Estatal
Cita FGR a periodista a petición de la Secretaría General de Gobierno
El viernes 15 de agosto, la Fiscalía General de la República (FGR) envió un correo electrónico con una invitación “para coadyuvar” en el caso motivado de un oficio emitido el 7 de agosto por el secretario General de Gobierno, Alfredo Álvarez, relativo a una pregunta que le hice yo, Dianeth Pérez Arreola, directora de Brújula News, en la conferencia mañanera de la gobernadora Marina del Pilar Avila Olmeda el 6 de agosto pasado.
La pregunta fue relativa a la doble licitación que hubo para el caso de las obras en la planta potabilizadora “La Nopalera” en Tecate Baja California. Los cuestionamientos buscaban respuesta sobre el nombre de la empresa ganadora, por qué se licitó dos veces esa obra que se hace además con dinero del bono verde, y qué hay de cierto sobre presuntos nexos de esa constructora con el crimen organizado.
En esa mañanera se expuso como asunto principal el tema de la infraestructura hídrica en el estado, pero poco o nada se habló de la importante obra de “La Nopalera”. Tras la pregunta, ni el secretario del agua, Víctor Amador, ni la gobernadora supieron decirme el nombre de la empresa ganadora, ni el por qué se hizo una doble licitación.
En cambio sobre el señalamiento del presunto nexo con el crimen organizado, Avila Olmeda opinó que eran señalamientos muy delicados y pidió aportar pruebas. Tras la conferencia, el director de Comunicación Social del gobierno estatal se puso en contacto conmigo para invitarme a acudir a su oficina y proporcionar mayor información, a lo que me negué y remití la columna donde daba cuenta de los datos que me proporcionó mi fuente.
Ese mismo día se puso en contacto conmigo otro informante, quien me contó cómo se había dado el caso de la doble licitación, tema lo que escribí en otra columna, junto con el nombre de la empresa ganadora, del que supe no por parte de Gobierno del Estado, -como se habían comprometido el secretario y la gobernadora-, al no acordarse durante mi cuestionamiento, cómo se llamaba la constructora.
La gobernadora me pidió que si tenía pruebas que las aportara. Yo le contesté en esta segunda columna, que si no había irregularidades en la licitación de la planta potabilizadora, que cumpliera con su obligación de hacer público el contrato.
Recientemente me enteré que hubo un acuerdo de compensación millonario para la empresa que había ganado la primera licitación, acuerdo millonario que cerró Marco Moreno Mexía.
Sobre el citatorio de la FGR:
No me niego a ir a declarar, y ya que fue el propio Gobierno del Estado a través de la Secretaría General de Gobierno quien inició este caso -el cual interpreto como una forma de intimidación-, acudiré el dia de mañana lunes 18 de agosto a la oficina de la gobernadora para solicitar formalmente los siguientes documentos:
- Una copia certificada del acuerdo de compensación por el fallo de la primera licitación de la obra de La Nopalera.
- Una copia certificada del contrato entre la CESPTE y la empresa ganadora de la segunda licitación.
- Un documento que enliste las razones por las cuales se realizó una doble licitación firmado por quien asuma la responsabilidad por ese acto.
Si es genuino el interés de la Secretaría General de Gobierno, no dudo que me proporcionarán la información solicitada para el caso llegue hasta sus últimas consecuencias.
Estatal
Envía Sheinbaum iniciativa sobre candidaturas y doble nacionalidad
La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo envió al Congreso de la Unión una iniciativa de reforma constitucional para establecer la nacionalidad única como requisito para ejercer la titularidad del Poder Ejecutivo Federal y de los gobiernos estatales.
De acuerdo con el oficio 100-371 de la Secretaría de Gobernación, firmado por su titular, Rosa Icela Rodríguez Velázquez, la propuesta plantea reformar y adicionar los artículos 82, 116 y 122 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.
La iniciativa busca que quienes ocupen la Presidencia de la República, una gubernatura o la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México no mantengan una doble nacionalidad, bajo el argumento de prevenir posibles conflictos de interés derivados de vínculos jurídicos con otra nación.
El documento fue remitido al Congreso con firma autógrafa de la presidenta y acompañado por la documentación correspondiente, incluido un dictamen de impacto presupuestario elaborado por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público.
