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Política

Protege gobernadora a presunto depredador sexual

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Ariel Alejandro Lizárraga Montero, el verdadero poder detrás del trono en comunicación de Gobierno del Estado, tiene dos denuncias de caracter sexual. De las dos ha salido bien librado; una porque la víctima -menor de edad- se retractó. La otra, porque dejaron pasar el tiempo sin que avanzara el caso hasta que pudieron cerrarlo sin acciones punitivas de por medio.

Por Dianeth Pérez Arreola

TERCERA PARTE

El funcionario (inocente hasta que se demuestre lo contrario) cuya situación laboral con Gobierno del Estado se ha mantenido en la opacidad, tiene dos antecedentes relacionados con delitos sexuales en la Fiscalía General del Estado (FGE) de Baja California. Uno por hostigamiento sexual contra una joven de Ensenada en 2011 y otro por abuso sexual a una menor de 12 años en 2012. Ambos expedientes en poder de esta reportera.

Este último documento, el 1141/12/202/AP, con fecha de registro el ocho de agosto de 2012, en la Unidad Orgánica de Delitos Sexuales y Violencia Familiar, en el municipio de Tijuana no está disponible en los registros de la FGE; las autoridades se han encargado de hacerlo inaccesible.

Según la declaración de la madre de la víctima, la tarde del 20 de julio de 2012, relató que tiene cinco hijas. Las cuatro menores producto de su segundo matrimonio y de edades 19, 18, 12 y 10 años. Que conoció a Alberto N porque era taxista y ella era su cliente. Tras cinco meses de conocerse empezaron a vivir en unión libre, junto a las dos menores de 12 y 10 años.

Un día entran al domicilio a detener a Alberto N porque la menor de 12 años había reportado a las autoridades a la pareja de su madre por hacerle tocamientos y haberle tomado fotografías íntimas con su celular.

 La hija de 19 años sostenía una relación de noviazgo con Ariel Lizárraga, y la madre le pide contactarlo pues “como él trabaja en la política, él tenía muchos contactos para poder ayudar a Alberto”.

Cuando Ariel llega a la comandancia, la menor también lo acusa a él de abuso sexual y es detenido e incomunicado por seis horas. La madre de la víctima termina su relato, en el cual menciona que Ariel salió múltiples veces con su hija menor, presentando su formal denuncia en contra de los dos hombres: “es mi deseo que llegue hasta las últimas consecuencias y que pague el responsable por lo que hicieron contra mi hija”.

La menor, en su declaración señala que Alberto N llegó a golpear a su madre, a ella y a su hermana de 18 años. Aunque se fue de la casa, su pareja lo perdonó y regresó. Dice que su padrastro la empezó a ver de manera distinta y narra como una noche se acercó a ella y la empezó a tocar en sus partes íntimas. Después le tomó fotografías con su teléfono.

Un día Alberto olvida el celular en la casa y la menor lo revisa y encuentra las fotos que le había tomado. “No le dije a mi mamá porque le perdí toda la confianza. Yo sabía que si le decía, lo que fuera no me iba a creer. Por tal razón nunca le dije lo que pasó con Ariel”.

Ariel Lizárraga Montero aseguró que la acusación de violación fue un invento.

Sobre eso, relata que a pesar de que su hermana mayor ya no era novia de Ariel, él llamaba a su mamá para que la dejara salir con él. Dice que su madre accedió y él la llevó a un centro comercial muy grande en Rosarito donde le compró mucha ropa, vestidos, zapatos, tenis, pantalones muy pegados y a continuación la llevó a un departamento en ese municipio.

Apunta que los departamentos eran verdes, de dos pisos y había alberca. El interior solo tenía una cama y dos muebles. La instruyó para que le modelara la ropa que le había comprado. “Pero me dijo que me desvistiera delante de él y que modelara cuando me pusiera los vestidos, los cuales estaban muy cortitos, él mientras tanto me tomaba fotos con su celular”.

Aproximadamente un mes más tarde, Ariel llamó a la madre de la menor para pedirle que la dejara salir con él para llevarla a comer. Ella no quería ir y su mamá dijo que invitara a una amiga suya, un año mayor que ella.  Ariel pasó por ellas y las llevó al mismo centro comercial.

