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Matices: La aprobación de la reforma judicial en BC

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Sangrienta jornada la de ayer en el Congreso del Estado, donde contrario a lo que afirma el diputado multipartido, Juan Manuel Molina, las puertas estaban cerradas desde temprano. Impresionante ver hasta donde llegaron las cosas, los vidrios quebrados, las manchas de sangre, algunas manifestantes llorando.

La prisa por aprobar la reforma en lo estatal es una ofrenda a López Obrador. Con notificaciones de última hora, sin aceptar el más mínimo cambio, y sin debate; los morenistas y aliados solo repitieron los argumentos dictados desde el centro del país.

Además en la sesión en línea algunos diputados se vieron mal al no dar la cara y prender sus cámaras, y otros sonreían socarronamente o estaban distraídos con otra cosa mientras los legisladores de oposición hablaban sobre sus motivos y proponían un análisis más minucioso. Pero no, la aplanadora votó y Baja California se congració con el presidente.

Esta mañana la gobernadora posteaba en sus redes una felicitación a los diputados y hablaba de las bondades de la reforma. Ni una sola palabra sobre los hechos violentos de ayer, solo una línea dedicada a los trabajadores del Poder Judicial diciéndoles que no serán afectados.

Mientras la manifestación en el congreso estaba en su apogeo, Jaime Bonilla acudía a su cita con la justicia en el Río Nuevo. Llegó muy sedita, sin declaraciones incendiarias como antes, a pesar del par de lanzamientos de la prensa para que pegara “home run”.

A la salida, cuando ya estaba informado -y libre-, tampoco quiso decir gran cosa e hizo gala de una diplomacia y una prudencia que extrañamos en su corta administración. En fin, esa historia continuará.

En otro tema, se pelearon el pseudocomunicador Víctor Lagunas Peñaloza y el extorsionador gubernamental de medios Ariel Lizárraga Montero. Mientras la gallina de los huevos de oro le estaba dando a Lagunas (léanse contratos de publicidad), pues el tigrito parecía ignorar los antecedentes penales y la riqueza de quien fuera el verdadero director de comunicación social.

Pero cuando le cortaron los contratos de repente vio la luz y se puso a publicar lo que ya estaba publicado sobre Ariel. Éste le puso una orden de restricción por hostigamiento y ahora Lagunas no puede acercarse. La única que sigue haciendo fuerte al pseudocomunicador con contratos es Montserrat Caballero.

Y hablando de Lizárraga, se rumora que lo investigan desde Gobierno del Estado por un faltante de 200 millones de pesos, donde también saldrá raspado Néstor Cruz. Aunque ya le amarraron las manitas quitándole poder en Comunicación Social, Ariel sigue siendo uno de los asesores de Carlos Torres y de cualquier miembro del gabinete que se deje seducir por su labia.

Sigue sin respuesta mi petición sobre la información de lo gastado en estrategia digital, donde tal vez aparezca el pago por este texto lleno de adulaciones hacia Ariel publicado por Badabun.

O chequen este video del 3 de septiembre pasado, que publicita el viñedo que posee en el Valle de Guadalupe, que esperemos no nos haya costado a los bajacalifornianos.

Para eso quieren desaparecer al Instituto de Transparencia, para no dar cuentas del dinero público. A los gobiernos morenistas no les gusta dar cuentas de sus actos ni estar sujetos al escrutinio, por eso no tardan en acabar con los contrapesos, eliminando a siete organismos autónomos.

En otro asunto, nos cuentan que Hael Osuna Cota, hijo de la líder local de los burócratas, Selene Cota, ya tiene su base en el Congreso del Estado. Sin duda un privilegio que ejercen todos quienes pasan por el cargo, mientras los trabajadores que llevan años esperando, pues seguirán esperando.