La propuesta será sometida al proceso legislativo correspondiente para su análisis y eventual dictaminación. La presidenta de la Mesa Directiva de la Comisión Permanente, Laura Itzel Castillo Juárez, informó que el proyecto será turnado a la Cámara de Diputados.
De aprobarse, la modificación constitucional establecería una nueva condición para acceder a los principales cargos del Poder Ejecutivo en México, restringiendo su ejercicio a personas que cuenten únicamente con la nacionalidad mexicana.
La iniciativa abre ahora el debate legislativo sobre los alcances de la doble nacionalidad, los requisitos para ejercer cargos de elección popular y la posible afectación al derecho de participación política de ciudadanos mexicanos que también poseen otra nacionalidad.
Columna
Algo cada día: El gobernador que se necesita, no el que Morena quiere
COLUMNA INVITADA/Por Fernando Ruiz del Castillo
Hay elecciones que se ganan con votos. Y hay otras que, antes de llegar a las urnas, se cocinan en los pasillos del poder. La sucesión de Baja California pertenece, por ahora, a la segunda categoría.
Morena está a punto de decidir quién será su coordinador de la Defensa de la Transformación y la Soberanía, eufemismo electoral que permite adelantar la campaña sin llamarla campaña. Una trampa, pues.
Porque en México, desde que la política descubrió que cambiarle el nombre a las cosas las vuelve legales, una candidatura dejó de ser candidatura y se convirtió en coordinación; una precampaña se volvió asamblea y una disputa por el poder se transformó, milagrosamente, en defensa de la soberanía.
Pero más allá de Julieta Ramírez, Ismael Burgueño, Fernando Castro Trenti, Armando Ayala, Evangelina Moreno, Alfredo Álvarez y Montserrat Caballero, hay una pregunta que debería estar por encima de todos ellos: ¿Qué necesita Baja California?
Porque el estado que recibirá el próximo gobernador no será el mismo que recibió Marina del Pilar Ávila Olmeda. Y tampoco será el México relativamente predecible de hace algunos años. El país enfrenta un escenario económico mucho más estrecho. El gasto social crece, las finanzas públicas enfrentan mayores presiones y la inversión pública tiene menos margen.
Analistas han advertido precisamente sobre el deterioro del espacio fiscal, mientras el crecimiento económico nacional se mantiene débil.
Baja California, además, tiene una ventaja que puede convertirse en salvavidas o desperdicio histórico: su frontera.
Aquí no basta administrar nóminas, repartir programas sociales, inaugurar pavimento y tomarse fotografías con funcionarios.
El próximo gobernador tendrá que saber hablar con Washington, entender el T-MEC, atraer inversión, resolver agua, energía, infraestructura, seguridad, vivienda y movilidad; defender al estado frente a decisiones federales y, sobre todo, construir una relación inteligente con Estados Unidos.
Porque la economía bajacaliforniana no vive de discursos. Vive de la frontera. Y mientras la política nacional insiste en dividir entre buenos y malos, chairos y fifís, pueblo y adversarios, Baja California necesita exactamente lo contrario: Capacidad para tender puentes.
La polarización puede ser electoralmente rentable para quien la administra desde Palacio. Para un estado fronterizo puede resultar carísima. Ahí es donde conviene mirar a los aspirantes sin la camiseta partidista.
Ismael Burgueño tiene algo que nadie puede comprar con un doctorado ni con un discurso: experiencia reciente de gobierno. Tijuana ha registrado una reducción importante de homicidios durante su administración, aunque sería absurdo adjudicársela exclusivamente al alcalde porque intervienen los tres órdenes de gobierno.
Julieta Ramírez representa juventud, presencia nacional y capacidad política. Su problema es igualmente evidente: La política no es lo mismo que la administración. Una senaduría enseña a negociar; una gubernatura obliga a responder por seguridad, hospitales, carreteras, agua, deuda y empleos.
Fernando Castro Trenti tiene el currículum que muchos necesitarían varias vidas para acumular. Su problema es precisamente ése: después de tantos años en el poder, ya no puede pedir que lo juzguen por potencial. Tiene que ser juzgado por resultados.
Armando Ayala conoce el gobierno municipal y tiene experiencia electoral. Pero su desempeño legislativo reciente, particularmente sus cifras de iniciativas y votaciones, ofrece munición suficiente para que sus adversarios le pregunten qué tan productivo puede ser un gobernador si ni siquiera logró convertir una parte importante de su actividad legislativa en resultados tangibles.
