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Matices: la aviadora del congreso

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Encontramos que Laura Aidé Quiroga Hernández, quien se desempeña como titular de la Unidad de Asuntos Jurídicos del Congreso del Estado de Baja California, contrario a lo que pregona Morena de que con ellos no hay nepotismo, metió a trabajar a su hermana, de nombre Lidia Celina, como asesora y con 400 más de sueldo que la propia titular del jurídico.

La hermana asesora está comisionada, pero nadie sabe en dónde, porque en el Congreso nunca la han visto. Tiene cédula como contador público pero su área de adscripción es la unidad de asuntos jurídicos, o sea que depende de su hermana en el organigrama (como otras dos hermanitas en la Secretaría de Educación).

Y la abogada Laurá Aidé no es cualquier jefa del jurídico, es la primera mujer en ocupar ese cargo, como anunciaba orgullosamente Juan Manuel Molina en 2020.

A ver qué nos dice el diputado Molina como jefe y el diputado Jaime Cantón como responsable de la buena administración de los recursos del congreso.

Las hermanas Quiroga Hernández.

Cambiando de tema, hoy le preguntamos a la alcaldesa Norma Bustamante por la compra de las 18 máquinas extinguidoras de bomberos y 10 ambulancias (que están “guardadas” en el Parque Industrial Nicoya).

Comentó que llevan apenas 15 días de administración y subrayó que no habrá licitación, que será una compra directa.

“Estamos en busca de tres o cuatro proveedores, precisamente por ser compra directa necesitamos eso”, precisó y ya anunció que el monto destinado será de al menos 18 millones de pesos (que era el precio que se pagaría desde un principio por esas 28 unidades).

Bustamante recordó que les han traído unidades de bomberos a revisión mecánica eran literalmente del siglo pasado y que es dfícil conseguir máquinas en buen estado y a precio accesible.

Ahora el tema está en el comité de adquisiciones de Oficialía Mayor, donde analizan proveedores, y ella pide al menos tres “porque al no ser licitación queremos que todo sea transparente”.

Los 18 millones era lo que traían presupuestado pero ya advirtió que seguramente les saldrá más caro, pero esperan darle a los bomberos al menos 16 máquinas porque les prometió equipo. Seguiremos pendiente del tema.

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Matices: Todos contra todos

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Así nos cuentan que están en el gabinete de Marina del Pilar; que las patadas por abajo de la mesa están buenas. Los funcionarios de primer nivel no confían unos en otros, y se saludan por cortesía, no porque tengan ganas de dirigirse la palabra.

Las mañaneras son motivo de tensión, y es curioso que siga una absurda instrucción tolerada y obedecida por Jesús López Romandía y ahora por Nicolle de León, que dejó Alfredo Álvarez, de no dejar entrar a los enlaces de comunicación a esos “ejercicios de rendición de cuentas”, donde tienen que pelearse con el staff de la entrada para estar presente en las entrevistas post-mañanera de sus secretarios, la fiscal o los directores.

Tampoco están invitados para mañana al mediodía, a la celebración del Gobierno del Estado con motivo del Día de la Libertad de Expresión, que caerá en domingo. El plan es sentar a un secretario en cada mesa, y que quien les resuelve -y a veces entorpece- sus asuntos de comunicación, pues que se queden en su casa, nada de trabajar en las relaciones públicas y platicar con los medios.

De las decenas de minions que aparecían en las mañaneras tomando videos desde todos los ángulos posibles, ya solo quedan un par. Han empezado a acomodarlos en diferentes secretarías en la esperanza de que aguanten y sobrevivan el cambio de sexenio.

Y hablando de comunicación y relaciones públicas, la hija del secretario de Salud, Mónica Medina, fue al informe de la senadora Julieta Ramírez. No sabemos si su privilegiado lugar en el público fue por 1: ser hija de Adrián Medina Amarillas, 2: porque iba con su cachucha de influencer porque grabó un video echándole porras a Julieta “Simpatías” Ramírez; 3: porque es la de relaciones públicas (?) de Issstecali; o 4: porque es suplente del diputado Jaime Cantón, quien por cierto lleva dos semanas alejado del ojo público.

