Columna
Algo cada día: Julieta, coordinadora, todavía no candidata
COLUMNA INVITADA/Por Fernando Ruiz del Castillo
Lo que se veía venir, llegó.
Julieta Ramírez Padilla ya es la coordinadora de la pomposamente llamada “Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional” en Baja California. Un nombre larguísimo para una decisión bastante sencilla: Morena ya decidió quién quiere que encabece su proyecto rumbo a la gubernatura de 2027.
Y aquí comienza la primera precisión que conviene hacer, porque en política las palabras también sirven para disfrazar las cosas.
Julieta fue designada. No fue electa por los bajacalifornianos. Y miente quien asegure lo contario.
No obtuvo un solo voto ciudadano para ocupar esa coordinación. No hubo urnas, casillas, boletas ni ciudadanos decidiendo entre Julieta, Ismael Burgueño, Evangelina Moreno, Armando Ayala o cualquiera de los demás aspirantes.
Morena asegura que hubo un proceso interno que incluyó llamadas telefónicas y una encuesta domiciliaria. Perfecto. El problema es que, como suele ocurrir en estos ejercicios de democracia a la morenista, los ciudadanos tenemos que conformarnos con la versión oficial: que hubo encuesta, que ganó y que todos debemos aplaudir.
Los resultados completos, la metodología y los detalles que permitan comprobar cómo se llegó a esa conclusión no están sobre la mesa. Eso no significa que no haya existido una encuesta. Significa algo mucho más elemental: no es una encuesta pública y auditable por los ciudadanos. Y ahí está la diferencia.
Porque una cosa es decir “ganó la encuesta” y otra muy distinta es enseñar la encuesta. En septiembre, por ejemplo, CE Research publicó un estudio en el que Julieta aparecía mejor posicionada que Ismael Burgueño entre los aspirantes de Morena. Es decir, existen mediciones públicas que respaldan su fortaleza dentro del partido.
Pero esas mediciones tampoco convierten una coordinación partidista en una candidatura ni mucho menos en una gubernatura. Eso, por ahora, es otro cuento. Y conviene recordarlo porque en Morena tienen una curiosa habilidad para convertir una decisión de comité en una especie de mandato popular.
Primero se designa al coordinador. Después se le empieza a llamar virtual candidato.
Luego aparece la propaganda. Después las bardas. Más tarde los recorridos. Y cuando alguien pregunta quién autorizó todo aquello, seguramente aparecerá algún militante dispuesto a explicar que todo fue producto de “la voluntad del pueblo”. El pueblo, por cierto, suele enterarse al final.
El dedazo con encuesta
La designación de Julieta también tiene otra lectura. No necesariamente es la continuidad automática de Marina del Pilar. De hecho, puede ser exactamente lo contrario.
Porque una cosa es que Julieta haya sido cercana a la gobernadora —fue su secretaria particular cuando Marina era alcaldesa de Mexicali— y otra que su designación represente hoy la continuidad política de Palacio de Gobierno.
La decisión de Morena muestra que el partido nacional tiene su propia jugada para Baja California. Y eso debería ser suficientemente importante para quienes todavía creen que en los estados se decide todo desde el despacho del gobernador.
No. Al menos esta vez, la señal es otra. Julieta llega con el respaldo de la estructura nacional de Morena y con una posición que, de facto, la coloca en primera línea de la sucesión.
Pero de facto no significa de jure.
Y mucho menos significa que ya esté escrito el nombre que aparecerá en la boleta.
Ahí es donde algunos parecen estar confundiendo el primer capítulo con el final de la novela.
El problema de la frontera
Y hay algo más que no puede ignorarse. Julieta Ramírez tiene 31 años, una carrera política extraordinariamente rápida y una exposición pública que creció a una velocidad todavía mayor.
Pero también llega a esta nueva etapa cargando una circunstancia que difícilmente puede ser ignorada en un estado fronterizo como Baja California: la mirada de Estados Unidos. No es una especulación menor. En septiembre, N+ publicó que autoridades estadounidenses investigan a Julieta desde 2022 y que existe un documento relacionado con un “proffer agreement”, mecanismo mediante el cual una persona puede proporcionar información al Departamento de Justicia.
Dentro de una investigación. N+ reportó que el documento estaba en su poder. Julieta ha negado categóricamente que exista un acuerdo de colaboración en los términos señalados y ha calificado la información como una “farsa” y parte de una guerra sucia.
