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Educación

Mienten autoridades sobre motivos de retraso en pagos a maestros

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La Comisión Estatal de Supervisores y Jefes de Sector de Educación Básica de Baja California emitió un posicionamiento oficial ayer mediante el cual expresa su profundo desacuerdo e indignación ante las declaraciones realizadas por autoridades estatales durante la conferencia mañanera del miércoles pasado.

Dichas declaraciones, emitidas por la gobernadora Marina del Pilar Ávila Olmeda, el secretario de Hacienda Andrés Pulido, así como por la Secretaría de Educación Irma Martínez, atribuyeron los retrasos en pagos a trabajadores de la educación —principalmente interinos, por incapacidades médicas y permisos sin goce de sueldo— a fallas en la notificación y envío de documentación por parte de las escuelas, directores y supervisores.

Los firmantes rechazan categóricamente que las escuelas, docentes, directores, supervisores y jefes de sector sean utilizados como chivos expiatorios para encubrir deficiencias administrativas y operativas que corresponden exclusivamente a la Secretaría de Educación y al ISEP.

Consideran inaceptable el silencio y la falta de precisión de estas instancias, lo que ha permitido la generación de una narrativa pública que desacredita el trabajo diario de miles de docentes que sostienen el funcionamiento de las escuelas en el estado.

Asimismo, repudian las afirmaciones del secretario de Hacienda sobre la existencia de “recursos humanos excedentes” en las escuelas, calificándolas de un absoluto desconocimiento de la realidad, donde prevalece la escasez de personal docente y administrativo, la sobrecarga laboral y la existencia de múltiples grupos sin maestro.

El documento subraya que estas declaraciones no solo desinforman a la ciudadanía, sino que representan una falta de respeto hacia la realidad cotidiana del territorio y hacia la estructura educativa que, con profesionalismo y compromiso, cumple diariamente con su responsabilidad frente a miles de niñas, niños, adolescentes y jóvenes.

Invocando el artículo 3° constitucional, el posicionamiento recuerda que las autoridades educativas tienen la obligación de priorizar el interés superior de la niñez en el acceso, permanencia y participación en los servicios educativos, así como la concurrencia financiera federal y estatal en el pago de nóminas, conforme a la Ley de Coordinación Fiscal y otros ordenamientos citados.

Ante esta situación, la Comisión exige cinco puntos principales: la rectificación pública de las declaraciones del 4 de marzo de 2026; que la Secretaría de Educación y el ISEP asuman plenamente su responsabilidad institucional y aclaren los procesos administrativos correspondientes; el reconocimiento explícito al trabajo responsable de docentes, directores, supervisores y jefes de sector; el relevo de funciones del Secretario de Educación (en su calidad de Coordinador General de Planeación y Administración del ISEP) por el grave daño causado a los derechos laborales, al servicio educativo y al interés superior de la niñez; y un análisis serio de las verdaderas causas de los problemas administrativos y operativos generados durante la presente administración, particularmente por ineficiencias en el ISEP.

Finalmente, el comunicado concluye afirmando que la educación pública de Baja California merece respeto, seriedad y responsabilidad institucional, y no declaraciones que desinformen y trasladen culpas a quienes sostienen diariamente el sistema educativo.

El posicionamiento está firmado por la Comisión Estatal de Supervisores y Jefes de Sector de Educación Básica de Baja California, y refleja una creciente tensión en el sector educativo estatal por temas de pagos pendientes, vacantes no cubiertas y fallas en la gestión administrativa de nóminas.

Educación

Evalúan convertir secundarias en preparatorias vespertinas ante demanda de espacios

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La Secretaría de Educación analiza una estrategia para ampliar la cobertura de bachillerato ante la demanda de espacios para estudiantes de nuevo ingreso; así lo señaló la titular Irma Martínez.

El proyecto contempla utilizar el turno vespertino de algunas secundarias que actualmente operan únicamente por la mañana, con el objetivo de ofrecer lugares de preparatoria en sectores cercanos a los planteles de educación media superior con mayor demanda.

La secretaria de educación mencionó que alrededor de 10 secundarias podrían incorporarse al esquema, de las cuales ocho están ubicadas en Tijuana y dos en Playas de Rosarito.

La medida busca atender a cerca de 500 jóvenes que no obtuvieron un espacio en alguno de los bachilleratos que solicitaron, así como a quienes desean cambiar de plantel debido a que no están conformes con la asignación recibida.

Irma Martínez indicó que por ahora no se contempla recurrir a escuelas particulares, al considerar que existen alternativas dentro del sistema público para absorber la demanda.