Todos los funcionarios están analizando a quién entregan su lealtad con miras al 2027 y ver qué les toca. ¿Julieta, Burgueño, Castro Trenti, Evangelina o Ruiz Uribe? Hay que apostar bien si quieren seguir viviendo del presupuesto. Medina Amarillas parece que quiere ser diputado. Los tiradores a la alcaldía también son varios: Michel Sánchez, Michelle Tejeda, Armando Samaniego, Jaime Cantón.

Otros tienen que hacer favores en espera de una candidatura, como Juan Enrique Villanueva, secretario general de la Sección 2 del SNTE, quien elabora en la imprenta del sindicato cuanto volante de propaganda le pida la gobernadora, porque aspira a una diputación.

Acarreo Fest del 31 de mayo

Aquí vemos al personal del Cobach acudiendo uniformados y en bloque a rendir pleitesía al informe de la presidenta Claudia Sheinbaum el domingo pasado.

El delegado del Centro Histórico de Mexicali, Rubén Chen, no se quiso “engentar” y se consiguió un palco en el acarreo fest del domingo.

El diputado federal Armando Samaniego no alcanzó lugar en el corralito VIP del pasado domingo, y publicó unas fotos desde más atrás.

Aquí el pentadiputado Juan Manuel Molina posando con uno de los dos invitados VIP que no se descubrieron la cabeza durante el Himno Nacional, al finalizar el evento. El otro fue Netza Jáuregui.

La lista

El nuevo oráculo de nuestros tiempos, la inteligencia artificial -ante la pregunta específica-, definió los siguientes personajes como quienes probablemente integrarían la lista de políticos bajacalifornianos en la mira de Estados Unidos: Marina del Pilar, Carlos Torres, Pedro Ariel Mendívil, Armando Ayala, Luis Alfonso Torres, Armando Carrasco, Araceli Brown, Gustavo Santos Hernández, David Cervantes y David Pérez Tejada Padilla.

El tiempo dirá.

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Algo cada día: Temporada de acarreo

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COLUMNA INVITADA/Por Fernando Ruiz del Castillo

Llegó agosto antes de tiempo. No en el calendario, sino en la política mexicana. Comenzó oficialmente la temporada del acarreo, esa vieja tradición nacional que durante décadas fue exhibida como símbolo del autoritarismo, del clientelismo y de la simulación democrática.

Curiosamente, quienes más la condenaban hace apenas ocho años son hoy quienes la practican con mayor entusiasmo, mayores recursos y menor pudor.

Bastó que se acercaran los llamados informes, concentraciones políticas y actos de exaltación gubernamental para que cientos de autobuses, camiones, vans y toda clase de vehículos comunitarios reaparecieran y se multiplicaran en las carreteras de Baja California.

El sábado por la tarde, las calles de Mexicali ofrecieron una postal conocida: caravanas completas con destino al Auditorio del Estado para el informe de la senadora Julieta Ramírez Padilla.

Al mismo tiempo, desde distintos municipios se organizaban contingentes para viajar hacia Tijuana para llenar la Avenida Revolución y celebrar los supuestos logros de la presidenta Claudia Sheinbaum y la llamada Cuarta Transformación.

Nada nuevo bajo el sol. La diferencia es que ahora quienes organizan estos espectáculos juraban ser distintos.

Resulta difícil no recordar aquellos tiempos en que Morena denunciaba con indignación cada autobús contratado por los gobiernos priistas y panistas. Entonces el acarreo era corrupción. Era manipulación. Era una ofensa a la democracia. Era una prueba irrefutable de que el pueblo no acudía por convicción sino por obligación.