Es decir: hay una acusación periodística documentada y hay una negación igualmente pública de la señalada. Lo que no existe, al menos públicamente, es una resolución judicial estadounidense que permita presentar esas acusaciones como hechos probados. Y esa distinción es fundamental.
Pero también sería ingenuo pensar que, porque en México se decida no hablar de un asunto, éste desaparece al cruzar la frontera. No funciona así. Mucho menos en Baja California.
Porque Washington no necesita pedir permiso a Morena, al Congreso, al Gobierno del Estado ni a la dirigencia nacional para mirar lo que considere de su interés. Y cuando Estados Unidos pone la lupa sobre alguien, sus conclusiones —sean definitivas, preliminares, correctas o posteriormente descartadas— pueden tener consecuencias políticas.
Eso es una realidad de la vida fronteriza. No una teoría de conspiración. Los archivos no se borran con discursos. Por eso tampoco conviene minimizar el contexto nacional.
El huachicol fiscal, las investigaciones estadounidenses, las operaciones financieras, los presuntos vínculos entre políticos, empresarios y personajes relacionados con actividades criminales, el caso de Sergio Carmona y las distintas investigaciones que han tocado a personajes de varios partidos y gobiernos no son asuntos que desaparezcan porque en México alguien decida cambiarles de nombre.
Y aquí hay que ser particularmente cuidadosos. Una cosa es que existan investigaciones, señalamientos o documentos. Otra, muy diferente, es afirmar que una persona es responsable de un delito. La diferencia debería ser obvia.
Pero en la política mexicana la presunción de inocencia suele ser utilizada selectivamente: sirve cuando protege a los propios y se convierte en papel sanitario cuando se trata de los adversarios.
El problema para Julieta es que su nombre ya está dentro de una conversación que cruza la frontera. Y eso, por sí mismo, significa que su ruta hacia 2027 no será exclusivamente mexicana. Tendrá que responder aquí. Y eventualmente podría tener que responder allá.
Bardas, redes y realidad
Luego está el otro asunto. El de la imagen.
Julieta ha conseguido notoriedad. Eso es indiscutible. Pero notoriedad no siempre significa popularidad y popularidad tampoco equivale automáticamente a respaldo electoral.
Su presencia en redes sociales es enorme. Sus recorridos son constantes. Las bardas aparecieron mucho antes de que Morena reconociera oficialmente la coordinación. El Instituto Estatal Electoral incluso ordenó retirar propaganda relacionada con ella después de una denuncia por presuntos actos anticipados de campaña. Y después están sus videos.
Sus gestos. Sus pleitos. Sus respuestas.
Ese peculiar estilo de comunicación política en el que, a veces, parece importar más demostrar que se tiene la ocurrencia más rápida que construir la respuesta más inteligente. Puede funcionar entre los convencidos. Puede divertir a los seguidores. Puede generar miles de reproducciones. Pero gobernar Baja California es otra cosa.
Aquí no se necesita una “influencer” con fuero político. Se necesita alguien capaz de enfrentar inseguridad, migración, agua, infraestructura, desarrollo económico, aduanas, relación con California, violencia, corrupción, servicios públicos y una lista interminable de problemas que no se resuelven haciendo transmisiones en vivo.
Y hay algo todavía más delicado. Los bajacalifornianos no viven en Twitter, Facebook, TikTok ni en los grupos de WhatsApp de los políticos. Viven en colonias donde falta seguridad.
En calles llenas de baches. En hospitales donde no siempre hay lo que se necesita. En ciudades donde el costo de vivir aumenta. En comunidades donde la delincuencia dejó de ser una noticia para convertirse en parte de la rutina. Y ahí las bardas no votan. Las fotografías con funcionarios tampoco. Mucho menos los aplausos de quienes aspiran a conservar su puesto o conseguir uno mejor.
Los que hoy aplauden
Por eso tampoco hay que confundir el acompañamiento político con respaldo ciudadano. Los mismos que hoy levantan las manos, gritan consignas, organizan caravanas y aseguran que Julieta representa el futuro de Baja California son, en buena medida, quienes viven de la política. No necesariamente todos. Pero sí muchos.
Y tienen una razón bastante sencilla para cuidar el proyecto: la nómina. Porque en política también existe una forma muy peculiar de patriotismo: defender apasionadamente el proyecto que garantiza el salario de uno. Julieta tiene estructura. Tiene partido. Tiene una marca electoral todavía poderosa. Tiene el aparato político de Morena. Tiene programas sociales que han demostrado su peso electoral. Y ahora tiene la coordinación estatal.