Evangelina Moreno tiene trayectoria legislativa y territorial. Pero enfrenta una pregunta mucho más sencilla: ¿dónde está su experiencia administrando una estructura del tamaño y complejidad de Baja California?
Y Alfredo Álvarez quizá tenga el perfil técnico-administrativo más completo. Su experiencia institucional, jurídica y diplomática es un activo extraordinario. Pero tiene una dificultad electoral: Un currículum no vota.
Y luego está Montserrat Caballero, que introduce otra variable: experiencia ejecutiva y conocimiento de Tijuana, pero también desgaste político y una relación conflictiva con el grupo de Marina del Pilar. Su incorporación al escenario no puede ignorarse, particularmente después de su acercamiento al PT.
Por eso la decisión de Morena debería ser mucho más seria que escoger al que tenga más fotografías, más seguidores o más funcionarios aplaudiéndole.
El próximo gobernador deberá ser, antes que nada, “un administrador competente del conflicto”. Porque Baja California va a necesitar negociar con el Gobierno federal, con Estados Unidos, con empresarios, sindicatos, alcaldes, universidades, agricultores, organismos civiles y una sociedad cada vez más cansada de que la política convierta cualquier desacuerdo en una guerra moral.
Y aquí está la ironía: Morena puede escoger al candidato que mejor represente a Morena.
Pero Baja California necesita al candidato que mejor represente a Baja California. Son cosas muy distintas.
La primera decisión sirve para ganar una elección. La segunda para gobernar. Y frente al futuro incierto de México, con una economía que ofrece menos margen, una relación bilateral más complicada, una seguridad que no admite triunfalismos y una sociedad políticamente dividida, Baja California no necesita otro administrador de la polarización.
Necesita un “constructor de acuerdos”. Alguien que entienda que el agua no es de izquierda ni de derecha; que un empleo industrial no milita en Morena ni en la oposición; que un homicidio no pregunta por quién votó la víctima; que una empresa que decide irse no lee los discursos del gobernador y que Washington no negocia con consignas.
Quizá ésa sea la prueba definitiva para Morena. No quién de sus aspirantes tiene más poder. No quién tiene más padrinos. No quién aparece primero en una encuesta. Sino quién puede demostrar que, llegado el momento, “tendrá la inteligencia, la preparación, la experiencia y la independencia suficientes para poner los intereses de Baja California por encima de los intereses de la facción que lo llevó al poder”.
Porque gobernar Baja California no debería ser el premio mayor de la tómbola política. Es, en las circunstancias que vienen, un problema de alta responsabilidad nacional. Y sería una verdadera tragedia que, después de tanto hablar de transformación, termináramos escogiendo simplemente al mejor solo transformado en candidato.
¿El hombre que necesita Marina?
¿Es Ariel Alejandro Lizárraga Montero el hombre que Marina del Pilar Ávila Olmeda necesita para recuperar el poder, la autoridad y el respeto que parecen haberse extraviado en los pasillos de los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial?
¿Es Ariel Alejandro Lizárraga Montero quien puede poner orden en el gabinete, equilibrar los egos que diariamente chocan, se estorban y compiten por ver quién es más importante que el propio gobierno?
¿Es Ariel Alejandro Lizárraga Montero, finalmente, el operador duro y eficaz que requiere una gobernadora a la que le quedan apenas 13 meses para dejar la gubernatura y que necesita recuperar, cuando menos, una parte de la imagen con la que inició su administración?
La respuesta, por ahora, está en veremos.
Ariel Lizárraga llega a la Coordinación del Gabinete precedido de una reputación que no precisamente se construyó repartiendo flores. Se le atribuyen dureza, capacidad de operación y, si se quiere decir con menos diplomacia, una cierta disposición a hacer lo necesario para conseguir resultados. Hasta la inmoralidad, dirán algunos. Pero efectivo, insistirán otros. Y Marina lo necesita.
Lo necesita porque su gobierno atraviesa una de las peores borrascas de su administración. Su imagen personal, su autoridad política y su capacidad para transmitir control han sufrido golpes que ya no se resuelven con una fotografía sonriente, una transmisión en vivo o una mañanera con preguntas previamente domesticadas.
Lizárraga sabe que la encomienda no será sencilla. Para coordinar un gabinete no basta con convocar reuniones, tomar nota y repartir minutas. Eso lo puede hacer una secretaria particularmente organizada.