A los tres meses Ariel le pidió a su madre la dejara salir con él otra vez. Aunque ella se negó, su madre insistió y le dijo que no lo podía dejar plantado, que invitara a su amiga otra vez. Las llevó a Mundo Divertido y la menor se dio cuenta que Ariel le dio dinero a su amiga para que se comprara un teléfono celular.

Meses después, pide salir de nuevo con la menor. Ella no quiere, pero su madre insiste. Van por la amiga, pero ella tampoco quiere salir con Ariel. Se va sola con él y la lleva directamente a otro departamento también en Rosarito.

Él la instruye para que, si alguien pregunta algo al entrar, diga que es su papá. El departamento era de dos pisos, color crema y también tenía alberca. El interior era color rojo. En la habitación había una cama y él le ordenó que se quitara la ropa y ella dijo que no.

“Él me dijo que si no lo hacía le diría a mi mamá que yo había querido tener relaciones sexuales con él, pero yo le dije que eso era mentira, entonces me dijo que él tenía mucho poder y dinero y con eso mandaría matar a mi hermana (su exnovia) y a mi mamá”, dice la declaración.

A continuación, la menor narra el abuso. Ariel le introdujo los dedos mientras ella lloraba y él le gritaba que se callara. Al recibir una llamada de la madre de la menor, él le pide vestirse. Para que ya no llorara, en el camino le dice que le comprará una computadora, y se dirigen al centro comercial a adquirirla.

Al llegar a la casa, la menor le dice a su madre que ya no quiere vivir con ella y se va a vivir con una de sus hermanas. “Ahora que hablé y que dije la verdad de las cosas, quiero que castiguen a Ariel y a  Alberto por lo que me hicieron, porque no está bien, ellos se lo pueden hacer a otras niñas y yo no quiero porque desde ese día he soñado casi todos los días con Ariel. Sueño que me hace daño, sueño que mata a mi familia… le tengo miedo a Ariel porque trabaja en el PRI y dice que tiene mucho dinero”, dice en su declaración.

La declaración de la amiga coincide plenamente con la de la víctima. Cuenta las salidas a comer, los comentarios incómodos de Ariel y las compras de ropa y del teléfono celular. “La forma en que la miraba era muy extraña, la miraba como maniaco… parecía que la quería violar. A mi me dio mucho miedo y desconfianza, yo nunca más volví a salir con ellos”.

El examen ginecológico arrojó que el himen estaba intacto y que no había lesiones o desgarros. Un médico consultado explicó que hay hímenes elásticos y que la evaluación ginecológica no es ninguna determinante. El dictamen psicológico JZP/PSIC-SEX/30/A04/12 con fecha del 20 de julio de 2012 concluye que la menor sí presenta afectación psicológica.

Tres días después, el día 23, la madre amplía su declaración y dice que sus hijas menores le contaron que ellas inventaron todo. Cambia su versión sobre el número de veces que Ariel salió con la víctima, diciendo que fue solo una ocasión, a pesar de que no solo la de su hija, sino también la versión de la amiga contradice ese dato.

 Su hija mayor, producto de su primer matrimonio, también acude a declarar y se dice la autora intelectual de la mentira. Que ella le pidió a su hermana que mintiera porque Alberto no le caía bien y la criticaba porque su madre la ayudaba con los gastos de su bebé.

Lizárraga Montero asegura en entrevista que todo fue un invento; “una fabricación producto de una infamia”.

La víctima se desdice el día 25 de julio. Tres días después consiguen otra psicóloga quien elabora un nuevo dictamen que concluye que la víctima no presenta características de haber sufrido una experiencia de abuso sexual. Con eso, el examen ginecológico y la retractación, cierran el caso.

La evaluación psicológica ya había determinado que sí había habido daño; el examen ginecológico no es determinante, y la retractación, indican estudios sobre el tema, es una etapa de la denuncia, donde los menores necesitan mayor atención por parte de jueces, fiscales, abogados y todos quienes participan en el sistema de justicia.

