Columna
Matices: entre legisladores te veas
El sábado por la noche tuvo lugar una sesión en el Congreso local donde se vieron dos casos de asuntos nacionales que necesitaban bajarse al terreno estatal. La primera fue la relativa a la extensión de casos a considerar en la prisión preventiva oficiosa. La segunda, que es la que comentaremos ampliamente, fue respecto a la extinción de siete organismos autónomos bajo el argumento de ahorro de recursos y evitar duplicidad de funciones, entre ellos el Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales (INAI).
Varios diputados de oposición expusieron en sus intervenciones que se terminaban los contrapesos del poder; que la democracia sufriría un retroceso; que el presupuesto de esos organismos era solo del 0.05 por ciento, por lo que el argumento de que resultaban costosos, no era cierto; que no les gustaba la rendición de cuentas, etc.
Los diputados morenistas intervinieron para contraargumentar, pero en un tono bastante burlesco. Michelle Tejeda manifestó que Xóchitl Gálvez obtuvo contratos millonarios con el INAI por adjudicación directa y que había conflicto de interés. Seguro todavía le están controlando la hemorragia por el mordidón de lengua que se dio, pues sobran ejemplos de adjudicaciones directas y conflictos de interés en el sexenio de López Obrador.
Por su parte Jaime Cantón no se quiso quedar atrás, y se fue más atrás en el tiempo, para traer a colación a Carlos Salinas de Gortari y su ánimo privatizador, que relacionó con la Comisión Federal de Competencia Económica, que busca “legitimar pretenciones privatizadoras”.

Diego Lara Arregui, del partido comparsa de Morena, Fuerza por México, dijo que el padre de los organismos autónomos es el neoliberalismo, y ahí está arraigada la corrupción. Para corrupción la de Segalmex, que dejó 9 mil 500 millones de pesos en daños, que rebasa por mucho al daño de la estafa maestra. Y conste que no es defensa ni se minimiza lo que pasó en otras administraciones, son igual de lamentables y criticables.
Aquí el asunto es que no debes tirar pedradas al techo del vecino si el tuyo es de cristal. No es creíble, ni ético, ni moral que te envuelvas en la bandera de la honestidad cuando das argumentos para terminar con los organismos autónomos porque “son corruptos”, cuando el gobierno que ha hecho el partido que representas (que aunque es rosita, en realidad es guinda) tiene mucha cola que le pisen.
“Ganamos contundentemente la elección, encabezamos el humanismo mexicano, se concentraban en generar burocracia y ahora sacamos a gente de la pobreza”, declaró Arregui, que por lo visto no tenía argumentos sobre el tema del INAI y pues necesitaba decir algo.
Angélica Peñaloza sí que se voló la barda, y hasta llamó a los legisladores de la oposición “ternuritas”. Retrocedió un sexenio para regalarnos la frase “Dijeron que López Obrador era un peligro para México y fue todo lo contrario. Más de 8 millones de personas salieron de la pobreza, y estos organismos autónomos se han convertido en agencia de colocaciones del PRIAN”… Nada más le recordamos que la expareja (con estudios de dentista) de Jaime Cantón está trabajando con Miriam Cano; que la hija del secretario de Salud está en la nómina de Issstecali; que hicieron magistrada a la esposa del director del Jurídico estatal; que la hija de Juan Manuel Molina está de aviadora en el TEJA, etcétera, etcétera. Menos mal que en Morena no son agencia de colocaciones, ¿que tal si lo fueran?
Luego la secundó Dunnia Murillo, quien dijo que los cambios verdaderos se han dado en este periodo, donde están transformando desde adentro. Defendió la desaparición de los organismos autónomos porque así se garantizará el buen uso de los recursos públicos, donde podrán destinar más de 32 mil millones que tenían estos organismos, a temas prioritarios como salud, educación y desarrollo social. ¿Y los parientes que tiene metidos al sistema educativo sin cumplir el perfil? ¿Es eso hacer buen uso de los recursos públicos? Y lo peor es que al parecer va por más “favorcitos” para acomodar más gente.