Hoy, sin embargo, parece que el acarreo cambió milagrosamente de naturaleza. Ya no es acarreo; ahora le llaman “movilización”. Ya no son operadores políticos; son “promotores de la transformación”. Ya no son beneficiarios presionados; son “ciudadanos comprometidos”. Y ya no son recursos públicos; son, según la narrativa oficial, simples gastos logísticos para acercar al pueblo con sus gobernantes.

No importa que sigan faltando médicos y medicinas, que la inflación siga su curso y que la inseguridad avance por más que se maquillen las cifras oficiales.

La realidad es menos poética.

Miles de beneficiarios de programas sociales son convocados una y otra vez para servir de escenografía humana en eventos diseñados para alimentar proyectos personales. A ellos se suman los burócratas que entienden perfectamente que la invitación de sus superiores tiene mucho de obligatoria y poco de voluntaria.

El mensaje es sencillo: hay que llenar plazas, auditorios y avenidas para que las fotografías luzcan espectaculares y los videos transmitan una fuerza política que muchas veces no existe de manera espontánea.

Porque de eso se trata. No de rendir cuentas. No de informar. No de escuchar a la ciudadanía.
Se trata de producir imágenes.

Imágenes para redes sociales. Imágenes para los noticieros. Imágenes para las futuras campañas.
En teoría, los informes de actividades deberían ser ejercicios de transparencia. En la práctica, se han convertido en actos anticipados de promoción política disfrazados de rendición de cuentas.

Algunos ni siquiera esperan los tiempos establecidos y adelantan sus informes porque las aspiraciones electorales tienen prisa.

Lo verdaderamente indignante es el costo. Cada autobús contratado, cada litro de combustible consumido, cada estructura de movilización desplegada representa dinero que sale directa o indirectamente del bolsillo de los contribuyentes. Recursos públicos utilizados para satisfacer el ego de funcionarios que necesitan auditorios llenos para convencerse de su propia relevancia.

La ironía es brutal.

Los mismos que prometieron acabar con las viejas prácticas del régimen terminaron perfeccionándolas. Los mismos que denunciaban el corporativismo ahora dependen de él. Los mismos que aseguraban que el pueblo acudía libremente a respaldarlos son incapaces de arriesgarse a convocar sin garantizar previamente el transporte, la logística y la presión política necesaria para asegurar el lleno.

El acarreo sigue siendo acarreo, aunque le cambien el nombre. Sigue siendo una deformación de la vida democrática, aunque se envuelva en discursos de transformación. Y sigue siendo una falta de respeto para los ciudadanos, aunque los organizadores se empeñen en presentar cada autobús repleto como una muestra genuina de entusiasmo popular.

La temporada apenas comienza. Y todo indica que veremos muchos más camiones, muchas más plazas llenas y muchas más fotografías cuidadosamente encuadradas. Lo que sigue ausente es precisamente aquello que prometieron traer: una nueva forma de hacer política.

El barril sin fondo del ISSSTECALI

Hay una máxima en las finanzas públicas que la clase política de Baja California insiste en ignorar: no se puede sanar un cuerpo enfermo inyectándole sangre si la hemorragia interna sigue abierta.

El ISSSTECALI se desangra. Con un déficit actuarial que supera la escalofriante cifra de 312 mil millones de pesos, la institución de seguridad social del estado camina directo al abismo, arrastrando consigo la viabilidad financiera de municipios enteros y del propio presupuesto educativo. Pero mientras el barco se hunde, la tripulación en el puente de mando sigue acomodando los sillones.

El reciente e implacable informe del Observatorio Ciudadano de Baja California (OBSERBC) no es un frío legajo de números; es la radiografía de una indolencia burocrática institucionalizada. Es inadmisible que, durante once años consecutivos, bajo el mando de cuatro directores distintos, la introducción de las Cuentas Públicas haya sido copiada y pegada textualmente, cambiando solo la fecha.

