Connect with us

Columna

Algo cada día: La sombra del Congreso de BC

Publicado

on

COLUMNA INVITADA/Por Fernando Ruiz del Castillo

Antes de entrar de lleno en el análisis, quiero expresar mi más sincero agradecimiento a Dianeth Pérez Arreola, directora del portal Brújula News, por la invitación para sumarme como colaborador semanal a este espacio. En tiempos donde la narrativa oficial intenta imponer una sola visión, es indispensable reconocer y celebrar la existencia de plataformas que, como esta, mantienen la apertura, la independencia y la pluralidad como sus ejes rectores.
Me entusiasma incorporarme a un ejercicio periodístico que no le teme a la crítica constructiva y que entiende que la verdadera riqueza de nuestra democracia reside en la libre confrontación de ideas.

La sombra del Congreso de BC

En el discurso público, el Congreso de Baja California se presenta como un órgano abierto, moderno y comprometido con la transparencia. En tribuna, sus integrantes apelan con frecuencia al derecho ciudadano a saber, a la rendición de cuentas y a la máxima publicidad. Sin embargo, cuando se trata de transparentar su propia casa —la plantilla de personal, los sueldos, las prestaciones y las compensaciones de diputados, diputadas y su aparato burocrático— el telón baja y la opacidad se impone.

Las cifras son elocuentes y preocupantes. Entre 2010 y 2013, la nómina del Congreso prácticamente se duplicó: pasó de 328 a 658 trabajadores. No se trató de un ajuste marginal ni de una reingeniería administrativa menor; fue un crecimiento explosivo que difícilmente puede explicarse solo por el fortalecimiento institucional. Para septiembre de 2015, se reportaban 177 empleados asignados específicamente a módulos y comisiones. En 2020, el total de personal ascendía a 587 personas.

Lejos de contenerse, la tendencia se ha mantenido. En 2024, los datos indican que existen 241 trabajadores destinados exclusivamente al apoyo de los 25 legisladores. El promedio es contundente: 9.6 empleados por diputado. Se trata de la segunda nómina de apoyo legislativo más alta del país. ¿En qué momento se discutió públicamente este crecimiento? ¿Dónde están los informes detallados que expliquen la necesidad, el perfil y la productividad de cada plaza?

El problema no es solo el tamaño de la nómina, sino el muro que la rodea. Desde 2025, la Ley de Transparencia vigente obliga al Congreso a publicar su plantilla completa en el portal oficial, con nombres, puestos y remuneraciones detalladas. Los reportes deben actualizarse mensualmente e incluir tanto al personal de base como de confianza, así como los recursos financieros que cada legislador recibe individualmente para contratar equipos de asesoría.
En teoría, el marco normativo es claro.

En la práctica, la información se presenta de forma fragmentada, tardía o incompleta. Los listados omiten detalles esenciales sobre compensaciones, bonos, gratificaciones y apoyos adicionales. Los tabuladores no siempre permiten identificar con precisión cuánto perciben, en conjunto, los diputados ni el costo real de sus equipos. La opacidad no siempre se materializa en la negativa abierta, sino en la saturación de datos irrelevantes y la ausencia de los verdaderamente sustantivos.

Esta incongruencia resulta especialmente grave porque el Congreso no es un ente cualquiera: es el órgano que legisla, fiscaliza y exige cuentas a los demás poderes. ¿Con qué autoridad moral puede demandar transparencia al Ejecutivo estatal o a los municipios si su propia estructura salarial y administrativa permanece en la penumbra?

El crecimiento de la plantilla no es, por sí mismo, sinónimo de corrupción o ineficiencia. Un Poder Legislativo robusto requiere asesores, técnicos, personal jurídico y administrativo. Pero en una entidad con profundas carencias sociales y presupuestales, cada peso destinado al aparato legislativo debe estar plenamente justificado y documentado. Más aún cuando se trata de recursos asignados directamente a cada legislador para la contratación de su equipo, sin que exista claridad pública suficiente sobre los criterios de selección, perfiles profesionales y resultados obtenidos.