Nos cuentan que Rafael Domínguez Coronel, delegado de ISEP en Tecate sigue trabajando feliz de la vida a pesar de las denuncias por hostigamientos y malos tratos hacia sus compañeras de trabajo. A ver cuándo le pone atención al tema la gobernadora y el secretario de Educación, ya que habría varias investigaciones en control interno.

Rafael Domínguez.

Y hablando de acosadores, hoy por la noche se hizo público el caso de hostigamiento hacia una joven reportera por parte del exdiputado y ahora administrador del congreso, Víctor Navarro, quien la llevó a su oficina y le hizo varios comentarios muy fuera de lugar tras la conferencia de prensa de hoy.

Reprobamos enérgicamente el comportamiento del funcionario. Ojalá que la reportera en cuestión haga lo conducente, que es denunciar, para que se abra una carpeta y se investigue. También puede acudir a la Unidad de Género del mismo congreso para levantar una queja, como lo hizo la semana pasada la compañera Indira Mata contra Rubén Gómez, por un altercado sucedido en las instalaciones del congreso.

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Algo cada día: El teatro del absurdo

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COLUMNA INVITADA/Por Fernando Ruiz del Castillo

La política mexicana vuelve a demostrar que, cuando está en problemas, prefiere montar un espectáculo antes que enfrentar la realidad. La detención del exgobernador Ernesto Ruffo Appel, acusado de delincuencia organizada y contrabando, parece menos un acto de justicia que un intento por desviar la atención de otro asunto mucho más delicado.

No hace falta buscar explicaciones complicadas sobre el momento en que ocurrió el arresto. Fue una decisión política mal ejecutada. En Palacio Nacional y entre sus aliados parece haber más preocupación por apagar el escándalo que rodea a la gobernadora Marina del Pilar Ávila que por castigar los presuntos delitos de un exgobernador. Si Ruffo cometió un delito, deberá responder ante los tribunales. Pero el verdadero problema para el gobierno está en otro lado.

Todo apunta a que la detención busca quitar reflectores a los audios filtrados donde, presuntamente, la gobernadora habla de obtener protección e inmunidad a cambio de colaborar con agencias extranjeras. Más allá de quiénes sean sus interlocutores, el asunto de fondo es muy serio. Si un gobernante ofrece información o favores a otro país para protegerse políticamente, el tema deja de ser un simple escándalo y entra en el terreno de la lealtad al Estado mexicano.

Pensar que la opinión pública olvidará ese tema porque detuvieron a un exgobernador de hace décadas es subestimar la inteligencia de los ciudadanos. La maquinaria oficial ha difundido ampliamente la noticia de Ruffo, pero el resultado parece ser el contrario: en lugar de apagar el incendio, ha provocado que más personas vuelvan a mirar hacia Baja California y a preguntarse qué está ocurriendo realmente.

Si el gobierno de Claudia Sheinbaum cree que la justicia puede aplicarse solo cuando conviene políticamente, está corriendo un riesgo muy grande. La vieja estrategia de crear un escándalo para ocultar otro cada vez funciona menos. Hoy la gente tiene más información, compara versiones y saca sus propias conclusiones.

Lo preocupante es que cada vez parece más claro que la Fiscalía actúa con criterios políticos y no únicamente jurídicos. Mientras tanto, los audios que involucran a la gobernadora siguen ahí. No desaparecen con conferencias de prensa ni con detenciones espectaculares.
Al final, el caso Ruffo podría recordarse no por sus implicaciones legales, sino como el intento de un gobierno por desviar la atención de un problema mucho más grave. La pregunta ya no es solamente qué hizo un exgobernador hace años, sino hasta dónde está dispuesto a llegar el poder para proteger a quienes hoy lo representan.

El laberinto del miedo

Si la detención de Ruffo fue una cortina de humo, lo realmente preocupante es preguntarse por qué el gobierno sintió la necesidad de lanzarla. La respuesta parece sencilla: miedo.