Esa inercia del copy-paste no es un simple descuido administrativo; es el reflejo de una apatía profunda, una simulación donde lo importante es cumplir con el trámite burocrático en el Congreso mientras el fondo de pensiones colapsa.

Es aquí donde la mirada se posa, inevitablemente, sobre su actual director, Luis Gilberto Gallego. Al asumir el timón de una institución en quiebra técnica, las prioridades tendrían que ser de una disciplina quirúrgica. Sin embargo, en plena tempestad, el instituto se dio el lujo de diseñar cuatro nuevos departamentos administrativos —Coordinación de Cuenta Pública, Emisiones, Revisiones Administrativas y Sub-recaudación— a un costo de 700 mil pesos anuales cada uno.

Lo grave no es solo el gasto; lo verdaderamente ácido es que estas “jefaturas” se crearon violando la propia norma orgánica, pues no cuentan con personal operativo a su cargo. Son estructuras vacías, jefes sin batallón, creados aparentemente para engordar el aparato estatal o saldar compromisos de escritorio.

Si Luis Gilberto Gallego quiere demostrar un interés genuino y una preocupación real por salvar al ISSSTECALI, tiene que pasar de los lamentos públicos a las cirugías mayores. El verdadero saneamiento financiero no comenzará pidiendo más ampliaciones presupuestales al Gobierno del Estado para tapar el bache del mes; comenzará limpiando la casa por dentro. Urge una reingeniería burocrática que extirpe la grasa administrativa y la opacidad.

¿Dónde está la preocupación del director cuando vemos que los servicios financieros y bancarios se dispararon de un presupuesto de 9.9 millones a 781 millones de pesos ejercidos en un año? ¿Cómo se justifica que más del 70% de las compras de medicamentos ocurran fuera de licitaciones públicas transparentes?

Si hay voluntad política, el director debe ordenar hoy mismo una auditoría de puestos, congelar de manera absoluta las plazas administrativas vacantes y revisar con lupa las Condiciones Generales de Trabajo.

No es justo que los ciudadanos y los trabajadores que sí cotizan subsidien rifas millonarias y bonos discrecionales para una cúpula burocrática atrincherada.

Entrarle en serio al ISSSTECALI exige humanizar el problema. Detrás de las frías gráficas del déficit hay maestros jubilados con nombres y apellidos esperando medicamentos que no llegan y hospitales saturados. Cada peso que se gasta en una jefatura fantasma o en comisiones bancarias opacas es un peso que se le roba a la salud de los derechohabientes.

La moneda está en el aire para Luis Gilberto Gallego. O pasa a la historia como el director que se atrevió a desmantelar los feudos burocráticos y negociar las duras verdades con el sindicato, o se convertirá en un nombre más de la lista de aquellos que prefirieron la comodidad de aplicar el copy-paste mientras el instituto terminaba de quebrar.

Para salvar al ISSSTECALI ya no quedan parches contables; solo queda la valentía de la reingeniería estructural. La burocracia ya no puede seguir devorándose el futuro de Baja California.

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Matices: La erosión de la neutralidad del Estado

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Este sábado es el informe de la senadora morenista por Baja California Julieta Ramírez, exasistente de la gobernadora Marina del Pilar Avila Olmeda y pareja sentimental del secretario del Bienestar estatal, Netza Jáuregui.

El primer informe de la legisladora con cero iniciativas propias aprobadas, se llevó a cabo en 2025 en la explanada de la bandera monumental en Mexicali, un espacio público que se llenó en gran medida gracias al acarreo. Este segundo informe será en el auditorio estatal, un inmueble administrado por el estado y del que ya hemos pedido por escrito las condiciones del préstamo o arrendamiento, en su caso.