Pero todo eso puede convertirse en una enorme burbuja si quienes la rodean terminan convenciéndola de que los aplausos internos representan el sentimiento de los bajacalifornianos. No necesariamente.
Todavía falta mucho
Así que sí: Julieta Ramírez tiene posibilidades reales de convertirse en candidata de Morena al Gobierno de Baja California. Pero la coordinación no es la candidatura y la candidatura no es la gubernatura. Falta muchísimo.
Falta ver qué ocurre con Morena. Falta ver qué sucede con sus adversarios internos.
Falta saber qué hará Marina del Pilar. Falta saber qué hará Ismael Burgueño. Falta conocer qué harán PT, Verde y las oposiciones. Falta ver cómo llegará Morena a 2027.
Y, sobre todo, falta saber qué ocurrirá con todas esas investigaciones, expedientes, acusaciones y documentos que hoy circulan por México y Estados Unidos. Porque los archivos tienen una desagradable costumbre. No siempre desaparecen porque los políticos quieran. A veces simplemente esperan. Esperan a que alguien abra una carpeta. A que un fiscal lea un documento. A que un juez autorice una investigación. A que un periodista consiga una copia.
O a que alguna de esas famosas “oficinitas” que tanto molestan a nuestros políticos decida que llegó el momento de volver a mirar hacia el sur. Y entonces puede ocurrir algo muy incómodo: que aquello que hoy parece una candidatura inevitable termine siendo apenas una coordinación bastante efímera.
Porque en política hay decisiones que parecen definitivas hasta que aparece un dato que nadie tenía en la ecuación. Y en una elección faltan todavía muchos meses. Demasiados, quizá, para quienes ya están repartiendo secretarías.
Julieta llegó. Eso ya nadie lo discute. Llegó a la coordinación por decisión de Morena, con una estructura detrás, con encuestas que públicamente la muestran competitiva y con un partido que ha decidido apostar por ella.
Pero que nadie se equivoque: llegar a la coordinación no significa haber llegado a la gubernatura. Y mucho menos significa que el pueblo haya decidido.
Eso, si acaso, lo sabremos cuando haya boletas, urnas y ciudadanos frente a ellas. Hasta entonces, lo de Julieta es una decisión de partido. Y las decisiones de partido, por más que se adornen con palabras como “defensa”, “transformación”, “soberanía” y “pueblo”, siguen siendo eso: decisiones de partido.
Informe, gira y acarreo
Para sorpresa de nadie, la maquinaria morenista volvió a aflojar la cartera y puso en marcha el viejo, conocido y costoso mecanismo de la movilización política.
Miles de hombres, mujeres, niños, adultos mayores y madres de familia fueron llevados este sábado a Tijuana para escuchar, una vez más, el mensaje de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, presentado como parte de su gira nacional de “rendición de cuentas”.
El detalle es que la rendición de cuentas ya ocurrió. El pasado 1 de septiembre, la presidenta presentó su Segundo Informe de Gobierno. Lo que estamos viendo ahora es una especie de repetición nacional: el mismo mensaje, los mismos logros, las mismas cifras, los mismos aplausos y, naturalmente, las mismas porras.
Porque si algo caracteriza a la Cuarta Transformación es su extraordinaria capacidad para convertir un informe en gira artística. Sólo falta que anuncien la venta de souvenirs.
Tijuana fue este sábado la parada número 24 de una gira denominada “Honestidad y Resultados”. Y seguramente habrá quien explique que llevar el informe a los estados es acercar el gobierno al pueblo. Muy bien.
Pero habría que preguntar cuánto cuesta acercar el gobierno al pueblo cuando para hacerlo hay que mover contingentes, montar escenarios, cerrar calles, desplegar personal, organizar logística y movilizar a miles de personas para escuchar un discurso que ya fue presentado oficialmente.
¿Quién paga? Pues el pueblo, faltaba más. El mismo pueblo al que se le pide austeridad, mientras la clase política disfruta de la abundancia presupuestal para organizar actos multitudinarios que, casualmente, también sirven para medir músculos políticos.
Porque en Tijuana no sólo estuvieron los ciudadanos que acudieron voluntariamente. También aparecieron los de siempre: funcionarios, operadores, aspirantes, suspirantes, legisladores, alcaldes, dirigentes y toda esa fauna política que entiende perfectamente que una fotografía junto a la presidenta puede valer más que cien discursos. Y ahí está el verdadero fondo del asunto.
