Columna
Algo cada día: la política de la persecución imaginaria
COLUMNA INVITADA/Por Fernando Ruiz del Castillo
En la política moderna hay un recurso que nunca pasa de moda: declararse víctima. No importa si se tiene poder, cargo, visibilidad mediática o micrófono abierto; siempre resulta útil insinuar que hay una conspiración en marcha.
Ese parece ser el libreto que decidió activar la senadora Julieta Ramírez Padilla en su reciente conferencia de prensa donde, con gesto serio y tono grave, advierte que existe una campaña en su contra financiada por alguien —misterioso, poderoso, invisible— que busca dañarla.
La escena tiene todos los elementos del género: una denuncia sin nombre propio, una insinuación sin pruebas y un enemigo tan difuso que cualquiera puede ocupar ese papel. Es la estrategia perfecta: cuando el adversario no tiene rostro, tampoco puede defenderse.
Así, cualquier crítica, comentario o cuestionamiento se convierte automáticamente en parte de la conspiración. La política elevada a thriller.
Pero lo más interesante del mensaje no es la denuncia en sí, sino la geografía moral que dibuja.
En su narrativa, los medios de Mexicali aparecen casi como un oasis de profesionalismo y responsabilidad periodística. Un reconocimiento curioso, considerando que la prensa suele ser incómoda para quienes ejercen el poder.
En contraste —aunque sin decirlo explícitamente— el resto del estado queda bajo una sombra de sospecha, especialmente los medios de Tijuana, que al parecer no han entendido aún la virtud de coincidir con el discurso oficial.
Es un viejo truco político: dividir al mensajero. Hay periodistas “responsables” y periodistas “malintencionados”. Los primeros son los que preguntan con suavidad o guardan silencio oportuno; los segundos, los que insisten demasiado.
Y cuando la crítica incomoda, siempre es útil insinuar que detrás hay dinero oscuro, intereses ocultos o manos negras operando en la penumbra.
El momento del mensaje tampoco es casual. La senadora no es una figura marginal dentro de su partido. Forma parte de Morena, hoy la fuerza dominante en la política nacional, y su nombre circula en el tablero rumbo a la sucesión estatal que algún día dejará la gubernatura de Marina del Pilar Ávila Olmeda.
En política, cuando alguien empieza a caminar hacia una candidatura, también comienzan a multiplicarse las narrativas preventivas.
Declararse víctima tiene ventajas tácticas evidentes.
Primero, inmuniza contra futuras críticas: si mañana surge un cuestionamiento, ya estará etiquetado como parte de la campaña.
Segundo, moviliza simpatizantes: nada une más a una base política que la idea de que su figura favorita está siendo atacada por fuerzas oscuras.
Y tercero, envía un mensaje interno dentro del propio partido: “si me atacan es porque voy adelante”.
En realidad, este tipo de discursos rara vez buscan convencer a los escépticos. Su objetivo es otro: reforzar la identidad del grupo propio. Es el equivalente político de encender las alarmas para cerrar filas.
La narrativa de persecución funciona porque transforma cualquier cuestionamiento en prueba de que el sistema está en contra.
El problema de esta estrategia es que, usada con demasiada frecuencia, termina pareciéndose al cuento del lobo. Si todo es conspiración, nada lo es. Y cuando cada crítica se interpreta como ataque financiado, el debate público se vuelve una competencia de agravios donde la evidencia es sustituida por la sospecha.
La política mexicana tiene larga experiencia en este género. Desde el poder o desde la oposición, muchos han descubierto que la victimización puede ser más rentable que la explicación. El político no responde preguntas: denuncia persecuciones. No aclara hechos: señala conspiradores. No debate argumentos: advierte complots.
En ese escenario, el video de la senadora no es un acto de defensa espontánea, sino una pieza de posicionamiento. Un ensayo de precampaña, si se quiere ver con lupa. Porque en política, como en el ajedrez, los movimientos que parecen defensivos suelen ser en realidad jugadas de apertura.