“A menos que el niño reciba un apoyo sustancial ante su denuncia, normalmente se retracta. La presión ejercida sobre la víctima por la familia, por el abusador y aún por los profesionales puede abrumar al menor abusado y obligarlo a retractarse. Esto no indica que la víctima mintió acerca del hecho, sino que generalmente es una consecuencia lógica de la intensa presión ejercida sobre ella”, dice una investigación sobre abuso sexual infantil escrita por Romina Monteleone.

Las autoridades concluyen que no hay elementos para fincar responsabilidades ni a Alberto N ni a Lizárraga Montero. El Semanario Zeta publicó evidencias de que salieron pagos desde el Congreso del Estado a nombre de la hermana de la víctima, exnovia de Ariel tras el desistimiento de la menor.

Se pidió en reiteradas ocasiones una entrevista con Fernando Castro Trenti para preguntarle si fueron sus influencias las que libraron a Lizárraga Montero de aquella acusación y de la cárcel, pero no hubo respuesta.

Caso de hostigamiento sexual

Existe otro expediente, el 1838/11/311/AP, por hostigamiento sexual contra Ariel Lizárraga. El acuerdo de radicación menciona la fecha del 15 de marzo de 2011, en Ensenada Baja California. Una joven psicóloga de 22 años reacciona a un anuncio donde solicitaban psicólogas y comunicadoras. Se entera que es para trabajar con Fernando Castro Trenti y que Lizárraga Montero la entrevistaría para ver si obtenía el puesto.

En la entrevista, Ariel le dice que era muy madura para su edad, que grandes estrellas habían llegado a ser quienes son no por ellas solas, sino porque tenían atrás a un hombre que las apoyó y que eran muy válidos los medios que utilizara cada quien para lograr sus metas.

Le da el trabajo a prueba, la envía a un evento y ese día la regaña, la ignora y se molesta si ella hace algo que a él no le parece. Termina la jornada en un restaurante donde pide vino para los dos y continúa amonestándola y minimizando sus capacidades. Le reclama que tenga novio, la obliga a seguir la “jornada laboral” en otra parte, no importando que fuera casi media noche, pues le había advertido que eran horarios pesados.

Post en redes sociales de la joven psicóloga que denunció a Ariel Lizárraga.

“Me dijo que él nunca había conocido una mujer como yo, que cuando me vio sintió algo que nunca había sentido, casi casi estábamos destinados a estar juntos… que con la convivencia entre él y yo se podía dar algo”, narra la víctima en su declaración.

Después de acosarla más tiempo con preguntas y comentarios que la hacían sentirse incómoda y sin saber qué hacer, le dijo que ella no se acostaría con él ni con Castro Trenti. “Me dijo que ni iba a dejar que nadie me hiciera nada, porque yo era de él”.

El dictamen en materia de psicología 328/4PSC/2011 del 7 de noviembre de 2011 indica que la víctima sí presenta afectación psicológica en relación con los hechos referidos. Se le valoró los días 24, 25, 26 y 27 de octubre y el 7 de noviembre mediante diversas pruebas proyectivas.

Mediante el oficio 1989/11/302, con fecha del 9 de noviembre de 2011 se exhorta al agente del ministerio del fuero común de Tijuana, para que gire un citatorio a Ariel Lizárraga y pueda avanzar el caso, pues no se presentaba al desahogo de pruebas.

El 29 de abril de 2014, tres años y cinco meses después de ocurridos los hechos, la agencia del ministerio público investigadora de delitos sexuales y violencia intrafamiliar de Ensenada, declara extinguida la acción penal por haber pasado el tiempo de tres años de conformidad a lo previsto en los artículos 113 fracción I, 114 y 115 del Código del Estado, por lo que sin más cierran el caso sin que Lizárraga Montero se haya presentado a declarar.

El 24 de agosto de 2021 tiene lugar la vista para resolver en definitiva las actuaciones del acta de averiguación previa, determinando que tras nueve años, nueve meses y 16 días, tiene lugar la extinción de la facultad del ejercicio de la pretensión punitiva del estado por transcurso del tiempo, por lo que se cierra el caso sin sanción alguna.