En el turno de Juan Manuel Molina, los diputados de oposición lo interrumpieron tras recordar que eso de que se gasta “poquito” del presupuesto en los organismos autónomos, es como Layín cuando dijo que robó “poquito”.
Los morenistas y aliados iban preparados con unos cartelones, que mostraron un par de veces durante la sesión.

Lo mejor de todo es que al final la iniciativa no fue aprobada, pues necesitaban 17 votos y obtuvieron 16. En contra estuvieros los tres votos del PAN, uno del PRI, uno de MC, uno del PT y otro del PES, quien en el asunto anterior, el de la prisión preventiva oficiosa, votó como lo hizo Morena.
Cabe destacar que esa noche había dos legisladoras morenistas ausentes: Michel Sánchez y Araceli Geraldo. Si una de las dos hubiera asistido, habrían conseguido ser el estado número 15 que aprobaba la iniciativa fraguada desde el sexenio de López Obrador.

Y hablando de este rechazo, en un “lapsus brutus”, el diputado federal Armando Fernández Samaniego le mandó un comunicado a sus reporteros favoritos (porque a mi no) donde pide una barbaridad… Es tan increíble tanto que a un diputado federal no le queden claros los mecanismos legislativos, como que los colegas publiquen esta insensatez sin analizar lo que Samaniego propone. Yo se que no somos responsables de lo que las fuentes decidan difundir, pero sí de cuidar la calidad, veracidad y utilidad de lo que informamos a nuestros lectores.
¿Y qué propone Samaniego? que se vuelva a votar el dictamen para que se apruebe. O sea que de ahora en adelante, si no se salen con la suya en los congresos, hay que repetir la votación hasta que salga a favor. No cabe duda que no tienen idea de cómo funciona la democracia. Estos son nuestros legisladores, vaya panorama desolador.
“Con respeto a esa soberanía, como militante del Movimiento de Regeneración Nacional y por el respeto que le tengo al ex presidente Andrés Manuel López Obrador y a la Presidenta Claudia Sheinbaum, sería un muy buen mensaje que en éste nuevo periodo se volviera a votar el dictamen, pero ésta vez a favor” señala el comunicado.
Samaniego dice que “tiene que ser consecuente con el expresidente y con la presidenta”. Primero, el asunto estaba en una cámara ajena a su labor. No dependía de él la aprobación o el rechazo. Segundo, esa justificación lo deja muy mal parado, pues cuestiona un proceso democrático priorizando el quedar bien con alguien que ya no está (oficialmente) en el poder, y parece que fuera un encargo personal de la presidenta que “sacara” la iniciativa, lo cual sabemos no es así. Tercero, la iniciativa ha sido aprobada ya en 14 legislaturas hasta el sábado por la noche. No les costará nada conseguir otros tres estados que la aprueben, así que esta metida de pata, era realmente innecesaria.
Claro que el resultado de no aprobada no es una buena señal, pues la gobernadora quiere ser de las primeras en complacer al ejecutivo federal con todo lo que tiene que ser validado por los congresos estatales, y esta vez, no le salió bien.
Y para colmo, justo tras declarar que “ella tiene los votos en el congreso”, lo cual es un insulto para los diputados morenos y aliados, pues implícito está el mensaje de “nada más tengo que ordenarlo”.
Por cierto, que Jaime Cantón no pierde oportunidad de alabar a la gobernadora cada que hay oportunidad. Como que no le queda claro que ya no es el asistente de la mandataria (aunque sigue manejando sus redes sociales); ahora forma parte de un poder autónomo que es contrapeso del ejecutivo, pero ya sabemos que Morena no sabe y no le gusta eso de los contrapesos.