El rol legislativo de Julieta es más de defensa, vocería y lealtad a la agenda de la 4T que de autoría de iniciativas emblemáticas (o las que sean). Es común en legisladores de mayorías fuertes: presentan pocas iniciativas individuales y se enfocan en aprobar la agenda presidencial y repetir hasta el cansancio el discurso morenista de manera general pero sin entrar en detalles de personajes o hechos que evidencian la corrupción o los nexos con el crimen organizado de funcionarios guindas.

Este domingo se llevarán a cabo concentraciones en todo el país para la “celebración” de los dos años de Claudia Sheinbaum en el poder. Empleados de confianza de todos los niveles de gobierno y de todas las dependencias, han expresado que se les han dado instrucciones verbales -que no quede huella que no y que no- para acudir con sus propios recursos y de preferencia acompañados, a la concentración en Tijuana a las 8 de la mañana. Esto da pie para analizar los siguientes puntos:

1. Abuso de poder

La burocracia pública -federal, estatal y municipal-, debería servir al Estado mexicano, no al partido en el poder ni a la figura presidencial. Obligar a empleados a asistir a un acto político en su día de descanso es una forma de clientelismo coercitivo que convierte al gobierno en una maquinaria de movilización partidista. Y sí, seguramente dirán que también lo hacían el PRI y el PAN, pero recordemos que ellos dijeron que eran diferentes, y cada año que pasa mientras están en el poder, se desdibuja el argumento del pasado como justificación.

2. El domingo es día de descanso

El domingo es para la familia, el reposo, la religión o simplemente recuperar energías. Forzar a la gente a levantarse temprano, viajar, gastar sus recursos y “aplaudir” en un evento político se traduce como la subordinación de los trabajadores a la celebración del poder; el chantaje de obedecer o perder el trabajo.

3. Simulación de apoyo masivo

Cuando se obliga a los burócratas a movilizarse y se les pide que lleven “acarreados”, lo que se busca no es un diálogo con la ciudadanía, sino fabricar una imagen de fortaleza y apoyo. pero si el apoyo fuera tan amplio y orgánico como se dice, bastaría con invitar voluntariamente. Los verdaderos líderes llenan plazas con apoyo genuino, sin acarreos, sin amenazas.

4. Normalización de prácticas autoritarias

Uno de los riesgos más graves de estos gobiernos con mayoría abrumadora es la tentación totalitaria: usar el control del aparato estatal para perpetuarse. Obligar a empleados públicos a participar en actos de culto a la personalidad (o al movimiento) es un clásico de regímenes que confunden “el pueblo” con “mis seguidores”. Y aunque no es ilegal en sentido estricto, por supuesto es éticamente reprobable y corrosivo para la democracia.

5. ¿Y la oposición?

Hay que decirlo con claridad: este tipo de prácticas no empezaron en 2018 ni en 2024. Hubo acarreados y uso de recursos públicos en sexenios anteriores del PRI y del PAN. Pero eso no justifica nada; ya basta de traer lo malo del pasado para justificar lo malo del presente. La continuidad de malas prácticas no es “transformación”, es reproducción del viejo sistema con nueva retórica.

En conclusión, una presidenta segura de sus logros debería confiar en que la gente acuda por convicción, no por miedo a perder el empleo. Qué verguenza para los gobiernos estatales tener que recurrir a esta estrategia. Cuando el poder necesita demostrar su fuerza obligando a sus propios empleados a aplaudir, es señal de que algo no anda bien.

Lo que está generando acciones como esta, es primero, resentimiento de los burócratas, de base o de confianza, al sentirse moneda de cambio para quedar bien con la presidenta. Segundo, el crecimiento de informantes desde adentro del poder, ante la evidencia de que quienes ostentan el poder no solo no son iguales, sino peores que aquellos a quienes criticaron, al darse cuenta del desaseo de recursos económicos, humanos y materiales que existe en toda oficina gubernamental; y tercero, la pérdida de libertades, la erosión de la democracia y la dificultad de encaminar las cosas a una normalidad en la relación entre gobernantes y gobernados que probablemente nunca ha existido en México.

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