Estatal

Familia Thompson se deslinda de huachicol y señala a Ruffo y Valdez

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A través de un posicionamiento público difundido en redes sociales, Haru Thompson Navarro aseguró que su familia enfrenta una situación “muy difícil” derivada de las investigaciones relacionadas con el caso de presunto huachicol fiscal, en el que recientemente fue detenido su hermano y se giró una orden de aprehensión contra su padre.

En el mensaje, Thompson Navarro señaló que durante años consideró al exgobernador Ernesto Ruffo Appel como “una buena persona”, aunque afirmó que con el tiempo esa percepción cambió. Explicó que fue su padre quien buscó a Ruffo para desarrollar un nuevo proyecto empresarial y que éste los puso en contacto con José Merino Valdez Cuervo. A partir de esa reunión, dijo, se constituyó una empresa a la que posteriormente se incorporó Ruffo Appel como socio.

De acuerdo con su versión, tiempo después su padre y su hermano fueron despojados de sus acciones dentro de la empresa y, además, el objeto social de la compañía fue modificado sin que ellos tuvieran conocimiento de lo que realmente ocurría.

Haru Thompson afirmó que su familia intentó emprender acciones legales; sin embargo, desistieron debido a que el costo económico y el tiempo que implicaba un litigio eran prácticamente inalcanzables.

Agregó que hace dos años, cuando salió a la luz pública el caso del presunto huachicol fiscal, apareció el nombre de INGEMAR, lo que, según dijo, provocó afectaciones a las empresas de su familia y los obligó a realizar un largo proceso para demostrar que no tenían relación con las actividades investigadas.

En el posicionamiento sostuvo que la situación derivó en la detención de su hermano y en una orden de aprehensión contra su padre. Aseguró que ninguno de los integrantes de su familia ha participado en el negocio investigado y expresó su confianza en que el proceso judicial demostrará su inocencia, permitirá la liberación de su hermano y dejará sin efecto la orden de captura contra su padre.

Asimismo, manifestó que desea que la ley se aplique contra quienes resulten responsables, mencionando específicamente a Ernesto Ruffo Appel y José Merino Valdez Cuervo, “si las autoridades determinan que así corresponde”.

Finalmente, recordó que su familia llegó a Ensenada en 1986 y que durante décadas construyó su patrimonio mediante el trabajo y el esfuerzo. Señaló que ese patrimonio se ha visto afectado por decisiones ajenas a ellos y reiteró su confianza en que los hechos terminarán por esclarecerse conforme avancen las investigaciones.

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Columna

Algo cada día: El teatro del absurdo

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COLUMNA INVITADA/Por Fernando Ruiz del Castillo

La política mexicana vuelve a demostrar que, cuando está en problemas, prefiere montar un espectáculo antes que enfrentar la realidad. La detención del exgobernador Ernesto Ruffo Appel, acusado de delincuencia organizada y contrabando, parece menos un acto de justicia que un intento por desviar la atención de otro asunto mucho más delicado.

No hace falta buscar explicaciones complicadas sobre el momento en que ocurrió el arresto. Fue una decisión política mal ejecutada. En Palacio Nacional y entre sus aliados parece haber más preocupación por apagar el escándalo que rodea a la gobernadora Marina del Pilar Ávila que por castigar los presuntos delitos de un exgobernador. Si Ruffo cometió un delito, deberá responder ante los tribunales. Pero el verdadero problema para el gobierno está en otro lado.

Todo apunta a que la detención busca quitar reflectores a los audios filtrados donde, presuntamente, la gobernadora habla de obtener protección e inmunidad a cambio de colaborar con agencias extranjeras. Más allá de quiénes sean sus interlocutores, el asunto de fondo es muy serio. Si un gobernante ofrece información o favores a otro país para protegerse políticamente, el tema deja de ser un simple escándalo y entra en el terreno de la lealtad al Estado mexicano.

Pensar que la opinión pública olvidará ese tema porque detuvieron a un exgobernador de hace décadas es subestimar la inteligencia de los ciudadanos. La maquinaria oficial ha difundido ampliamente la noticia de Ruffo, pero el resultado parece ser el contrario: en lugar de apagar el incendio, ha provocado que más personas vuelvan a mirar hacia Baja California y a preguntarse qué está ocurriendo realmente.