Y al final, queda la pregunta inevitable: si realmente existe una campaña organizada para dañarla, ¿quién la financia?, ¿quién la dirige?, ¿quién se beneficia? Mientras esas respuestas permanezcan en la zona nebulosa de las insinuaciones, la denuncia seguirá siendo más un recurso narrativo que un hecho comprobado.
Pero eso, claro, también forma parte del guion. En la política contemporánea, a veces el enemigo más útil es precisamente el que nadie puede ver.
Fernando Castro Trenti: experiencia no es destino
En política mexicana hay dos tipos de aspirantes: los que llegan por sorpresa y los que nunca se han ido. Fernando Castro Trenti pertenece claramente al segundo grupo. Su trayectoria es tan extensa que parece línea del tiempo institucional: diputado local en Baja California, senador de la República, diputado federal, consejero legislativo en el antiguo Instituto Federal Electoral, embajador en Argentina y después en Suiza y Liechtenstein.
Currículum no le falta. Lo que está por verse es si ese currículum conecta con una ciudadanía que, después de décadas de políticos “experimentados”, empieza a desconfiar precisamente de la experiencia acumulada.
Su reciente campaña digital —con el apodo de “El Diablo” y la promesa de ir contra corruptos— es interesante porque intenta reinventar una imagen. El problema no es el apodo; es el contexto. Cuando alguien ha transitado por casi todos los niveles del poder durante 30 años, la pregunta incómoda no es qué va a hacer ahora, sino por qué no lo hizo antes desde las múltiples posiciones que ya ocupó.
Castro Trenti no es improvisado. Fue un operador legislativo activo, presidió comisiones estratégicas y construyó redes políticas en varios partidos antes de llegar a Morena. También fue candidato a gobernador por el PRI en 2013. Ha sabido sobrevivir a derrotas, cambios de siglas y reacomodos ideológicos. En ese sentido, sí: es un político completo. Pero completo también significa cargado de pasado.
Y el pasado pesa.
Las encuestas recientes en Baja California muestran un panorama frío para su aspiración. No lidera la intención de voto dentro de Morena ni en el electorado general. Tiene reconocimiento —la gente sabe quién es—, pero reconocimiento no es lo mismo que entusiasmo. En política moderna, el voto se mueve más por percepción de frescura, cercanía o identidad que por hoja de servicios.
Aquí entra otro factor clave: Ricardo Monreal Ávila. Diputado federal, operador parlamentario y ahora coordinador regional de Morena en la Primera Circunscripción, donde se juega Baja California rumbo a 2027. Monreal no es un actor menor; es un estratega con peso interno y capacidad de influir en candidaturas.
Y sí, es cercano a Castro Trenti.
¿Eso ayuda? Por supuesto. En Morena —como en cualquier partido— las decisiones no son exclusivamente matemáticas. Hay negociación, equilibrios y padrinazgos políticos. Tener a Monreal como aliado podría significar respaldo en mesas internas, visibilidad nacional y protección en momentos críticos.
Pero también hay riesgos. Monreal es una figura con sus propias tensiones dentro del movimiento. Apostar todo a una relación política puede ser útil… hasta que deja de serlo. En la política mexicana, los apoyos no son vitalicios; son estratégicos.
La pregunta de fondo es otra: ¿quiere Baja California un político con todas las credenciales del sistema o uno que represente ruptura con él? Castro Trenti encarna continuidad institucional, oficio, tablas.
Pero el electorado bajacaliforniano ha demostrado ser volátil, crítico y poco sentimental con las trayectorias largas. Aquí se castiga la desconexión y se premia la narrativa de cambio, incluso dentro del mismo partido.
Si el 2027 fuera una competencia de currículums, Castro Trenti estaría en la final sin despeinarse. Si es una competencia de emociones, percepción pública y olfato ciudadano, el resultado es menos predecible.