No da la impresión de que el oficialismo esté protegiendo a sus integrantes por lealtad o por principios. Lo hace porque teme que, si alguno se siente abandonado, termine colaborando con autoridades extranjeras para protegerse. Cuando eso ocurre, significa que dentro del propio gobierno la confianza empieza a romperse.

La administración de Claudia Sheinbaum enfrenta un problema que va más allá de la oposición. El verdadero riesgo parece estar dentro de su propio movimiento. Cuando un grupo político comienza a desconfiar de sus propios integrantes, las decisiones dejan de tomarse con serenidad y empiezan a responder al temor de perder el control.

En ese contexto, la Fiscalía General de la República del Bienestar da la impresión de actuar más como herramienta política que como una institución dedicada exclusivamente a impartir justicia. Al mismo tiempo, un Poder Judicial del Bienestar cuestionado y debilitado genera la percepción de que existen pocos contrapesos para frenar posibles abusos. Y quien termina pagando las consecuencias es el ciudadano común.

Por eso cada vez más personas depositan su esperanza en instituciones extranjeras. Es una señal muy preocupante para cualquier país. Cuando la gente confía más en autoridades de otro lugar que en las propias, significa que las instituciones nacionales han perdido buena parte de su credibilidad.

Todo indica que veremos más detenciones mediáticas, más conferencias y más intentos por cambiar la conversación pública. Pero esas estrategias difícilmente resolverán el problema de fondo. La confianza no se recupera con propaganda.

La historia demuestra que los gobiernos que actúan desde el miedo suelen cometer sus peores errores. Cuando el objetivo principal deja de ser gobernar y pasa a ser sobrevivir políticamente, las decisiones terminan agravando la crisis.

Hoy la verdadera pregunta no es si el oficialismo logrará contener el desgaste. La duda es cuánto daño institucional dejará antes de que esta crisis llegue a su desenlace.

Antes del desenlace

La decisión de la jueza de vincular a proceso a Ernesto Ruffo Appel y mantenerlo recluido en el penal del Altiplano cambió el tablero político, pero no necesariamente el fondo del problema. A partir de ahora, el gobierno federal puede afirmar que no fue solo la Fiscalía quien actuó, sino también un Poder Judicial que encontró elementos suficientes para continuar el proceso. En términos de comunicación política, Morena consiguió un respiro.

Pero un respiro no es una absolución política. La vinculación a proceso no equivale a una sentencia condenatoria. Significa, simplemente, que existen indicios para llevar el caso a juicio. La verdadera prueba vendrá cuando las evidencias sean sometidas al escrutinio de un tribunal. Ahí terminará la política y comenzará el derecho. O, al menos, eso debería ocurrir, aunque con los jueces del bienestar todo puede ocurrir.

El problema para el oficialismo es que la sospecha sobre el momento elegido para actuar, insisto, no desaparece. La detención ocurrió en plena tormenta provocada por los audios que involucran a la gobernadora Marina del Pilar Ávila. La resolución judicial fortalece la narrativa del gobierno, sí, pero no borra la percepción de que el caso también tuvo una utilidad política: cambiar la conversación pública.

Ahora Morena enfrenta un desafío mucho mayor. Si el expediente contra Ruffo es sólido y concluye con una sentencia sustentada en pruebas contundentes, el gobierno podrá presumir que nadie está por encima de la ley. Pero si el caso se desmorona por errores procesales, pruebas insuficientes o inconsistencias, la historia cambiará por completo. Lo que hoy parece un triunfo podría convertirse en el ejemplo más claro de justicia utilizada como herramienta política.

Y hay otro riesgo que el oficialismo no debería minimizar. Mientras despliega toda la fuerza del Estado contra un exgobernador panista, la opinión pública sigue esperando el mismo rigor frente a los señalamientos que pesan sobre funcionarios del propio movimiento. La justicia pierde credibilidad cuando parece tener calendario político y destinatarios selectivos.

Por eso el caso Ruffo dejó de ser solamente el juicio de un exgobernador. Se convirtió en el juicio de la propia Fiscalía, del nuevo Poder Judicial y del discurso presidencial que promete una justicia pareja para todos.