La ciudadanía bajacaliforniana no está pidiendo un favor; está ejerciendo un derecho constitucional. El acceso a la información pública no es una concesión graciosa del poder, sino una obligación jurídica y ética. Cuando el Congreso retrasa, diluye o complica el acceso a datos tan básicos como la nómina y las remuneraciones, envía un mensaje inequívoco: el discurso de apertura es retórico, no sustantivo.

En un contexto nacional donde la desconfianza hacia las instituciones crece, la opacidad legislativa es gasolina al fuego. Cada plaza no explicada, cada compensación no desglosada, cada informe incompleto erosiona la legitimidad de quienes ocupan una curul. Y esa erosión no distingue partidos ni colores; es un desgaste colectivo que afecta a toda la institución.

El Congreso de Baja California tiene ante sí una oportunidad clara: pasar del discurso a los hechos. Publicar, de manera íntegra y accesible, la plantilla completa; detallar sueldos, prestaciones y compensaciones; transparentar los recursos asignados a cada diputado y diputada y rendir cuentas periódicas sobre el desempeño de sus equipos. Nada más, pero nada menos.

La transparencia no se proclama, se practica. Y hoy, en Baja California, la distancia entre lo que se dice y lo que se muestra es demasiado amplia. Mientras esa brecha no se cierre, el Congreso seguirá legislando bajo una sombra que él mismo ha decidido proyectar.

Las matemáticas de Cantón

En Baja California no tenemos un Congreso caro. Tenemos un problema de aritmética. O al menos eso intenta convencernos el diputado Jaime Cantón, quien salió a defender el presupuesto del Congreso del Estado de Baja California como si se tratara de un malentendido numérico y no de una discusión sobre prioridades públicas.

La tesis es digna de un seminario de creatividad financiera: el Congreso parece uno de los más costosos del país porque alguien dividió mal. Porque somos 25 diputados y en otros estados hay más. Entonces, claro, al repartir el gasto entre menos curules, el costo por legislador luce escandaloso. La solución implícita es maravillosa: si quieren que el Congreso se vea barato, aumenten el número de diputados. Más bocas, menor promedio. Matemáticas legislativas al servicio de la percepción.

No es que el presupuesto sea elevado. Es que la comparación está mal hecha. Una especie de ilusión óptica presupuestal. Como si el recibo de la luz no fuera alto, sino víctima de una fórmula injusta. El problema no es cuánto se paga, sino cómo se divide.

También nos explican que los salarios aquí no son tan exuberantes como en otras entidades. Que incluso están por debajo de ciertos referentes nacionales. Una defensa curiosa: no es que ganemos mucho, es que otros ganan más. Consuelo estadístico que difícilmente tranquiliza al ciudadano que observa cifras globales que superan los cientos de millones de pesos anuales.

Y cuando la conversación roza la palabra incómoda —recorte— aparece el candado perfecto: la base laboral. No se puede despedir personal. No se puede adelgazar la estructura. No se puede tocar la nómina porque los derechos adquiridos son intocables. La austeridad, entonces, se convierte en una intención filosófica, no en una acción administrativa.

El punto central no es jurídico, es político. Si el discurso público habla de eficiencia, racionalidad y transformación, lo mínimo esperable es que el aparato legislativo sea ejemplo de contención. Pero aquí el esfuerzo parece concentrarse en explicar por qué el gasto no es tan grave como parece, en lugar de demostrar con hechos que puede reducirse.

El ciudadano promedio —ese que no tiene asesores que reinterpreten las divisiones— hace un cálculo más simple: presupuesto alto, resultados discutibles, percepción de privilegio intacta. Y cuando pregunta si el rendimiento institucional corresponde al costo, recibe como respuesta una clase exprés de estadística comparada.

Hay algo revelador en todo esto: el debate se desplazó. Ya no discutimos si el gasto es razonable; discutimos si la fórmula es correcta. Ya no hablamos de productividad legislativa; hablamos de promedios. Y mientras el intercambio se mantiene en el terreno técnico, la estructura permanece intacta.