Coordinar un gabinete significa imponer prioridades, resolver conflictos, exigir resultados y, cuando sea necesario, recordarles a algunos secretarios y directores que trabajan para el gobierno y no que el gobierno trabaja para ellos.
Pero para conseguirlo necesita algo fundamental: poder.
No poder prestado para la fotografía. Poder real, delegado y respaldado por la gobernadora. De lo contrario, Ariel Lizárraga terminará convertido en un elegante buzón de quejas, un levantador profesional de acuerdos incumplidos o, peor todavía, en un espantapájaros colocado en medio del gabinete para provocar temor sin tener autorización para mover una sola pluma.
Su llegada, por cierto, ya levantó algunas cejas. Especialmente entre funcionarios de primerísimo nivel que durante demasiado tiempo parecieron sentirse no solamente intocables por la gobernadora, sino directamente protegidos por una autoridad todavía más elevada.
¿Ejemplos? Pon…gan ustedes los nombres.
La expectativa es grande porque la necesidad también lo es. Sin embargo, hasta ahora los resultados visibles brillan por su ausencia.
Después de la psicosis provocada por la alerta norteamericana sobre posibles atentados en Mexicali, atribuidos a supuestos integrantes del cártel de Los Rusos contra instalaciones policiacas municipales y estatales, y después de una descafeinada mañanera marinista, la percepción pública es que nada cambió.
Todo sigue igual. Y eso abre dos posibilidades.
La primera: Ariel Lizárraga todavía no asume plenamente las riendas de la Coordinación del Gabinete y requiere tiempo para comenzar a operar.
La segunda es más preocupante: sí llegó, pero no lo van a dejar actuar.
Porque una cosa es contratar a un hombre con fama de mano de hierro y otra muy distinta permitirle cerrar los dedos cuando encuentre resistencias.
Marina del Pilar necesita un coordinador de gabinete, no una figura decorativa. Necesita a alguien que pueda ordenar, corregir, exigir y, llegado el caso, incomodar. Porque un gabinete donde nadie incomoda a nadie suele terminar siendo un gabinete donde nadie responde por nada.
La incógnita, entonces, no es solamente si Ariel Alejandro Lizárraga Montero tiene la capacidad para sacar a flote a Marina del Pilar.
La pregunta verdaderamente importante es otra: ¿Marina del Pilar está dispuesta a dejarlo trabajar?
Porque si al hombre de la mano de hierro le obligan a cambiar el guante por un pétalo de rosa, dentro de algunos meses descubriremos que no llegó un estratega a rescatar el gobierno.
Llegó otro funcionario a aprender a flotar.
Rajones y gandallas
Hay políticos que, cuando descubren que una ley no se cumple, tienen dos opciones: hacerla cumplir o cambiarla.
En Baja California, Juan Manuel Molina García acaba de recordarnos cuál de las dos prefieren algunos.
El pentadiputado, multicachuchas y eterno especialista en encontrarle la cuadratura al círculo legislativo decidió presentar una iniciativa para que partidos y candidatos puedan contratar, prácticamente a voluntad, bardas, espectaculares, carteleras y cuantos espacios encuentren disponibles para inundar las ciudades con propaganda electoral.
¿La razón?
Que la prohibición vigente no funciona. Que nadie la respeta. Y que las sanciones son tan ridículas que no intimidan a nadie. Magnífico.
Es como quitar el límite de velocidad porque los automovilistas no lo respetan y las multas son demasiado pequeñas.
O legalizar el robo porque los ladrones no tienen miedo de ir a la cárcel.
En el mundo de Molina, si la realidad no se ajusta a la ley, no hay que cambiar la realidad. Hay que cambiar la ley. Qué práctico.
Lo verdaderamente curioso es que el diputado parece haber olvidado que detrás de cada espectacular, cada lona, cada barda pintarrajeada y cada cartel con la sonrisa congelada de un candidato hay algo más que contaminación visual. Hay dinero. Mucho dinero.
Y, salvo honrosas excepciones, no precisamente de los bolsillos de quienes aparecen retratados.
Porque los políticos tienen una curiosa relación con su cartera: para las campañas siempre encuentran dinero; para pagarlas de su bolsillo, casi nunca.