Al final, la pregunta ya no es si Ernesto Ruffo será declarado culpable o inocente. La verdadera incógnita es si el gobierno podrá demostrar que este proceso responde exclusivamente a la ley y no a la necesidad de sobrevivir a una de las peores crisis políticas que ha enfrentado desde que llegó al poder. Porque una sentencia puede cerrar un expediente, pero solo la imparcialidad puede cerrar la duda.

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Matices: Simulaciones

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La aprehensión del exgobernador Ernesto Ruffo Appel es la noticia de esta semana, tras la revelación de más audios de la gobernadora Marina del Pilar Avila Olmeda, más sensibles cada uno que el anterior.

Desde el momento en que acepta la autenticidad de las pláticas grabadas, la mandataria ya no tiene mucho márgen de acción. Solo queda tratar de explicar que lo que dijo, sí lo dijo, pero no como lo entendemos todos, sino en su muy particular punto de vista.

La idea de culpar al exgobernador morenista Jaime Bonilla hasta el tercer audio, desarma esa versión y quedan en evidencia varias cosas: tiene pésimos asesores o toma pésimas decisiones; es extremadamente ingenua o extremadamente mitómana; la estrategia de irse contra Ruffo habla de la gravedad de sus asuntos y la urgencia de acallarlo con algo tan grande, tan mediático y tan mal medido, que sin duda ya está viendo que le salió contraproducente. Si hubieran agarrado al mismo tiempo a los funcionarios y exfuncionarios morenistas involucrados en casos de huachicol, a lo mejor se la creíamos, pero resulta que el ensenadense fue el único afectado tras supuestas investigaciones.

En otro tema, sigue la corrupción en los alcoholímetros de Tijuana. Ya lo habíamos publicado en noviembre de 2024, y sigue sucediendo ahora mismo: empleados del ayuntamiento de la coqueta ciudad, que forman parte en las detenciones, solicitan a los ciudadanos dinero para arreglar en lo económico su situación, por lo que no están ingresando al municipio esas cantidades.

El modus operandi es que les piden documentos, los citan cerca de los corralones con dinero en efectivo y documentos oficiales, para hacer un trámite no oficial. A ver si el nuevo presidente municipal, Abdiel Gutiérrez, hace algo, o veremos si Ismael Burgueño solo le encargó que cuidara el negocio.

Adrián Medina Amarillas está considerando aceptar la candidatura a la diputación federal distrito 1. Al doctor le gustó el servicio público, en el que ha tenido varios tropiezos, y su cabeza ha sido pedida por distintos actores políticos. Aún así, le late el corazoncito por entrarle a la política federal.

Conseguirle trabajo a su hija Mónica, creadora de contenido para redes sociales, fue uno de esos tropiezos. Primero estuvo en comunicación social, cuando Néstor Cruz era el titular del área, y luego, malamente, le inventaron un cargo que no existía en el Issstecali, un organismo en quiebra al que le siguen cargando la mano acomodando burócratas.

Por cierto, que Mónica es suplente del diputado local Jaime Cantón. Ambos pertenecen a la comunidad de la diversidad sexual, y desde antes de las elecciones salieron a la luz conflictos entre ellos, ya que al parecer a Cantón no le gustó que Mónica tuviera más atención en las redes sociales y la hicieron a un lado hasta hacerla prácticamente invisible en lo que respecta a su relación con esa diputación.

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El Día del Abogado: entre molinos de simulación y caballeros de dignidad

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COLUMNA INVITADA/Por Guillermo Rivera Millán

El Día del Abogado en México se ha convertido en fiesta de molinos disfrazados de gigantes. El sistema de justicia, tanto local como federal, gira entre corrupción, simulación y falta de acceso real a la justicia. En los tribunales se repiten fraudes disfrazados de elecciones. En los federales se pregona justicia abierta que no abre camino a los desaparecidos ni a los vulnerables. La justicia aparece como doncella vendada, cuando debería mostrarse como dama incorruptible y clara.