Más que una rendición de cuentas, estas giras parecen funcionar como una gigantesca revista de la nómina morenista. Todos sonrientes. Todos disciplinados. Todos levantando la mano. Todos convencidos de que los problemas del país pueden esperar, pero la próxima candidatura no.
La gira, además, llega cuando el calendario político ya empieza a oler a 2027. Y en Baja California eso no es un detalle menor. Por eso la movilización tiene un doble propósito: repetirle al ciudadano lo que ya escuchó y recordarle a la clase política quién manda.
No hay nada nuevo bajo el sol de Tijuana.
Sólo una enorme escenografía, miles de asistentes y una pregunta bastante sencilla que nadie parece dispuesto a contestar: ¿Era realmente necesario gastar nuevamente dinero público para repetir un informe que ya fue presentado?
La respuesta oficial seguramente será que se trata de acercar los resultados al pueblo. La respuesta ciudadana podría ser bastante más sencilla: Si los resultados son tan buenos, quizá no necesitan tantos camiones, tantas porras y tantos aplausos para convencer a nadie.
Pero eso sí: mientras haya presupuesto, siempre habrá manera de convertir la rendición de cuentas en campaña permanente. Y todavía le llaman austeridad.
Columna
Abogacía en Riesgo: Hacia un Estado de Alerta Jurídica en BC
COLUMNA INVITADA/Por Guillermo Rivera Millán
La reunión sostenida el 11 de septiembre de 2026 entre el gremio de abogados y las autoridades de Baja California confirma una realidad que ya no puede ocultarse con protocolos, lineamientos o mesas de trabajo: la abogacía local vive un periodo de riesgo extraordinario. Los homicidios de litigantes, las amenazas a familias y la falta de resultados claros en varios casos no son hechos aislados, sino señales de tensiones profundas en el sistema de justicia. Cuando la justicia no funciona adecuadamente, los conflictos dejan de resolverse en tribunales y se trasladan a espacios extrajudiciales donde la presión, el miedo y la violencia sustituyen al derecho.
Desde hace varios años, los asesinatos de abogados en Baja California se han repetido en distintas ciudades y en diversas ramas del litigio. La cifra acumulada en la actual administración, con solo unos cuantos detenidos y la mayoría de los casos sin avances, confirma que no se trata de hechos nuevos ni aislados. Es un patrón sostenido que afecta a penalistas, civilistas, mercantilistas, laboralistas, fiscalistas e inmobiliarios por igual. Si bien las autoridades han señalado avances en algunas investigaciones, la información disponible y la percepción del gremio muestran que la mayoría de los casos continúan sin resultados concluyentes.
Hoy, la justicia enfrenta tensiones estructurales. Los tribunales saturados, la percepción de falta de independencia judicial, la lentitud procesal y los señalamientos de corrupción en trámites han generado un ecosistema donde cada vez más disputas se “arreglan por fuera”. En ese terreno extrajudicial, el riesgo aumenta: actores ilegales y actores oportunistas observan quién puede inclinar la balanza. Aunque cada caso debe investigarse con rigor y sin conclusiones anticipadas, organismos internacionales han documentado que, en contextos donde el sistema de justicia se debilita, redes criminales y estructuras de corrupción pueden aprovechar la fragilidad institucional para influir en conflictos civiles, mercantiles, inmobiliarios y fiscales. Esto no implica que todos los homicidios de abogados estén vinculados a dichos actores, sino que el entorno actual incrementa la vulnerabilidad de quienes participan en litigios donde existen intereses económicos o territoriales relevantes.
A ello se suma un fenómeno reciente: la elección de nuevos jueces por voto popular y un sistema disciplinario judicial que muestra signos de debilidad. Esta observación no cuestiona el mecanismo democrático en sí, sino los retos operativos y de independencia que diversos estudios internacionales han identificado en sistemas donde la judicatura enfrenta presiones electorales. La justicia, ya tensionada, enfrenta presiones adicionales que incrementan la incertidumbre y exponen aún más a los litigantes.
Los colegios que integran la FEDABO mostraron valentía al encarar a las autoridades y exigir un protocolo de protección. Ese gesto debe reconocerse. En un entorno donde muchas facultades de derecho y varios colegios han optado por una postura más prudente frente al poder político, la decisión de quienes sí alzaron la voz merece respeto. Pero también requiere una ruta clara para que su esfuerzo no termine atrapado en una mesa de trabajo sin resultados o en un protocolo que no se traduzca en acciones concretas.