Y como pilón, hoy se quemó uno de los puntos de acopio de “Mueble viejo”, ver dimensiones del incendio en este video. Mientras tanto, las 18 máquinas extinguidoras y las 10 ambulancias, siguen guardaditas en el parque industrial Nicoya, tras que Antonio Castañeda, hijo de la alcaldesa, detuviera la operación de compra que estaba a punto de realizarse para meterle sobreprecio.
Este punto era responsabilidad del Ayuntamiento, medidas preventivas incluidas. Aquí seguro la explicación será “incidente atípico” y nadie será responsable y no habrá consecuencias.
A sofocar el fuego acudieron dos máquinas y mientras se hacen malabares para no descuidar otros sectores de la ciudad, pues solo hay 7 bomberas para cubrir Mexicali.

Columna
Algo cada día: El teatro del absurdo
COLUMNA INVITADA/Por Fernando Ruiz del Castillo
La política mexicana vuelve a demostrar que, cuando está en problemas, prefiere montar un espectáculo antes que enfrentar la realidad. La detención del exgobernador Ernesto Ruffo Appel, acusado de delincuencia organizada y contrabando, parece menos un acto de justicia que un intento por desviar la atención de otro asunto mucho más delicado.
No hace falta buscar explicaciones complicadas sobre el momento en que ocurrió el arresto. Fue una decisión política mal ejecutada. En Palacio Nacional y entre sus aliados parece haber más preocupación por apagar el escándalo que rodea a la gobernadora Marina del Pilar Ávila que por castigar los presuntos delitos de un exgobernador. Si Ruffo cometió un delito, deberá responder ante los tribunales. Pero el verdadero problema para el gobierno está en otro lado.
Todo apunta a que la detención busca quitar reflectores a los audios filtrados donde, presuntamente, la gobernadora habla de obtener protección e inmunidad a cambio de colaborar con agencias extranjeras. Más allá de quiénes sean sus interlocutores, el asunto de fondo es muy serio. Si un gobernante ofrece información o favores a otro país para protegerse políticamente, el tema deja de ser un simple escándalo y entra en el terreno de la lealtad al Estado mexicano.
Pensar que la opinión pública olvidará ese tema porque detuvieron a un exgobernador de hace décadas es subestimar la inteligencia de los ciudadanos. La maquinaria oficial ha difundido ampliamente la noticia de Ruffo, pero el resultado parece ser el contrario: en lugar de apagar el incendio, ha provocado que más personas vuelvan a mirar hacia Baja California y a preguntarse qué está ocurriendo realmente.
Si el gobierno de Claudia Sheinbaum cree que la justicia puede aplicarse solo cuando conviene políticamente, está corriendo un riesgo muy grande. La vieja estrategia de crear un escándalo para ocultar otro cada vez funciona menos. Hoy la gente tiene más información, compara versiones y saca sus propias conclusiones.
Lo preocupante es que cada vez parece más claro que la Fiscalía actúa con criterios políticos y no únicamente jurídicos. Mientras tanto, los audios que involucran a la gobernadora siguen ahí. No desaparecen con conferencias de prensa ni con detenciones espectaculares.
Al final, el caso Ruffo podría recordarse no por sus implicaciones legales, sino como el intento de un gobierno por desviar la atención de un problema mucho más grave. La pregunta ya no es solamente qué hizo un exgobernador hace años, sino hasta dónde está dispuesto a llegar el poder para proteger a quienes hoy lo representan.
El laberinto del miedo
Si la detención de Ruffo fue una cortina de humo, lo realmente preocupante es preguntarse por qué el gobierno sintió la necesidad de lanzarla. La respuesta parece sencilla: miedo.
No da la impresión de que el oficialismo esté protegiendo a sus integrantes por lealtad o por principios. Lo hace porque teme que, si alguno se siente abandonado, termine colaborando con autoridades extranjeras para protegerse. Cuando eso ocurre, significa que dentro del propio gobierno la confianza empieza a romperse.