Muchos notables callan como mudos. Otros se arriman al poder como moscas a la miel. El mérito no vale si se anda cerca del amo. La mayoría de las facultades de derecho, que deberían ser templos de saber, se prestan a campañas y discursos huecos como mesones de feria, incluso permitiendo que sus espacios se usen para simulaciones políticas que comprometen su neutralidad. Más papeles que justicia. Más sellos que verdades.

Incluso la Suprema Corte organiza eventos de “justicia abierta y cercana al pueblo”. Pero esa justicia sigue siendo simulación: se anuncia como nueva, pero permanece vendada y oculta, envuelta en retórica popular. Ironía pura: el día que debería ser fiesta de la dignidad jurídica se convierte en escaparate de discursos huecos.

No todo está perdido. Hay jóvenes que estudian leyes con convicción, abogados que aún creen en la justicia y maestros y litigantes en retiro, como exjueces, magistrados y ministros éticos que siguen vivos.

El Derecho no es negocio, es servicio. La ética no se predica como sermón, se vive como pan de cada día. Sin embargo, el mensaje que reciben los estudiantes es devastador: el mérito no importa si se está cerca del poder.

La justicia no se tuerce sola. Se tuerce porque hay ciudadanos que la empujan hacia la trampa. Empresarios que contratan abogados sin ética para ganar pleitos injustos, familias que buscan favores en lugar de derechos y ciudadanos que aceptan la corrupción como si fuera camino natural.

El ciudadano no es escudero de la justicia, es cliente que paga por torcerla. La justicia se corrompe cuando la sociedad la tolera como moneda de cambio.

También se dignifica cuando el pueblo exige rectitud y premia a los abogados que sirven con honor. La justicia no puede sostenerse sin respeto a los principios constitucionales. La irretroactividad, el respeto a la propiedad privada, a la certeza jurídica y los derechos humanos no son adornos, son pilares.

La independencia judicial es condición indispensable para que los juzgadores sean capaces de recordar, como en Berlín, que siempre debe haber jueces y magistrados dispuestos a frenar el abuso del poder. Las facultades de derecho deben revisar sus planes de estudio para formar abogados críticos y comprometidos. La crítica debe acompañarse de propuestas: transparencia en tribunales, rendición de cuentas y ética profesional desde la formación.

Existen caballeros y damas de la abogacía que aún dignifican la profesión: estudiantes, litigantes, jueces y ciudadanos que rechazan la corrupción. Ellos son los que demuestran que, pese a todo, aún hay jueces en Berlín.

La justicia, aunque hoy parezca sometida al capricho del poder, todavía puede ser un gigante noble, pero solo si se la enfrenta con convicción y ética.

Este 12 de julio de 2026 no debe ser solo un día de discursos huecos. Recordemos que desde 1960, cuando se instituyó oficialmente el Día del Abogado en México, la intención era honrar la dignidad de la profesión y el compromiso con el Estado de Derecho.

Hoy, más que nunca, esa conmemoración debe ser un recordatorio de que aún hay caballeros y damas de la abogacía que defienden la justicia. Felicitamos a quienes, desde la academia, el litigio, el juzgado y el retiro, sostienen la justicia como pan de cada día. Y a la ciudadanía que elige rectitud sobre simulación.

El Día del Abogado en México no debe ser ritual vacío. Debe ser compromiso con la dignidad de la profesión. La verdadera fiesta será cuando la justicia deje de ser privilegio y se convierta en derecho efectivo para todos. “Porque la justicia no se honra con brindis ni aplausos huecos, sino con sentencias justas, con litigios defendidos con empatía y ética y con enseñanzas académicas que forman generaciones capaces de resistir al poder.”

*Director general del despacho De la Peña y Rivera S.C. Fundador de Justicia que Transforma México A.C.

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