Tal vez el diputado tenga razón en un punto: el cálculo importa. Pero hay uno que ningún argumento ha logrado desmontar. Si el presupuesto sigue creciendo, si la nómina no se toca y si la austeridad no pasa del discurso, el costo político también se acumula. Y ese no se puede dividir entre más diputados para que parezca menor.

*El autor es licenciado en periodismo con 50 años de experiencia, analista y consultor en comunicación política y seguridad pública.

Columna

Algo cada día: El teatro del absurdo

Publicado

on

COLUMNA INVITADA/Por Fernando Ruiz del Castillo

La política mexicana vuelve a demostrar que, cuando está en problemas, prefiere montar un espectáculo antes que enfrentar la realidad. La detención del exgobernador Ernesto Ruffo Appel, acusado de delincuencia organizada y contrabando, parece menos un acto de justicia que un intento por desviar la atención de otro asunto mucho más delicado.

No hace falta buscar explicaciones complicadas sobre el momento en que ocurrió el arresto. Fue una decisión política mal ejecutada. En Palacio Nacional y entre sus aliados parece haber más preocupación por apagar el escándalo que rodea a la gobernadora Marina del Pilar Ávila que por castigar los presuntos delitos de un exgobernador. Si Ruffo cometió un delito, deberá responder ante los tribunales. Pero el verdadero problema para el gobierno está en otro lado.

Todo apunta a que la detención busca quitar reflectores a los audios filtrados donde, presuntamente, la gobernadora habla de obtener protección e inmunidad a cambio de colaborar con agencias extranjeras. Más allá de quiénes sean sus interlocutores, el asunto de fondo es muy serio. Si un gobernante ofrece información o favores a otro país para protegerse políticamente, el tema deja de ser un simple escándalo y entra en el terreno de la lealtad al Estado mexicano.

Pensar que la opinión pública olvidará ese tema porque detuvieron a un exgobernador de hace décadas es subestimar la inteligencia de los ciudadanos. La maquinaria oficial ha difundido ampliamente la noticia de Ruffo, pero el resultado parece ser el contrario: en lugar de apagar el incendio, ha provocado que más personas vuelvan a mirar hacia Baja California y a preguntarse qué está ocurriendo realmente.

Si el gobierno de Claudia Sheinbaum cree que la justicia puede aplicarse solo cuando conviene políticamente, está corriendo un riesgo muy grande. La vieja estrategia de crear un escándalo para ocultar otro cada vez funciona menos. Hoy la gente tiene más información, compara versiones y saca sus propias conclusiones.

Lo preocupante es que cada vez parece más claro que la Fiscalía actúa con criterios políticos y no únicamente jurídicos. Mientras tanto, los audios que involucran a la gobernadora siguen ahí. No desaparecen con conferencias de prensa ni con detenciones espectaculares.
Al final, el caso Ruffo podría recordarse no por sus implicaciones legales, sino como el intento de un gobierno por desviar la atención de un problema mucho más grave. La pregunta ya no es solamente qué hizo un exgobernador hace años, sino hasta dónde está dispuesto a llegar el poder para proteger a quienes hoy lo representan.

El laberinto del miedo

Si la detención de Ruffo fue una cortina de humo, lo realmente preocupante es preguntarse por qué el gobierno sintió la necesidad de lanzarla. La respuesta parece sencilla: miedo.

No da la impresión de que el oficialismo esté protegiendo a sus integrantes por lealtad o por principios. Lo hace porque teme que, si alguno se siente abandonado, termine colaborando con autoridades extranjeras para protegerse. Cuando eso ocurre, significa que dentro del propio gobierno la confianza empieza a romperse.

La administración de Claudia Sheinbaum enfrenta un problema que va más allá de la oposición. El verdadero riesgo parece estar dentro de su propio movimiento. Cuando un grupo político comienza a desconfiar de sus propios integrantes, las decisiones dejan de tomarse con serenidad y empiezan a responder al temor de perder el control.