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Columna

Celulares y riesgos escolares en Baja California

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Una regulación inteligente, territorial y acorde al PPIE y la Nueva Escuela Mexicana

COLUMNA INVITADA/Por Guillermo Rivera Millán

La propuesta de la presidenta Claudia Sheinbaum de escuchar a especialistas, madres y padres de familia, docentes y jóvenes para valorar una posible regulación del uso de celulares en los planteles de educación básica ha provocado un amplio debate. La titular del Poder Ejecutivo ha aclarado que no se pretende imponer una prohibición absoluta, sino generar conciencia sobre los efectos del uso excesivo de pantallas y plataformas digitales en el desarrollo de las infancias y adolescencias. Informó que cerca del 70% de las madres y los padres consultados respalda alguna forma de regulación y que, hacia finales de agosto, se presentará una propuesta nacional. La discusión es necesaria, pero exige precisión jurídica y técnica para evitar confusiones sobre el alcance de la consulta y las responsabilidades del Estado.

En Baja California, el debate adquiere una dimensión particular. El Programa de Protección Integral Escolar (PPIE) 2026–2027 es el instrumento estatal para identificar, clasificar y atender los riesgos que afectan el bienestar, la seguridad y el aprendizaje. Sin embargo, el uso de celulares y otros dispositivos electrónicos todavía requiere un tratamiento expreso como posible factor de riesgo digital, cognitivo, emocional y de convivencia. El dispositivo no es perjudicial por sí mismo; el riesgo depende de las condiciones de uso y de sus consecuencias: distracción durante las clases, afectaciones al aprendizaje y al descanso, uso compulsivo de plataformas, ciberacoso, grabaciones no autorizadas, exposición a contenidos nocivos o deterioro de las habilidades sociales. Incorporar estos supuestos al PPIE permitiría activar acciones de prevención, detección, registro, intervención y acompañamiento sin reducir la respuesta a una prohibición general.

La Nueva Escuela Mexicana exige una política contextualizada y sensible a la diversidad territorial. Baja California es un estado con realidades profundamente distintas: Mexicali enfrenta riesgos digitales intensivos; San Quintín vive dinámicas agrícolas y migrantes; San Felipe presenta condiciones costeras; Tijuana y Ensenada lidian con retos urbanos complejos. Incluso dentro de una misma ciudad existen colonias con niveles distintos de conectividad, violencia digital y exposición a redes sociales. Así como la revisión de mochilas no se aplica igual en todas las zonas, el celular tampoco. Una regulación nacional puede establecer principios y estándares mínimos, pero su implementación debe considerar las características de cada estado, municipio, plantel y comunidad escolar.

En Baja California, el celular también cumple una función de seguridad. Los hechos de violencia, las desapariciones, la movilidad fronteriza, los trayectos prolongados y las jornadas laborales que dificultan el acompañamiento permanente hacen que muchas familias lo consideren indispensable para mantener contacto con sus hijas e hijos. Esta realidad demuestra que no existe contradicción entre permitir que el alumnado porte un celular por razones de seguridad y limitar o regular su utilización durante las clases. El dispositivo puede permanecer apagado, en modo silencioso o bajo mecanismos adecuados de resguardo, salvo que exista una finalidad pedagógica, una necesidad médica o de accesibilidad, o una situación de emergencia.

Por ello, es fundamental distinguir entre regular y gestionar. La regulación establece límites, responsabilidades, excepciones y consecuencias. La gestión de riesgos permite identificar las circunstancias concretas de cada comunidad e intervenir de manera proporcional. No todo debe resolverse mediante prohibiciones generales ni mediante un decreto que pretenda normar individualmente teléfonos, tabletas, relojes inteligentes, audífonos, inteligencia artificial, y cada nuevo dispositivo que aparezca.

La falta de lineamientos explica, en parte, por qué el uso del celular proliferó desordenadamente en las aulas. Durante años, cada escuela y cada docente establecieron reglas propias, frecuentemente sin capacitación ni respaldo técnico. Aunque la respuesta institucional llega con retraso, no se trata de culpar a docentes, familias o estudiantes, sino de reconocer que el sistema educativo no les proporcionó oportunamente herramientas para gestionar una tecnología que transformó la convivencia escolar. Los Consejos de Participación Social deben ser el mecanismo formal para canalizar la consulta y construir acuerdos de implementación.

La responsabilidad tampoco corresponde exclusivamente a las escuelas. Estas deben gestionar lo que ocurre durante la jornada y dentro de las actividades bajo su supervisión; las familias deben establecer hábitos y límites fuera del plantel, y el Estado debe diseñar la política pública, emitir lineamientos, capacitar, dar presupuesto, supervisar y coordinar a las autoridades educativas, de salud, seguridad y protección de niñas, niños y adolescentes.