Es importante reconocer que la ciudadanía mantiene críticas legítimas hacia prácticas poco éticas de algunos abogados. Esa realidad existe en Baja California y en todo México. Sin embargo, la protección del gremio no busca eximir conductas indebidas ni blindar a quienes violan la ley; busca garantizar que quienes sí ejercen su profesión con ética puedan hacerlo sin miedo a represalias violentas. La seguridad de los abogados no es un privilegio corporativo: es una condición mínima para que cualquier persona pueda acceder a la justicia cuando la necesite.
Por ello, la abogacía local necesita una ruta seria, ética y con visión. La primera acción debe ser considerar un Estado de Alerta Jurídica para la Abogacía en Baja California, por un periodo definido. La segunda acción es solicitar al Congreso la creación de una Fiscalía Especializada en Crímenes contra Abogados. La tercera corresponde al Poder Judicial: valorar un Tribunal Especializado en Delitos contra Operadores de Justicia. La cuarta es impulsar una Coalición Estatal de Seguridad Jurídica.
Y si las medidas anunciadas no se traducen en resultados verificables, deberá valorarse solicitar acompañamiento técnico internacional, mediante la Relatoría Especial de la ONU, la Oficina del Alto Comisionado o la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.
La ruta está planteada. Lo que sigue es recorrerla con responsabilidad, sin estridencias, pero sin evasiones.
El autor es Director general del despacho De la Peña y Rivera S.C. y Fundador de Justicia que Transforma México A.C.
Columna
Algo cada día: Silencio comprado
COLUMNA INVITADA/Por Fernando Ruiz del Castillo
De nueva cuenta, el nombre de Marina del Pilar Ávila aparece en un audio. Y de nueva cuenta, la respuesta en Baja California parece ser la misma: silencio.
Ahora resulta que Amílcar Olán, el empresario señalado como cercano a Andy y Bobby López Beltrán y vinculado periodísticamente a la llamada red de “El Clan”, asegura en una grabación difundida por Carlos Loret de Mola en Latinus que entregó dinero para la campaña de Marina del Pilar a la gubernatura de Baja California en 2021.
No es poca cosa.
Tampoco significa, por sí solo, que la gobernadora haya cometido un delito. Eso corresponde determinarlo a las autoridades competentes después de investigar. Pero precisamente ahí está el problema: ¿Quién va a investigar?
Porque en Baja California la noticia cayó como piedra en un estanque de aceite.
Salvo algunos medios independientes y las redes sociales, el asunto no provocó precisamente una estampida de periodistas, conductores, columnistas y opinadores preguntando de dónde salió el dinero, cuánto fue, cómo se entregó, quién lo recibió y, sobre todo, si ese dinero fue reportado ante las autoridades electorales.
Nada.
Silencio casi sepulcral. Y uno empieza a entender por qué.
Desde hace años, la Comunicación Social del Gobierno del Estado se ha convertido en mucho más que una oficina para informar a los ciudadanos. Diversos reportes periodísticos han documentado el crecimiento de la publicidad oficial, la concentración de contratos y el papel de Ariel Lizárraga en la estrategia de comunicación del gobierno marinista.
En 2022, por ejemplo, se documentaron contratos publicitarios por más de 97 millones de pesos, frente a una autorización presupuestal de poco más de 39 millones.
Pero seguramente todo es una desafortunada coincidencia.
También debe ser coincidencia que ahora Lizárraga vuelva a tener una presencia cada vez más visible en la operación política y mediática del gobierno.
Y seguramente será otra coincidencia que algunos medios descubran una extraordinaria sordera cuando la información incomoda al poder.
Porque hay una fórmula muy sencilla para controlar la prensa sin necesidad de censurarla: “no hay que cerrar periódicos; basta con abrir la chequera”. Así, el gobierno no necesita decirle a un medio qué publicar.Sólo necesita recordarle quién paga.
Y cuando llega un escándalo como éste, la maquinaria funciona maravillosamente: unos callan, otros minimizan, algunos esperan instrucciones y los más disciplinados seguramente preguntan si ya pueden publicar.
Eso sí: todos pueden presumir de libertad de expresión. Y cada 7 de junio, se toman la foto con el gobernador o la gobernadora en turno, para confirmarlo.
Qué maravilla.