Si el gobierno de Claudia Sheinbaum cree que la justicia puede aplicarse solo cuando conviene políticamente, está corriendo un riesgo muy grande. La vieja estrategia de crear un escándalo para ocultar otro cada vez funciona menos. Hoy la gente tiene más información, compara versiones y saca sus propias conclusiones.

Lo preocupante es que cada vez parece más claro que la Fiscalía actúa con criterios políticos y no únicamente jurídicos. Mientras tanto, los audios que involucran a la gobernadora siguen ahí. No desaparecen con conferencias de prensa ni con detenciones espectaculares.
Al final, el caso Ruffo podría recordarse no por sus implicaciones legales, sino como el intento de un gobierno por desviar la atención de un problema mucho más grave. La pregunta ya no es solamente qué hizo un exgobernador hace años, sino hasta dónde está dispuesto a llegar el poder para proteger a quienes hoy lo representan.

El laberinto del miedo

Si la detención de Ruffo fue una cortina de humo, lo realmente preocupante es preguntarse por qué el gobierno sintió la necesidad de lanzarla. La respuesta parece sencilla: miedo.

No da la impresión de que el oficialismo esté protegiendo a sus integrantes por lealtad o por principios. Lo hace porque teme que, si alguno se siente abandonado, termine colaborando con autoridades extranjeras para protegerse. Cuando eso ocurre, significa que dentro del propio gobierno la confianza empieza a romperse.

La administración de Claudia Sheinbaum enfrenta un problema que va más allá de la oposición. El verdadero riesgo parece estar dentro de su propio movimiento. Cuando un grupo político comienza a desconfiar de sus propios integrantes, las decisiones dejan de tomarse con serenidad y empiezan a responder al temor de perder el control.

En ese contexto, la Fiscalía General de la República del Bienestar da la impresión de actuar más como herramienta política que como una institución dedicada exclusivamente a impartir justicia. Al mismo tiempo, un Poder Judicial del Bienestar cuestionado y debilitado genera la percepción de que existen pocos contrapesos para frenar posibles abusos. Y quien termina pagando las consecuencias es el ciudadano común.

Por eso cada vez más personas depositan su esperanza en instituciones extranjeras. Es una señal muy preocupante para cualquier país. Cuando la gente confía más en autoridades de otro lugar que en las propias, significa que las instituciones nacionales han perdido buena parte de su credibilidad.

Todo indica que veremos más detenciones mediáticas, más conferencias y más intentos por cambiar la conversación pública. Pero esas estrategias difícilmente resolverán el problema de fondo. La confianza no se recupera con propaganda.

La historia demuestra que los gobiernos que actúan desde el miedo suelen cometer sus peores errores. Cuando el objetivo principal deja de ser gobernar y pasa a ser sobrevivir políticamente, las decisiones terminan agravando la crisis.

Hoy la verdadera pregunta no es si el oficialismo logrará contener el desgaste. La duda es cuánto daño institucional dejará antes de que esta crisis llegue a su desenlace.

Antes del desenlace

La decisión de la jueza de vincular a proceso a Ernesto Ruffo Appel y mantenerlo recluido en el penal del Altiplano cambió el tablero político, pero no necesariamente el fondo del problema. A partir de ahora, el gobierno federal puede afirmar que no fue solo la Fiscalía quien actuó, sino también un Poder Judicial que encontró elementos suficientes para continuar el proceso. En términos de comunicación política, Morena consiguió un respiro.

Pero un respiro no es una absolución política. La vinculación a proceso no equivale a una sentencia condenatoria. Significa, simplemente, que existen indicios para llevar el caso a juicio. La verdadera prueba vendrá cuando las evidencias sean sometidas al escrutinio de un tribunal. Ahí terminará la política y comenzará el derecho. O, al menos, eso debería ocurrir, aunque con los jueces del bienestar todo puede ocurrir.

El problema para el oficialismo es que la sospecha sobre el momento elegido para actuar, insisto, no desaparece. La detención ocurrió en plena tormenta provocada por los audios que involucran a la gobernadora Marina del Pilar Ávila. La resolución judicial fortalece la narrativa del gobierno, sí, pero no borra la percepción de que el caso también tuvo una utilidad política: cambiar la conversación pública.