Su reto no es demostrar que sabe gobernar —eso lo da por hecho su historia— sino convencer a una generación que no vota por biografías, sino por expectativas. Y en ese terreno, ni el apodo de “El Diablo” ni una amistad influyente bastan.
La experiencia abre puertas.
Pero no siempre gana elecciones.
Columna
Matices: La visita veraniega de Claudia Sheinbaum
Este domingo la presidenta Claudia Sheinbaum cerró las actividades de su gira por Baja California y San Luis Río Colorado, con la inauguración de la Central de Ciclo Combinado González Ortega, en esta capital.
Algo que llamó la atención fue que la gobernadora Marina del Pilar Avila Olmeda recibió pocos y desganados aplausos por parte de los asistentes, integrados mayoritariamente por empleados de la Comisión Federal de Electricidad; legisladores locales y federales, y periodistas.
¿Qué les hizo la gober que le aplaudieron tan poquito? les pregunté a un par de empleados al finalizar el evento. ¿Sí se notó, verdad?, respondieron. A Claudia le aplaudieron más o menos, y el “aplausómetro” se lo llevó la directora general de CFE, Emilia Calleja.
Aparte de la inauguración de la central, hubo un solo anuncio y no muy espectacular: el reemplazo en el corto plazo de 4 mil postes de madera.
Afuera del evento esperaron el paso de la presidenta las madres buscadoras, específicamente el grupo “Madres Unidas y Fuertes”, donde su vocera y fundadora, Irma Leyva, cuestionó las declaraciones de la Fiscalía General del Estado en el sentido de que habían podido realizar todas las muestras de ADN de los restos encontrados en las fosas del predio de Pro Natura, en el poblado Miguel Alemán del Valle de Mexicali.
Hay muchos restos -y soy testigo de ello- en los que resulta imposible poder hacer un perfil genético por el malísimo estado de esos hallazgos, pues recordemos que gran parte de ellos fueron calcinados y muchos se convirtieron en polvo tan solo exponerlos al medio ambiente.
Doña Irma ya tiene la trágica experiencia de que la propia gobernadora le asegurara en llamada desde Europa, que habían encontrado a su hijo, confirmando que fue mediante pruebas de ADN, lo cual resultó falso tras un segundo análisis, así que tiene bases para desconfiar.
Había también afuera del evento, manifestantes contra las Afores, contra los recibos locos y los apagones de la CFE y un entusiasta grupo de admiradoras de la Sheinbaum de la colonia Robledo, que se pusieron a bailar mientras la esperaban.

El diputado federal Armando Samaniego salió muy contento del evento porque logró saludar a la presidenta, y asegura que tiene su respaldo porque “se la rifó” con ella (no como otros legisladores que le apostaron a Adán Augusto… esto no lo dijo, pero lo dio a entender).
Ahí estaban también Rocío López Gorosave, quien ni de chiste se acercó al “corralito” de la prensa, no fuera a ser que le preguntáramos cuál fue la moneda de cambio por la liberación de su hijo.
Acudieron además Jaime Cantón, Juan Manuel Molina, Michel Sánchez, Evelyn Sánchez, Gilberto Herrera Solórzano, por cierto derretido por el calor mexicalense; y el secretario general de gobierno, Juan José Pon.
Así como ayer la gober y la presidenta, acompañados entre otros funcionarios, del secretario de Educación Mario Delgado, acudieron a un evento en la Universidad Xochicalco, muy espichaditos sin anunciarlo ni invitar a la prensa, hoy muy temprano inauguraron unas canchas en la ciudad deportiva.

Lo interesante de esta visita es lo que pasó tras bambalinas, si hubo reuniones privadas, si hubo regaños, si establecieron algunas reglas no escritas sobre comportamientos públicos con miras a las próximas elecciones, etc.
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Algo cada día: ¿A qué vino Claudia?