La administración de Claudia Sheinbaum enfrenta un problema que va más allá de la oposición. El verdadero riesgo parece estar dentro de su propio movimiento. Cuando un grupo político comienza a desconfiar de sus propios integrantes, las decisiones dejan de tomarse con serenidad y empiezan a responder al temor de perder el control.
En ese contexto, la Fiscalía General de la República del Bienestar da la impresión de actuar más como herramienta política que como una institución dedicada exclusivamente a impartir justicia. Al mismo tiempo, un Poder Judicial del Bienestar cuestionado y debilitado genera la percepción de que existen pocos contrapesos para frenar posibles abusos. Y quien termina pagando las consecuencias es el ciudadano común.
Por eso cada vez más personas depositan su esperanza en instituciones extranjeras. Es una señal muy preocupante para cualquier país. Cuando la gente confía más en autoridades de otro lugar que en las propias, significa que las instituciones nacionales han perdido buena parte de su credibilidad.
Todo indica que veremos más detenciones mediáticas, más conferencias y más intentos por cambiar la conversación pública. Pero esas estrategias difícilmente resolverán el problema de fondo. La confianza no se recupera con propaganda.
La historia demuestra que los gobiernos que actúan desde el miedo suelen cometer sus peores errores. Cuando el objetivo principal deja de ser gobernar y pasa a ser sobrevivir políticamente, las decisiones terminan agravando la crisis.
Hoy la verdadera pregunta no es si el oficialismo logrará contener el desgaste. La duda es cuánto daño institucional dejará antes de que esta crisis llegue a su desenlace.
Antes del desenlace
La decisión de la jueza de vincular a proceso a Ernesto Ruffo Appel y mantenerlo recluido en el penal del Altiplano cambió el tablero político, pero no necesariamente el fondo del problema. A partir de ahora, el gobierno federal puede afirmar que no fue solo la Fiscalía quien actuó, sino también un Poder Judicial que encontró elementos suficientes para continuar el proceso. En términos de comunicación política, Morena consiguió un respiro.
Pero un respiro no es una absolución política. La vinculación a proceso no equivale a una sentencia condenatoria. Significa, simplemente, que existen indicios para llevar el caso a juicio. La verdadera prueba vendrá cuando las evidencias sean sometidas al escrutinio de un tribunal. Ahí terminará la política y comenzará el derecho. O, al menos, eso debería ocurrir, aunque con los jueces del bienestar todo puede ocurrir.
El problema para el oficialismo es que la sospecha sobre el momento elegido para actuar, insisto, no desaparece. La detención ocurrió en plena tormenta provocada por los audios que involucran a la gobernadora Marina del Pilar Ávila. La resolución judicial fortalece la narrativa del gobierno, sí, pero no borra la percepción de que el caso también tuvo una utilidad política: cambiar la conversación pública.
Ahora Morena enfrenta un desafío mucho mayor. Si el expediente contra Ruffo es sólido y concluye con una sentencia sustentada en pruebas contundentes, el gobierno podrá presumir que nadie está por encima de la ley. Pero si el caso se desmorona por errores procesales, pruebas insuficientes o inconsistencias, la historia cambiará por completo. Lo que hoy parece un triunfo podría convertirse en el ejemplo más claro de justicia utilizada como herramienta política.
Y hay otro riesgo que el oficialismo no debería minimizar. Mientras despliega toda la fuerza del Estado contra un exgobernador panista, la opinión pública sigue esperando el mismo rigor frente a los señalamientos que pesan sobre funcionarios del propio movimiento. La justicia pierde credibilidad cuando parece tener calendario político y destinatarios selectivos.
Por eso el caso Ruffo dejó de ser solamente el juicio de un exgobernador. Se convirtió en el juicio de la propia Fiscalía, del nuevo Poder Judicial y del discurso presidencial que promete una justicia pareja para todos.