En ese contexto, la Fiscalía General de la República del Bienestar da la impresión de actuar más como herramienta política que como una institución dedicada exclusivamente a impartir justicia. Al mismo tiempo, un Poder Judicial del Bienestar cuestionado y debilitado genera la percepción de que existen pocos contrapesos para frenar posibles abusos. Y quien termina pagando las consecuencias es el ciudadano común.

Por eso cada vez más personas depositan su esperanza en instituciones extranjeras. Es una señal muy preocupante para cualquier país. Cuando la gente confía más en autoridades de otro lugar que en las propias, significa que las instituciones nacionales han perdido buena parte de su credibilidad.

Todo indica que veremos más detenciones mediáticas, más conferencias y más intentos por cambiar la conversación pública. Pero esas estrategias difícilmente resolverán el problema de fondo. La confianza no se recupera con propaganda.

La historia demuestra que los gobiernos que actúan desde el miedo suelen cometer sus peores errores. Cuando el objetivo principal deja de ser gobernar y pasa a ser sobrevivir políticamente, las decisiones terminan agravando la crisis.

Hoy la verdadera pregunta no es si el oficialismo logrará contener el desgaste. La duda es cuánto daño institucional dejará antes de que esta crisis llegue a su desenlace.

Antes del desenlace

La decisión de la jueza de vincular a proceso a Ernesto Ruffo Appel y mantenerlo recluido en el penal del Altiplano cambió el tablero político, pero no necesariamente el fondo del problema. A partir de ahora, el gobierno federal puede afirmar que no fue solo la Fiscalía quien actuó, sino también un Poder Judicial que encontró elementos suficientes para continuar el proceso. En términos de comunicación política, Morena consiguió un respiro.

Pero un respiro no es una absolución política. La vinculación a proceso no equivale a una sentencia condenatoria. Significa, simplemente, que existen indicios para llevar el caso a juicio. La verdadera prueba vendrá cuando las evidencias sean sometidas al escrutinio de un tribunal. Ahí terminará la política y comenzará el derecho. O, al menos, eso debería ocurrir, aunque con los jueces del bienestar todo puede ocurrir.

El problema para el oficialismo es que la sospecha sobre el momento elegido para actuar, insisto, no desaparece. La detención ocurrió en plena tormenta provocada por los audios que involucran a la gobernadora Marina del Pilar Ávila. La resolución judicial fortalece la narrativa del gobierno, sí, pero no borra la percepción de que el caso también tuvo una utilidad política: cambiar la conversación pública.

Ahora Morena enfrenta un desafío mucho mayor. Si el expediente contra Ruffo es sólido y concluye con una sentencia sustentada en pruebas contundentes, el gobierno podrá presumir que nadie está por encima de la ley. Pero si el caso se desmorona por errores procesales, pruebas insuficientes o inconsistencias, la historia cambiará por completo. Lo que hoy parece un triunfo podría convertirse en el ejemplo más claro de justicia utilizada como herramienta política.

Y hay otro riesgo que el oficialismo no debería minimizar. Mientras despliega toda la fuerza del Estado contra un exgobernador panista, la opinión pública sigue esperando el mismo rigor frente a los señalamientos que pesan sobre funcionarios del propio movimiento. La justicia pierde credibilidad cuando parece tener calendario político y destinatarios selectivos.

Por eso el caso Ruffo dejó de ser solamente el juicio de un exgobernador. Se convirtió en el juicio de la propia Fiscalía, del nuevo Poder Judicial y del discurso presidencial que promete una justicia pareja para todos.

Al final, la pregunta ya no es si Ernesto Ruffo será declarado culpable o inocente. La verdadera incógnita es si el gobierno podrá demostrar que este proceso responde exclusivamente a la ley y no a la necesidad de sobrevivir a una de las peores crisis políticas que ha enfrentado desde que llegó al poder. Porque una sentencia puede cerrar un expediente, pero solo la imparcialidad puede cerrar la duda.

