses.

Caos y desorganización

Con las preocupaciones que tiene Carrazco por sus amenazas del crimen organizado, quien toma las decisiones en la CESPM es Arturo César Alonso Navarro, quien hace cambios de personal, dispone de recursos, y toma decisiones a sus anchas, señalan fuentes internas.

En la subdirección técnica, hace lo mismo Ángel Salvador Velázquez Castrejón, quien ha desplazado a los ingenieros de carrera, debilitando la autoridad técnica real en la institución, que fue tomada como rehén por Carlos Torres Torres, tomando decisiones y disponiendo de sus recursos, con el pleno conocimiento de la gobernadora Marina del Pilar Avila Olmeda, quien ha defendido la permanencia de Carrazco al frente la caja chica de Gobierno del Estado.

“El mismo director ha contratado a muchísima gente y primero los contratan como asimilados sin seguridad social, con sueldos muy bajos y los trae a todos en sus jornadas de servicio que la realidad es que es campaña política para su imagen; van a colonias, instalan funciones de cine para niños, limpian terrenos baldíos y todo eso está bien pero utiliza recursos para funciones que le corresponden al municipio y no a CESPM qué tiene tantos temas que arreglar”.

A todos esos que contrata y los trae en campaña de sus jornadas los tiene con promesas qué los va a contratar y a veces duran hasta 2 años en esa situación, remarcan las fuentes; dicen que ha inflado la nómina de gente que no se ocupa pero que ya le estuvo ayudando en sus jornadas y le siguen sirviendo.

“La CESPM, que en otras administraciones logró sostener niveles aceptables de operación y servicio, hoy se encuentra erosionada en su estructura, su credibilidad y su capacidad de respuesta. Lo que debería ser un organismo técnico y eficiente, ha sido utilizado como trampolín político, bolsa de empleos parásitos, para aliados y caja chica para gastos poco claros y electoreros”, subrayan los trabajadores.

Para dejar clara la situación financiera y el manejo de los recursos de la CESPM piden una auditoría financiera y administrativa integral; la sanción y remoción inmediata de los funcionarios involucrados; la intervención del Congreso y del Gobierno del Estado, para corregir el rumbo institucional y la creación de un Consejo Ciudadano de Vigilancia.

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