Al final, la pregunta ya no es si Ernesto Ruffo será declarado culpable o inocente. La verdadera incógnita es si el gobierno podrá demostrar que este proceso responde exclusivamente a la ley y no a la necesidad de sobrevivir a una de las peores crisis políticas que ha enfrentado desde que llegó al poder. Porque una sentencia puede cerrar un expediente, pero solo la imparcialidad puede cerrar la duda.
Columna
Matices: Simulaciones
La aprehensión del exgobernador Ernesto Ruffo Appel es la noticia de esta semana, tras la revelación de más audios de la gobernadora Marina del Pilar Avila Olmeda, más sensibles cada uno que el anterior.
Desde el momento en que acepta la autenticidad de las pláticas grabadas, la mandataria ya no tiene mucho márgen de acción. Solo queda tratar de explicar que lo que dijo, sí lo dijo, pero no como lo entendemos todos, sino en su muy particular punto de vista.

La idea de culpar al exgobernador morenista Jaime Bonilla hasta el tercer audio, desarma esa versión y quedan en evidencia varias cosas: tiene pésimos asesores o toma pésimas decisiones; es extremadamente ingenua o extremadamente mitómana; la estrategia de irse contra Ruffo habla de la gravedad de sus asuntos y la urgencia de acallarlo con algo tan grande, tan mediático y tan mal medido, que sin duda ya está viendo que le salió contraproducente. Si hubieran agarrado al mismo tiempo a los funcionarios y exfuncionarios morenistas involucrados en casos de huachicol, a lo mejor se la creíamos, pero resulta que el ensenadense fue el único afectado tras supuestas investigaciones.

En otro tema, sigue la corrupción en los alcoholímetros de Tijuana. Ya lo habíamos publicado en noviembre de 2024, y sigue sucediendo ahora mismo: empleados del ayuntamiento de la coqueta ciudad, que forman parte en las detenciones, solicitan a los ciudadanos dinero para arreglar en lo económico su situación, por lo que no están ingresando al municipio esas cantidades.
El modus operandi es que les piden documentos, los citan cerca de los corralones con dinero en efectivo y documentos oficiales, para hacer un trámite no oficial. A ver si el nuevo presidente municipal, Abdiel Gutiérrez, hace algo, o veremos si Ismael Burgueño solo le encargó que cuidara el negocio.

Adrián Medina Amarillas está considerando aceptar la candidatura a la diputación federal distrito 1. Al doctor le gustó el servicio público, en el que ha tenido varios tropiezos, y su cabeza ha sido pedida por distintos actores políticos. Aún así, le late el corazoncito por entrarle a la política federal.
Conseguirle trabajo a su hija Mónica, creadora de contenido para redes sociales, fue uno de esos tropiezos. Primero estuvo en comunicación social, cuando Néstor Cruz era el titular del área, y luego, malamente, le inventaron un cargo que no existía en el Issstecali, un organismo en quiebra al que le siguen cargando la mano acomodando burócratas.
Por cierto, que Mónica es suplente del diputado local Jaime Cantón. Ambos pertenecen a la comunidad de la diversidad sexual, y desde antes de las elecciones salieron a la luz conflictos entre ellos, ya que al parecer a Cantón no le gustó que Mónica tuviera más atención en las redes sociales y la hicieron a un lado hasta hacerla prácticamente invisible en lo que respecta a su relación con esa diputación.
Columna
El Día del Abogado: entre molinos de simulación y caballeros de dignidad
COLUMNA INVITADA/Por Guillermo Rivera Millán
El Día del Abogado en México se ha convertido en fiesta de molinos disfrazados de gigantes. El sistema de justicia, tanto local como federal, gira entre corrupción, simulación y falta de acceso real a la justicia. En los tribunales se repiten fraudes disfrazados de elecciones. En los federales se pregona justicia abierta que no abre camino a los desaparecidos ni a los vulnerables. La justicia aparece como doncella vendada, cuando debería mostrarse como dama incorruptible y clara.