Ahora Morena enfrenta un desafío mucho mayor. Si el expediente contra Ruffo es sólido y concluye con una sentencia sustentada en pruebas contundentes, el gobierno podrá presumir que nadie está por encima de la ley. Pero si el caso se desmorona por errores procesales, pruebas insuficientes o inconsistencias, la historia cambiará por completo. Lo que hoy parece un triunfo podría convertirse en el ejemplo más claro de justicia utilizada como herramienta política.

Y hay otro riesgo que el oficialismo no debería minimizar. Mientras despliega toda la fuerza del Estado contra un exgobernador panista, la opinión pública sigue esperando el mismo rigor frente a los señalamientos que pesan sobre funcionarios del propio movimiento. La justicia pierde credibilidad cuando parece tener calendario político y destinatarios selectivos.

Por eso el caso Ruffo dejó de ser solamente el juicio de un exgobernador. Se convirtió en el juicio de la propia Fiscalía, del nuevo Poder Judicial y del discurso presidencial que promete una justicia pareja para todos.

Al final, la pregunta ya no es si Ernesto Ruffo será declarado culpable o inocente. La verdadera incógnita es si el gobierno podrá demostrar que este proceso responde exclusivamente a la ley y no a la necesidad de sobrevivir a una de las peores crisis políticas que ha enfrentado desde que llegó al poder. Porque una sentencia puede cerrar un expediente, pero solo la imparcialidad puede cerrar la duda.

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Estatal

Dictan prisión preventiva a Ruffo tras kilométrica audiencia

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Luego de una audiencia que se prolongó por más de un día y concluyó este domingo, un juez federal impuso la medida cautelar de prisión preventiva al exgobernador de Baja California, Ernesto “N”, así como a otros siete imputados, por su probable participación en los delitos de delincuencia organizada y contrabando, dentro de una investigación relacionada con un presunto esquema de importación ilegal de hidrocarburos.

La Fiscalía General de la República (FGR) informó que, durante la audiencia inicial, el Ministerio Público Federal adscrito a la Fiscalía Especializada en Materia de Delincuencia Organizada (FEMDO) presentó cerca de un centenar de datos de prueba para sustentar la imputación contra Ernesto “N”, Ricardo “N”, José María “N”, Guillermo “N”, Juan “N”, Luis “N”, Adriana “N” y José “N”.

Tras diversos recesos y un debate que se extendió por más de 24 horas, el juez determinó imponer prisión preventiva a Ernesto “N”, exmandatario bajacaliforniano, así como a Ricardo “N”, José “N”, Juan “N” y Luis “N”, quienes permanecerán internados en el Centro Federal de Readaptación Social (CEFERESO) No. 1 “Altiplano”, ubicado en el Estado de México, mientras continúa el proceso penal.

En tanto, José María “N” y Guillermo “N” enfrentarán el proceso en prisión domiciliaria por motivos de salud, mientras que Adriana “N” permanecerá recluida en el Centro Penitenciario y de Reinserción Social Nezahualcóyotl Sur.

Al concluir la etapa inicial de la audiencia, las defensas de los imputados solicitaron la duplicidad del término constitucional, por lo que será en una audiencia posterior cuando el juez determine si los vincula o no a proceso.

De acuerdo con la FGR, las detenciones fueron resultado de una investigación de alta complejidad desarrollada en coordinación con el Gabinete de Seguridad del Gobierno de México, relacionada con operaciones presuntamente irregulares de importación, distribución y comercialización de productos derivados del petróleo.

La autoridad federal sostiene que la red investigada habría operado mediante un esquema de contrabando de hidrocarburos, consistente en introducir combustible al país con declaraciones falsas o incompletas ante las aduanas, reportando menores volúmenes a los realmente transportados o declarando los cargamentos como productos distintos para evadir el pago de impuestos.

Según la Fiscalía, este tipo de operaciones ocasiona un daño económico al erario y, además, representa una fuente de financiamiento para organizaciones criminales.

La FGR recordó que todas las personas imputadas gozan de la presunción de inocencia y que su responsabilidad penal únicamente podrá determinarse mediante una sentencia condenatoria emitida por la autoridad judicial competente.

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