El audio de Olán, además, llega cuando Morena intenta vendernos la idea de que sus campañas son ejemplo de pureza democrática. Pero si lo dicho en la grabación es verdadero, estaríamos ante algo mucho más serio que un simple chisme político.
El propio INE establece reglas sobre el origen de los recursos privados y obliga a transparentar ingresos y gastos de campaña. Además, prohíbe aportaciones de determinadas personas y entidades, entre ellas las personas morales, y exige que el dinero utilizado en campaña pueda ser identificado y fiscalizado.
Por eso la pregunta no debería ser si el audio le gusta o no a Marina del Pilar.
La pregunta es otra:
¿Es cierto que Amílcar Olán entregó dinero para financiar su campaña?
Y si lo fue, ¿cuánto?, ¿por qué vía?, ¿a quién?, ¿quién lo recibió?, ¿cómo se registró?, ¿apareció en la contabilidad electoral?
Y si no fue cierto, entonces la gobernadora tiene una oportunidad magnífica para demostrarlo. Que explique. Que presente documentos. Que pida una investigación. Que abra las cuentas.
Porque si todo es falso, debería ser la primera interesada en demostrarlo.
Pero si la estrategia vuelve a ser la de siempre —negar, minimizar, desacreditar al periodista y esperar a que llegue la siguiente noticia— entonces habrá que preguntarse si el problema no es el audio.
Tal vez el problema sea que ya nos acostumbramos al silencio. Y mientras tanto, en Baja California, el dinero sigue haciendo milagros.
Compra publicidad. Compra silencios. Compra lealtades. Y hasta parece comprar memoria.
Lo único que todavía no puede comprar es que un audio deje de existir. Está publicado. Está circulando.
Y tarde o temprano alguien tendrá que explicar qué hay detrás de él. Porque una cosa es gobernar. Y otra, muy distinta, gobernar creyendo que también se puede administrar la verdad.
Hay problemas, Houston
Haber pospuesto la revelación de quien será —o pretende ser— el coordinador de la Defensa de la Transformación en Baja California, ese largo y rimbombante título que en español sencillo significa precandidato de Morena a la gubernatura, sólo refleja una cosa: Hay problemas, Houston.
Porque cuando una decisión está planchada, amarrada, negociada y palomeada desde arriba, no se pospone. Se anuncia. Se presume. Se festeja. Y hasta se manda imprimir el papel picado. Pero en Baja California algo no termina de cuadrar.
La presidenta Claudia Sheinbaum tenía previsto conocer el resultado de la famosa encuesta para definir al coordinador estatal. Y, de pronto, pausa. Espera. Prudencia. Revisión.
¿Revisión de qué? Ahí está el pequeño detalle.
Puede tratarse, desde luego, de las inconformidades de quienes no resulten favorecidos y que ya estén haciendo cuentas para ver qué posición les toca como premio de consolación.
Porque en Morena nadie pierde realmente: pierde la candidatura, pero gana una senaduría, una alcaldía, una diputación o, cuando menos, algún hueso suficientemente jugoso para mantener viva la revolución.Pero también puede haber algo más delicado.
La honorabilidad, los antecedentes y las relaciones de algunos de los aspirantes podrían estar generando más de un dolor de cabeza en Palacio Nacional. Y si existen dudas sobre la trayectoria o vínculos de alguno de ellos, la presidenta no parece dispuesta a jugarse la elección de 2027 por quedar bien con los grupos locales.
Y ahí es donde la novela se pone interesante. Porque desde Palenque pueden tener favorita. Marina del Pilar puede tener favorito. Los grupos de poder pueden tener su propio favorito. Y cada uno puede hacer sus apuestas.
El problema es que la presidenta es quien tendrá que cargar con el resultado. Por eso, mientras desde el entorno de López Obrador se insiste en que Julieta Ramírez es la carta fuerte, Marina del Pilar sigue empujando a Ismael Burgueño.
Y aquí aparece otra pequeña complicación: la relación política entre Marina y Julieta ya no parece precisamente aquella amistad de fotografía, abrazos y sonrisas que durante tanto tiempo nos vendieron.
La senadora ya demostró que tiene agenda propia.
Y eso, en política, puede ser interpretado de muchas maneras.
Particularmente por quien está a punto de dejar el poder y necesita asegurarse de que quien llegue no tenga demasiadas ganas de revisar cajones, expedientes o cuentas.
Porque ése es el verdadero fondo del asunto.