Y aquí aparece el detalle que hace particularmente sospechosa la ocurrencia. ¿Quiénes tienen la estructura, los recursos, los gobiernos, los funcionarios, los partidos y la maquinaria electoral suficientes para llenar Baja California de propaganda?
Morena.
¿Y quién lo sabe? Juan Manuel Molina García.
Por supuesto que lo sabe. Por eso resulta difícil creer que la iniciativa sea solamente una respuesta técnica a una ley ineficaz. Porque si las sanciones son ridículas, lo lógico sería hacerlas verdaderamente ejemplares.
¿Dónde está la propuesta para cancelar el registro del partido o candidato que viole sistemáticamente las reglas?
¿Dónde está la sanción que realmente duela?
¿Dónde está el mecanismo para impedir que quien se burla de la ley participe en igualdad de condiciones con quien sí la respeta?
Ahí está el verdadero problema. Eso sí requeriría valor político. Y quizá ahí se acabó el entusiasmo legislativo.
Es mucho más sencillo decir: “Como nadie cumple la ley, permitamos que todos hagan lo que ya hacen”. Genial. Así cualquiera reforma. Primero prohibimos. Después permitimos que se viole. Luego descubrimos que la prohibición fue un fracaso. Y finalmente la eliminamos.
No es incompetencia. Es evolución legislativa.
Mientras tanto, los ciudadanos seguiremos pagando el espectáculo: dinero público convertido en propaganda, ciudades convertidas en escaparates electorales y campañas cada vez más largas, más caras y más invasivas y más, mucho más, sucias en toda la extensión de la palabra. Todo en nombre de la democracia. Qué ironía.
Porque democracia no significa que quien tiene más dinero pueda comprar más bardas, más espectaculares y más visibilidad.
Significa, precisamente, establecer reglas para que quien tiene más dinero no pueda comprar la elección.
Por eso la pregunta incómoda es inevitable: ¿La iniciativa de Molina busca corregir una ley que no funciona o simplemente quitarle obstáculos a quienes tienen más dinero para hacer campaña?
Porque cuando el legislador descubre que el infractor no respeta la ley y su solución consiste en quitarle la prohibición al infractor, ya no estamos hablando de una reforma.
Estamos hablando de otra cosa. Y en política, a esa cosa se le conoce de dos maneras:
rajones y gandallas.
Estatal
Derroche de recursos y acarreo en el 15 aniversario de CATEM
Este sábado se llevó a cabo una concentración organizada por la Confederación Autónoma de Trabajadores y Empleados de México (CATEM), dirigida por el diputado morenista Pedro Haces, para celebrar el 15 aniversario de esa organización sindical en Baja California.
El audiorama de El trompo fue el escenario donde concentraron a miles de personas movilizadas que soportaron 36 grados grados ayudados por las sombrillas y las cachuchas que repartieron a los asistentes, aunque no llenaron el lugar.
En el presídium acompañó a Haces la gobernadora Marina del Pilar Avila Olmeda, de quien dijo “tiene toda su solidaridad, su apoyo y su afecto y el respaldo de todos los trabajadores de CATEM en todo e país, porque es una mujer que tiene las manos limpias”, para quien pidió un aplauso de pie a los asistentes.
Por su parte, la mandataria en sus palabras a los presentes dijo que “aquí se respira la fuerza de los trabajadores que han decidido escribir una historia distinta: la historia de un sindicalismo humanitario, moderno y digno”.
Agregó que cuentan con una fuerza histórica, y que son el músculo territorial del nuevo sindicalismo mexicano.
“Mi querido amigo Pedro Haces Barba: esta siempre será tu casa y es un honor poderte acompañar en este 15 aniversario… me complace profundamente ver cuanto han crecido estos últimos años como federación estatal”, manifestó.
También estaban el presídium el alcalde de Tijuana, Abdiel Gutiérrez; la dirigente estatal Patricia Sosa; el presidente del congreso local, Eligio Valencia; la diputada federal Nancy Sánchez; el diputado Alejandro Lara Arregui; y el exsecretario del Trabajo estatal, Alejandro Arregui, a quien calificó como el “hijo pródigo de Ensenada” y “su gallo”.
El grupo musical la Sonora Santanera se presentó tras terminar los discursos, pero la gente empezó a desocupar el foro para regresar a sus municipios y colonias en alguno de los treinta camiones que esperaban atrás del audiorama.
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