El precedente de la Suprema Corte sobre “Mochila Segura” también ofrece una advertencia: las medidas escolares que inciden en la privacidad o en las pertenencias del alumnado necesitan fundamento jurídico, una finalidad legítima y procedimientos proporcionales. Esto no impide regular el uso de celulares dentro del plantel, pero sí exige evitar inspecciones, retenciones o sanciones arbitrarias.

El celular puede ser un recurso educativo, una herramienta de seguridad y un factor de riesgo al mismo tiempo. Una política pública inteligente debe reconocer esas tres dimensiones y establecer medidas diferenciadas por edad, nivel educativo y contexto, así como excepciones pedagógicas, médicas, de accesibilidad y emergencia. Baja California tiene la oportunidad de fortalecer el PPIE incorporando expresamente los riesgos vinculados con los dispositivos móviles y construyendo una respuesta preventiva, territorial y acorde con la Nueva Escuela Mexicana.

*El autor es director general de De la Peña y Rivera, S.C. y fundador de Justicia que Transforma México, A.C.

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Educación

Alerta experta sobre la relación entre redes sociales y conductas negativas en adolescentes

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El uso constante de las redes sociales entre niños y adolescentes puede ser una vía para la normalización de los discursos de odio, violencia y comunidades extremistas que logran influir en la manera en que los jóvenes piensan, se relacionan y perciben a los demás, señaló la doctora Daniela Díaz Flores, Coordinadora de la Licenciatura en Psicología Infantil en CETYS Universidad Campus Mexicali.

Mencionó que el consumo de contenido violento y de discursos de odio afecta tanto el comportamiento de infancias y adolescencias como su desarrollo psicológico, emocional e intelectual. La exposición a la violencia mediática es un factor de riesgo que puede fomentar la agresión interpersonal en menores de edad, así como la falta de sensibilidad ante dichos sucesos, agregó.

Este tipo de discursos y contenidos violentos resultan llamativos para los jóvenes debido a una combinación de factores psicológicos, la búsqueda de identidad social y las propias estructuras que presentan las diferentes redes sociales, como los algoritmos, explicó.

Por otra parte, las plataformas operan bajo una economía de la atención diseñada para capturar al usuario el mayor tiempo posible, dijo. Para maximizar esta captura, los algoritmos favorecen la visibilidad de contenido polémico, cuanto más extremo es un contenido, más atención genera y, por tanto, obtiene mayor visibilidad y viralización en la red, precisó.

La experta declaró que muchos jóvenes se ven atraídos por estos discursos porque les permiten generar grupo y un sentimiento de pertenencia a una comunidad que comparte y defiende sus mismas ideas o el uso de su mismo léxico que es propio de la ideología. 

En la adolescencia existe una tendencia natural a desarrollar conductas de riesgo vinculadas con la exploración de las emociones y del entorno, especialmente cuando se está en presencia de pares o amigos, aseguró Díaz Flores.

Además, detalló que este grupo puede reaccionar a ciertos estímulos sintiéndose más alterados físicamente, pensando con mayor facilidad en ideas agresivas o imitando de inmediato algunos comportamientos que acaban de observar. También puede afectar en el aprendizaje de cómo resolver conflictos, optando por una forma agresiva o violenta, y una desensibilización hacia el dolor ajeno, añadió. 

Las redes sociales pueden llegar a ser un espacio hostil, ya que los menores de edad pueden escribir sin necesidad de ser verificado, así mismo, para muchos es más sencillo insultar a través de redes sociales en comparación a tenerlos de frente, muchas personas no se atreverían a decírselo de frente, pero sí por escrito, remarcó.

Entre las principales señales de alerta se encuentran cambios en el lenguaje, comentarios despectivos hacia otras personas o movimientos sociales, la normalización de la violencia bajo frases como “solo es una broma”, la pérdida de empatía frente al dolor ajeno y el aislamiento para interactuar únicamente con comunidades digitales que refuerzan esas ideas.

Además, usar redes sociales para iniciar discusiones y así obtener atención; aumento de la agresividad verbal y física, respondiendo de forma más agresiva ante cualquier provocación en la vida real y vulnerabilidad; mostrar rasgos de inferioridad, desconfianza y pesimismo frente a la convivencia social de forma presencial, subrayó.

La educación, la comunicación y el uso responsable de las herramientas digitales son claves para que en la dinámica familiar se pueda prevenir dichas situaciones, comentó la Experta CETYS. El papel de la familia es crucial para mediar el consumo de redes sociales e internet de los menores de edad, así como también explicarles sobre las reglas de uso, concluyó. 

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