El candidato a gobernador no sólo será candidato.
Tendrá mano en la designación de alcaldes, diputados locales y federales.
Es decir, quien gane la candidatura tendrá en sus manos buena parte del futuro político de Morena en Baja California. Y por eso todos quieren meter mano. Marina quiere influir. Los grupos de Palacio quieren influir. Los aspirantes quieren asegurar posiciones. Los perdedores quieren cobrar la factura. Y la presidenta quiere evitar que le entreguen una bomba con moño y tarjeta de felicitación.
Así que mientras Morena habla de unidad, transformación y democracia interna, la realidad parece bastante menos poética: están repartiendo el pastel antes de hornearlo y todavía no se ponen de acuerdo sobre quién se queda con el cuchillo. Si todo estuviera resuelto, ya conoceríamos al coordinador.
Y detrás de él, ya estarían formándose las filas para alcaldías, diputaciones federales y locales.
Pero no. La decisión se aplazó. Y cuando Morena aplaza una decisión que presume tener perfectamente controlada, generalmente no es porque estén rezando para que salga el sol.
Es porque todavía están tratando de apagar algún incendio. Y en Baja California, por lo visto, todavía no encuentran al bombero adecuado.
Pero aseguran, eso sí, que ya falta menos para la decisión y que todo es unidad para recibir, con bombo y platillo la próxima visita presidencial. Cueste lo que cueste.
Columna
Matices: Las señales
Ayer se publicó una foto de una reunión con un segmento de los panistas, donde participa la líder estatal del blanquiazul, Lizbeth Mata Lozano, flanqueada por Margarita de Sánchez y por los diputados Alejandrina Corral, Mayola Gaona y Diego Echevarría.
Una imagen vale más que mil palabras, y esa reunión ya hasta se interpretó como el augurio de que la candidatura del PAN a la titularidad del Poder Ejecutivo será para una mujer.
Mientras el partido se llena la boca diciendo que “ciudadanizaba” sus candidaturas, aparece la dirigente en una foto junto a varios azules que por los últimos cinco años se la ha pasado administrando las derrotas y viendo que beneficio personal le saca a los guindas.
Héctor Osuna escribe hoy un largo análisis de cómo no hay bases firmes para decidir géneros en candidaturas a gobernador, y se elige en las cúpulas de Ciudad de México, a 3 mil kilómetros de la realidad bajacaliforniana.
La falta de cuadros y la desesperación del PAN se hizo evidente al hacer una encuesta telefónica exclusivamente para sondear una posible candidatura de Verónica Ruffo, quien acaba de salir a los medios por el asunto de su padre. Se nota que están faltos de candidatos honestos, carismáticos y conocidos, para considerar a una cara nuevísima que tiene asuntos más urgentes que atender.
Por eso quieren también a Gustavo Macalpin, para obtener Mexicali sin tener que invertir mucho en que la gente conozca al candidato, y muchos se pelean una parte del comunicador; todos buscan la migaja que les toque. Tal vez por eso el “ungido” esté muy callado, ya está viendo como juega el PAN y qué tipo de gente le quieran meter con calzador como pago por prestarle las siglas.

En otro asunto, me pasan un interesante análisis de la política tijuanense, que desglosa cómo han cambiado las dinámicas de poder en la coqueta ciudad desde que Morena asumió la presidencia municipal en 2019.
Lo que comenzó como una administración con ciertas reservas y dinámicas tradicionales, hoy se ha convertido en un evidente esquema de favores políticos y colocación de familiares en puestos clave de la estructura gubernamental. Aquí un resumen de las últimas tres administraciones:
“La era de Arturo González Cruz (2019): Las formas contenidas, Al ser el primer gobierno de Morena en la ciudad, existía una fuerte vigilancia pública. Aunque hubo tensiones y cuotas políticas, la estructura central se mantuvo relativamente al margen del nepotismo descarado. No se observaba un hambre voraz por colocar a hermanos, primos o parejas de regidores y secretarios en la nómina pública. Había un respeto mínimo por las formas políticas”.
“El periodo de Montserrat Caballero (2021): El inicio de la mala práctica. Con la llegada de la pasada administración, las reglas no escritas cambiaron. Se abrió la puerta a las redes de influencia familiar, aunque con cierta prudencia estratégica. Los familiares de la alcaldesa y de sus funcionarios de primer nivel comenzaron a poblar el ayuntamiento, pero su alcance estaba limitado. Salvo contadas excepciones que pudieron pasar desapercibidas bajo el radar, la mayoría operaba en mandos medios o jefaturas de departamento, evitando el escándalo de ocupar las altas direcciones”.