Muchos notables callan como mudos. Otros se arriman al poder como moscas a la miel. El mérito no vale si se anda cerca del amo. La mayoría de las facultades de derecho, que deberían ser templos de saber, se prestan a campañas y discursos huecos como mesones de feria, incluso permitiendo que sus espacios se usen para simulaciones políticas que comprometen su neutralidad. Más papeles que justicia. Más sellos que verdades.
Incluso la Suprema Corte organiza eventos de “justicia abierta y cercana al pueblo”. Pero esa justicia sigue siendo simulación: se anuncia como nueva, pero permanece vendada y oculta, envuelta en retórica popular. Ironía pura: el día que debería ser fiesta de la dignidad jurídica se convierte en escaparate de discursos huecos.
No todo está perdido. Hay jóvenes que estudian leyes con convicción, abogados que aún creen en la justicia y maestros y litigantes en retiro, como exjueces, magistrados y ministros éticos que siguen vivos.
El Derecho no es negocio, es servicio. La ética no se predica como sermón, se vive como pan de cada día. Sin embargo, el mensaje que reciben los estudiantes es devastador: el mérito no importa si se está cerca del poder.
La justicia no se tuerce sola. Se tuerce porque hay ciudadanos que la empujan hacia la trampa. Empresarios que contratan abogados sin ética para ganar pleitos injustos, familias que buscan favores en lugar de derechos y ciudadanos que aceptan la corrupción como si fuera camino natural.
El ciudadano no es escudero de la justicia, es cliente que paga por torcerla. La justicia se corrompe cuando la sociedad la tolera como moneda de cambio.
También se dignifica cuando el pueblo exige rectitud y premia a los abogados que sirven con honor. La justicia no puede sostenerse sin respeto a los principios constitucionales. La irretroactividad, el respeto a la propiedad privada, a la certeza jurídica y los derechos humanos no son adornos, son pilares.
La independencia judicial es condición indispensable para que los juzgadores sean capaces de recordar, como en Berlín, que siempre debe haber jueces y magistrados dispuestos a frenar el abuso del poder. Las facultades de derecho deben revisar sus planes de estudio para formar abogados críticos y comprometidos. La crítica debe acompañarse de propuestas: transparencia en tribunales, rendición de cuentas y ética profesional desde la formación.
Existen caballeros y damas de la abogacía que aún dignifican la profesión: estudiantes, litigantes, jueces y ciudadanos que rechazan la corrupción. Ellos son los que demuestran que, pese a todo, aún hay jueces en Berlín.
La justicia, aunque hoy parezca sometida al capricho del poder, todavía puede ser un gigante noble, pero solo si se la enfrenta con convicción y ética.
Este 12 de julio de 2026 no debe ser solo un día de discursos huecos. Recordemos que desde 1960, cuando se instituyó oficialmente el Día del Abogado en México, la intención era honrar la dignidad de la profesión y el compromiso con el Estado de Derecho.
Hoy, más que nunca, esa conmemoración debe ser un recordatorio de que aún hay caballeros y damas de la abogacía que defienden la justicia. Felicitamos a quienes, desde la academia, el litigio, el juzgado y el retiro, sostienen la justicia como pan de cada día. Y a la ciudadanía que elige rectitud sobre simulación.
El Día del Abogado en México no debe ser ritual vacío. Debe ser compromiso con la dignidad de la profesión. La verdadera fiesta será cuando la justicia deje de ser privilegio y se convierta en derecho efectivo para todos. “Porque la justicia no se honra con brindis ni aplausos huecos, sino con sentencias justas, con litigios defendidos con empatía y ética y con enseñanzas académicas que forman generaciones capaces de resistir al poder.”
*Director general del despacho De la Peña y Rivera S.C. Fundador de Justicia que Transforma México A.C.
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