Continue Reading

Columna

Matices: Simulaciones

Publicado

on

La aprehensión del exgobernador Ernesto Ruffo Appel es la noticia de esta semana, tras la revelación de más audios de la gobernadora Marina del Pilar Avila Olmeda, más sensibles cada uno que el anterior.

Desde el momento en que acepta la autenticidad de las pláticas grabadas, la mandataria ya no tiene mucho márgen de acción. Solo queda tratar de explicar que lo que dijo, sí lo dijo, pero no como lo entendemos todos, sino en su muy particular punto de vista.

La idea de culpar al exgobernador morenista Jaime Bonilla hasta el tercer audio, desarma esa versión y quedan en evidencia varias cosas: tiene pésimos asesores o toma pésimas decisiones; es extremadamente ingenua o extremadamente mitómana; la estrategia de irse contra Ruffo habla de la gravedad de sus asuntos y la urgencia de acallarlo con algo tan grande, tan mediático y tan mal medido, que sin duda ya está viendo que le salió contraproducente. Si hubieran agarrado al mismo tiempo a los funcionarios y exfuncionarios morenistas involucrados en casos de huachicol, a lo mejor se la creíamos, pero resulta que el ensenadense fue el único afectado tras supuestas investigaciones.

En otro tema, sigue la corrupción en los alcoholímetros de Tijuana. Ya lo habíamos publicado en noviembre de 2024, y sigue sucediendo ahora mismo: empleados del ayuntamiento de la coqueta ciudad, que forman parte en las detenciones, solicitan a los ciudadanos dinero para arreglar en lo económico su situación, por lo que no están ingresando al municipio esas cantidades.

El modus operandi es que les piden documentos, los citan cerca de los corralones con dinero en efectivo y documentos oficiales, para hacer un trámite no oficial. A ver si el nuevo presidente municipal, Abdiel Gutiérrez, hace algo, o veremos si Ismael Burgueño solo le encargó que cuidara el negocio.

Adrián Medina Amarillas está considerando aceptar la candidatura a la diputación federal distrito 1. Al doctor le gustó el servicio público, en el que ha tenido varios tropiezos, y su cabeza ha sido pedida por distintos actores políticos. Aún así, le late el corazoncito por entrarle a la política federal.

Conseguirle trabajo a su hija Mónica, creadora de contenido para redes sociales, fue uno de esos tropiezos. Primero estuvo en comunicación social, cuando Néstor Cruz era el titular del área, y luego, malamente, le inventaron un cargo que no existía en el Issstecali, un organismo en quiebra al que le siguen cargando la mano acomodando burócratas.

Por cierto, que Mónica es suplente del diputado local Jaime Cantón. Ambos pertenecen a la comunidad de la diversidad sexual, y desde antes de las elecciones salieron a la luz conflictos entre ellos, ya que al parecer a Cantón no le gustó que Mónica tuviera más atención en las redes sociales y la hicieron a un lado hasta hacerla prácticamente invisible en lo que respecta a su relación con esa diputación.

Continue Reading

Columna

El Día del Abogado: entre molinos de simulación y caballeros de dignidad

Publicado

on

COLUMNA INVITADA/Por Guillermo Rivera Millán

El Día del Abogado en México se ha convertido en fiesta de molinos disfrazados de gigantes. El sistema de justicia, tanto local como federal, gira entre corrupción, simulación y falta de acceso real a la justicia. En los tribunales se repiten fraudes disfrazados de elecciones. En los federales se pregona justicia abierta que no abre camino a los desaparecidos ni a los vulnerables. La justicia aparece como doncella vendada, cuando debería mostrarse como dama incorruptible y clara.

Muchos notables callan como mudos. Otros se arriman al poder como moscas a la miel. El mérito no vale si se anda cerca del amo. La mayoría de las facultades de derecho, que deberían ser templos de saber, se prestan a campañas y discursos huecos como mesones de feria, incluso permitiendo que sus espacios se usen para simulaciones políticas que comprometen su neutralidad. Más papeles que justicia. Más sellos que verdades.