“La administración de Ismael Burgueño: El nepotismo sin filtros. En la gestión actual, la práctica no solo continuó, sino que empeoró de forma alarmante. Lo que antes se operaba con disimulo en mandos medios, hoy es una constante en las posiciones más altas del organigrama. Es evidente la enorme cantidad de familiares directos del alcalde, de secretarios y de regidores que ocupan Direcciones, Subdirecciones y Oficialías del Registro Civil. Ya no existe el pudor político; los puestos clave de toma de decisiones se reparten como si fueran un patrimonio familiar o un botín de campaña”.
Y siguiendo ese hilo, nos cuentan que el regidor tijuanense, Ranier Falcón, casi nunca sale a visitar primarias, pero cuando lo hace, qué casualidad que es justamente en donde la directora es Mónica Burgueño Ruiz, quien es hermana de Ismael Burgueño.

Y de nueva cuenta, vuelven a obligar al personal del Congreso a chutarse otro curso de género, cuando recordemos que la diputada Michel Sánchez dijo que los cursos los deberían tomar los empleados de todos los poderes del estado. Le pasamos un tip: en el edificio de enfrente acaban de nombrar Coordinador de Gabinete a un tipo que tiene denuncias por acoso sexual y violación. ¿Por qué no va a promover el curso en el Poder Ejecutivo?
¿Y de qué sirven los cursos si cuando hay denuncias no hacen nada? Ahí está el caso del acosador protegido por Dagoberto Valdez, recién nombrado Secretario de Salud por organizarle porras a Marina del Pilar. El propio caso de la diputada, insultada vilmente por un escritor de columnas, a quien le siguen pagando publicidad como si nada hubiera sucedido.
En el Poder Judicial también hay acosadores, así que quisiéramos ver a funcionarios de primer nivel de esos poderes siendo obligados a asistir a esos cursos.

Y hablando del Poder Judicial, resulta que son de los pocos a quienes no les han concedido el aumento salarial que sí les han otorgado a otros burócratas. Ya han tenido varias reuniones y no llegan a nada, así que se preparan para sacar el hacha de guerra, pues dicen no tener dinero para el 7.2 por ciento de incremento. Si no se avientan un mega puente el lunes, ese podría ser el día que decidan protestar.
A ver si no los marean con el nuevo método de patear el bote que se inventó el gobierno, llamado “mesas de trabajo”. Que los productores agrícolas tomaron la SADER: mesas de trabajo. Que los abogados quieren ver avances en investigaciones de homicidios en el gremio y un protocolo de protección: mesas de trabajo. Que les revocaron las visas a transportistas y tomaron la garita comercial: mesas de trabajo. Que los agricultores no tienen apoyos ni les han pagado el descanso de tierras: mesas de trabajo. Los familiares de desaparecidos se quejan de la atención a ese tema: mesas de trabajo. Es buena salida porque no te niegas a resolver, pero no das soluciones rápidas. Los quejosos son escuchados y los funcionarios pueden decir que se llevan tarea para la próxima mesa de trabajo, y mientras le pueden echar la culpa a los precios internacionales de los cultivos, a los malandros, a los estadounidenses, a la CILA del otro lado, y así hasta que se acabe el sexenio.

Y hay que ir preparando el acarreo y las amenazas para los burócratas de confianza, porque parece que el 19 de este mes viene la presidenta a Baja California.
Finalmente, hacer notar que hoy se llevó a cabo la tercera reunión del Consejo Consultivo del CDEM donde se vieron los avances de proyectos clave para Mexicali como Ciudad del Futuro, Embellecimiento Urbano y Movilidad, en Cetys Universidad.
Participaron la alcaldesa Norma Bustamante, el presidente de Coparmex, el director de la policía y el tesorero municipal, entre otros. Ya solo la sacan a este tipo de eventos cerrados, porque está quedando a deber varias explicaciones. Ha ido pateando el bote con el asunto del Cine Lux, que dijo daría la cara y no ha sido así. Y recientemente con el tema de la adjudicación directa de uniformes de policía y la licitación de uniformes de bomberos a la empresa Probetex, por 20 y 57 millones respectivamente. También al parecer se adquirieron dos unidades blindadas recientemente, como si no hubiera necesidades más apremiantes en la ciudad.

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