COLUMNA INVITADA/Por Fernando Ruiz del Castillo
Cada vez que la presidenta Claudia Sheinbaum pisa Baja California, el aparato gubernamental se activa como si se tratara de una visita papal. Se limpian algunas calles, se acomodan funcionarios para la fotografía, se organizan eventos multitudinarios y se repite el ritual de los anuncios grandilocuentes. Esta vez no fue la excepción.
Oficialmente vino a inaugurar algunas obras y a anunciar otras más. Anunciar, por cierto, porque en materia de resultados concretos la cosecha fue más bien modesta. Mucha promesa para el futuro, muchas maquetas verbales, muchos proyectos en etapa de buenas intenciones. Lo de siempre.
Pero la pregunta sigue flotando en el ambiente.¿Realmente vino a eso? Porque Baja California no es cualquier estado. Es uno de los 21 que el próximo año renovarán gubernatura. Y en política las coincidencias existen exactamente lo mismo que los unicornios: en los cuentos.
Resulta difícil creer que la visita presidencial no tiene relación alguna con el proceso sucesorio que ya comenzó, aunque oficialmente nadie quiera reconocerlo. Basta observar el comportamiento de los aspirantes morenistas para entender que la carrera arrancó hace meses y que las reglas impuestas por la dirigencia nacional son vistas como simples sugerencias decorativas. Todos dicen respetarlas.Ninguno las respeta. Todos aparecen encabezando encuestas.Todos se declaran favoritos. Todos aseguran que el pueblo los aclama.Y todos, curiosamente, son víctimas de misteriosos benefactores que les llenan las ciudades de bardas, espectaculares, lonas y campañas digitales sin que ellos sepan quién paga semejante generosidad.
La vieja política del “yo no fui” convertida en doctrina partidista. Es verdaderamente fascinante observar cómo políticos que aspiran a gobernar un estado entero son incapaces de identificar quién pintó cientos de bardas con sus nombres, quién colocó miles de lonas con sus rostros o quién financia campañas permanentes de promoción personal en redes sociales.
La ignorancia selectiva se ha convertido en requisito curricular. Lo más grave no es que violen las reglas. Lo verdaderamente ofensivo es que ni siquiera se molestan en disimularlo. Porque mientras hablan de honestidad, transparencia y transformación, las ciudades terminan convertidas en enormes tablones publicitarios de sus ambiciones personales.
Mexicali, que ya batalla diariamente contra basura, baches, abandono urbano y deterioro visual, ahora también debe soportar una nueva capa de contaminación: la propaganda política disfrazada de espontaneidad ciudadana. Unos más que otros, es cierto. Pero prácticamente todos han encontrado alguna manera de adelantarse.
Y todos lo hacen bajo la cómoda certeza de que no habrá consecuencias. Porque si algo ha quedado demostrado es que las autoridades electorales observan estas prácticas con la misma energía con la que un guardia de museo observa una pared. Sin tocar nada. Sin intervenir. Sin incomodar a nadie.
Por eso resulta ingenuo pensar que la presidenta desconoce lo que ocurre. Claro que lo sabe. Lo saben en Palacio Nacional. Lo saben en Morena. Lo saben los gobiernos estatales. Lo saben los propios aspirantes. La pregunta no es si lo saben. La pregunta es si les importa. Y la respuesta parece evidente.
Si realmente existiera voluntad para poner orden, bastaría una señal política contundente para detener la promoción anticipada. Una sola instrucción. Un mensaje claro. Una consecuencia ejemplar. Pero eso no ocurrirá. Porque el sistema político mexicano tiene una extraordinaria habilidad para combatir las prácticas que realizan sus adversarios y justificar exactamente las mismas cuando benefician a los propios. Antes eran trampas. Ahora son estrategias.Antes eran actos anticipados. Ahora son ejercicios de posicionamiento. Antes eran abusos. Ahora son expresiones ciudadanas.
La semántica siempre encuentra la manera de acomodarse al poder. Por eso es probable que el verdadero propósito de la visita presidencial haya sido mucho más terrenal que la inauguración de obras. Hablar de unidad. Recordar quién toma las decisiones. Pedir disciplina. Evitar fracturas.Y mantener alineados a quienes ya sueñan con despachar desde el Centro de Gobierno. Porque al final del día todos saben cómo termina esta película.