Incluso la Suprema Corte organiza eventos de “justicia abierta y cercana al pueblo”. Pero esa justicia sigue siendo simulación: se anuncia como nueva, pero permanece vendada y oculta, envuelta en retórica popular. Ironía pura: el día que debería ser fiesta de la dignidad jurídica se convierte en escaparate de discursos huecos.

No todo está perdido. Hay jóvenes que estudian leyes con convicción, abogados que aún creen en la justicia y maestros y litigantes en retiro, como exjueces, magistrados y ministros éticos que siguen vivos.

El Derecho no es negocio, es servicio. La ética no se predica como sermón, se vive como pan de cada día. Sin embargo, el mensaje que reciben los estudiantes es devastador: el mérito no importa si se está cerca del poder.

La justicia no se tuerce sola. Se tuerce porque hay ciudadanos que la empujan hacia la trampa. Empresarios que contratan abogados sin ética para ganar pleitos injustos, familias que buscan favores en lugar de derechos y ciudadanos que aceptan la corrupción como si fuera camino natural.

El ciudadano no es escudero de la justicia, es cliente que paga por torcerla. La justicia se corrompe cuando la sociedad la tolera como moneda de cambio.

También se dignifica cuando el pueblo exige rectitud y premia a los abogados que sirven con honor. La justicia no puede sostenerse sin respeto a los principios constitucionales. La irretroactividad, el respeto a la propiedad privada, a la certeza jurídica y los derechos humanos no son adornos, son pilares.

La independencia judicial es condición indispensable para que los juzgadores sean capaces de recordar, como en Berlín, que siempre debe haber jueces y magistrados dispuestos a frenar el abuso del poder. Las facultades de derecho deben revisar sus planes de estudio para formar abogados críticos y comprometidos. La crítica debe acompañarse de propuestas: transparencia en tribunales, rendición de cuentas y ética profesional desde la formación.

Existen caballeros y damas de la abogacía que aún dignifican la profesión: estudiantes, litigantes, jueces y ciudadanos que rechazan la corrupción. Ellos son los que demuestran que, pese a todo, aún hay jueces en Berlín.

La justicia, aunque hoy parezca sometida al capricho del poder, todavía puede ser un gigante noble, pero solo si se la enfrenta con convicción y ética.

Este 12 de julio de 2026 no debe ser solo un día de discursos huecos. Recordemos que desde 1960, cuando se instituyó oficialmente el Día del Abogado en México, la intención era honrar la dignidad de la profesión y el compromiso con el Estado de Derecho.

Hoy, más que nunca, esa conmemoración debe ser un recordatorio de que aún hay caballeros y damas de la abogacía que defienden la justicia. Felicitamos a quienes, desde la academia, el litigio, el juzgado y el retiro, sostienen la justicia como pan de cada día. Y a la ciudadanía que elige rectitud sobre simulación.

El Día del Abogado en México no debe ser ritual vacío. Debe ser compromiso con la dignidad de la profesión. La verdadera fiesta será cuando la justicia deje de ser privilegio y se convierta en derecho efectivo para todos. “Porque la justicia no se honra con brindis ni aplausos huecos, sino con sentencias justas, con litigios defendidos con empatía y ética y con enseñanzas académicas que forman generaciones capaces de resistir al poder.”

*Director general del despacho De la Peña y Rivera S.C. Fundador de Justicia que Transforma México A.C.

Continue Reading
👁 1,820,283 visitas
Publicidad

El periodismo independiente desempeña un papel fundamental en la sociedad al ser indispensable para la democracia y la transparencia.

En un mundo donde la información es esencial, los periodistas independientes tenemos la tarea de investigar, cuestionar y revelar la verdad, incluso cuando esto pueda resultar incómodo para aquellos en el poder.

Brújula News tiene como principio no financiarse con contratos de gobierno, por eso tu ayuda es indispensable para seguir ofreciendo la información que otros no quieren o pueden publicar. Cualquier aportación es una ayuda valiosa que nos ayudará en nuestra misión.

Tendencias

Copyright © 2024 - Brújula News

Pinterest
fb-share-icon
Instagram
WhatsApp