Vendrá el proceso interno. Llegarán las encuestas. Aparecerán los resultados. Y resultará ganador o ganadora quien deba resultar ganador o ganadora. Los demás felicitarán, sonreirán para la fotografía y declararán que la voluntad popular ha hablado con absoluta claridad. Como siempre. Mientras tanto, las bardas seguirán apareciendo. Las lonas seguirán multiplicándose. Los aspirantes seguirán fingiendo sorpresa. Y nosotros seguiremos escuchando que nadie sabe quién las puso.
La única incógnita que permanece sin resolver es si la presidenta vino a inaugurar obras o a supervisar la sucesión. Aunque, siendo honestos, en la política mexicana ambas actividades suelen realizarse en el mismo evento.
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Matices: Los comisionados sindicales
Se voló la barda el dirigente sindical burócrata José Gutiérrez al pedir más de 400 comisionados para su comité. Obviamente la estructura de un sindicato no requiere de tanta gente, y así de caro le saldrá el triunfo sobre Paty Ruiz, porque esas comisiones no son otra cosa más que favores políticos.
Solo del Issstecali se quieren ir al Sindicato 34 personas, entre médicos, enfermeras, secretarias y personal administrativo. Si ya está mal el instituto con el servicio médico, con menos personal, entre los que que están médicos especialistas (recordemos que hay citas para el 2027 con algunos) pues ya podemos imaginar cómo estará con menos personal.
Entre las comisionadas están las queridas de un par de funcionarios, gente de Selene Cota, otros tantos de Dagoberto Valdez y algunos protegidos de Manuel Guerrero. Disfruten lo votado, quienes apoyaron a la planilla azul.

Siguiendo con temas de nepotismo, nos dicen que la diputada Rocío López Gorosave tiene a su consuegra trabajando en el sistema educativo, Alma Leticia Félix Armenta, con plaza base de burocracia y privilegios de alguien con toda la antigüedad, “pues goza de montones de días de vacaciones que quién sabe quién se los autoriza, y entró hace como 2 años”, nos cuentan. Lo bueno es que eran diferentes.
Y hablando de la diputada, muy extraña esa privación ilegal de la libertad de su hijo, y más extraño aun, su regreso y el silencio sobre los detalles de la liberación. De que negociaron con los mañosos, negociaron. ¿Qué pagaron? ¿Qué les concedieron? Seguramente nunca lo sabremos de boca de las autoridades.

En otro tema, mucho ruido ha hecho la declaración de la Fiscal, quien confirmó que su hija cuenta con base sindical en el Sistema Penitenciario, y aclaró que el apoyo gremial se otorgó debido a un “padecimiento emocional”. Quisiéramos saber a cuántas personas les han concedido “el apoyo gremial” por tener un padecimiento emocional.
Laura Elena Madrigal Andrade entró a trabajar el 10 de enero de 2023 y para marzo de 2024 ya tenía base, pero la fiscal rechazó categóricamente que se trate de un caso de nepotismo. La hija funcionaria nunca ha pasado el C3, y también tenemos la duda de a cuántos funcionarios les permiten quedarse sin pasar un control de confianza.

Por último, hablemos de Pedro Ariel Mendívil, quien fue director de la Policía Municipal de Mexicali, y es parte del club de “desvisados”. Entre lo malo de su gestión está la relación de agentes de la corporación con desapariciones, y la protección al “Pitufo” escoltándolo varias unidades a una fiesta dentro de un fraccionamiento privado. Ese al que luego salió Jorge Heras lavándole la carita en una entrevista.
Nos llega información de que Pedro Ariel, a quien la gobernadora se negaba a remover de su cargo, se habría entregado a las autoridades estadounidenses como testigo colaborador a cambio de beneficios legales.
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